martes, 1 de julio de 2014

sabiduría sin derechos de autor

HAY expresiones populares que utilizamos a diario y cuyo origen se escapa al común de los mortales. No son frases célebres de ilustres filósofos ni científicos de relumbrón que se utilizan para argumentar con ideas ajenas aquello que uno no es capaz de pensar por sí mismo. Es decir, no son lo que algunos llaman la inteligencia de los tontos. Tampoco son adagios latinos que generalmente son de padre y madre conocidos y han sido la historia y la literatura las que los han trasladado hasta nuestros días.
Estos dichos populares están huérfanos de paternidad y ha sido la propia tradición oral la que los ha salvado de caer en el pozo del olvido. A menudo se han utilizado como expresiones locales cómplices entre el vecindario.
Y hay dos de ellos que por su cercanía me parecen de especial interés y me ha resultado curioso conocer su origen. El primero es el nombre popular de La Palanca. Posiblemente muchos de los lectores lo conozcan pero creo que, como yo, a otros muchos les puede resultar una novedad. Según las leyendas urbanas, este curioso “toponímico” que no figura en ningún registro tiene su origen en los palancaneros que trabajaban en las minas de Bilbao. Finalizada su jornada laboral se llevaban su pesada herramienta de hierro hasta la zona de la Calle Cortes, próxima a las minas, y los depositaban en un local mientras se desestresaban y solazaban regando su estómago en buena y lujuriosa compañía. Este hecho, según cuentan, dio origen a uno de los bares de alterne más famosos que ha habido en la zona y que se denominaba La Palanca 34.
La segunda de las expresiones y no menos curiosa es la de “a cascarla a Ampuero”. No se por qué pero siempre he asociado ese nombre con un pueblo de Cantabria sin saber muy bien qué es lo que se cascaba allí. Bueno, pues parece que no se cascaba nada. Por lo visto esa expresión es tan bilbaína que se refiere al pabellón del Hospital de Basurto que lleva ese mismo nombre en recuerdo y homenaje a la familia Ampuero que fue quien donó el dinero para construirlo. La particularidad de la frase radica en que a esa zona del hospital trasladaban a los terminales. O sea, que la iban a cascar.
Pero hace muy poco me enteré de lo que era “ir de picos pardos”. Expresión que todo el mundo entiende sin que nadie sepa lo que significa. Resulta que en la edad media las prostitutas llevaban en la fada un pico de color pardo como distintivo anunciador de sus servicios, para diferenciarse de las de “buena moral”.
Conclusión: la sabiduría popular es sabia y generosa porque crea desinteresadamente comodines para el lenguaje sin cobrar derechos de autor. Y ahora se cobra hasta por respirar sano. Y no es una metáfora.

jueves, 1 de mayo de 2014

"dignidad y valía"

DESESTIMADA señora Oriol. No tengo el disgusto de conocerla, pero he tenido la desgracia de escuchar y leer lo que piensa sobre esos jóvenes sin formación que “no valen para nada” y no son acreedores de que se les pague un salario mínimo interprofesional, porque no producen como para ganárselo. Y además se gastan ese dinero “invitando a las niñas” los fines de semana mientras los jóvenes de su edad que sí estudian no se comen nada.
Dicho esto, ni siquiera me atrevo a preguntarme a mí mismo lo que pensará usted de la Renta de Garantía de Ingresos o de las Ayudas de Emergencia Social. Supongo que será una limosna de la que se puede prescindir. Ya se les dan unas monedillas a la salida de misa los domingos. Porque contra el riesgo de exclusión social quizá quiera rescatar también la “Ley de Vagos y Maleantes”. Entretanto hay un montón de chalados por ahí que piden grandes consensos sobre políticas sociales para evitar la marginalidad.
¡Ah! Es verdad que después ha rectificado diciendo que no utilizó las expresiones adecuadas. Alguien de su entorno ha calculado la dimensión de la boutade y le ha acercado el manual de lo que es políticamente correcto decir ante la prensa. Y hasta ha pedido perdón “reconociendo” que todas “todas las personas tienen dignidad y valía”. ¡Qué traicionero es el lenguaje! Qué mal se comporta a la hora de expresar lo que uno quiere decir, que casi siempre se asemeja a lo que uno piensa.
Pues mire usted, coincido en lo de la “dignidad y la valía”, pero discrepo en lo de “todas las personas”. Creo que su puesta en escena se ha cargado toda su dignidad, que en ningún caso va aparejada al poderío económico. Y en cuanto a su valía, serán sus propios compañeros del Círculo de Empresarios quienes tendrán que evaluarla a la hora de elegir a quien les represente.  Particularmente les aconsejaría trasladarla a la galería de arqueología industrial de cualquier museo, no como representativa de un pasado esplendoroso sino como ejemplo de lo que no hay que repetir.
Señora Oriol, los derechos son los de las personas y sus necesidades, no los del capital y sus intereses. ¿De qué lado está usted?

martes, 1 de abril de 2014

un alquimista social


POCO más que añadir porque todo lo que se ha dicho es cierto. Una personalidad tan poliédrica necesita ser analizada desde muchos puntos de vista para ser comprendida. El poderío intelectual del Alcalde le permitía comunicarse con un lenguaje llano en los barrios y asombrar en los salones más exquisitos haciendo gala de un enciclopedismo selecto y bien traído a cada ocasión. Sin pedantería, con sobriedad en las expresiones y mucho fondo en los contenidos.
Su carácter bipolar, afable con el pueblo e inmisericorde con la osadía del ignorante y la soberbia del altivo, conectaba con la gente porque decía cosas con sentido común, un territorio escaso a pesar de su nombre. Esa personalidad ubicua le daba un campo de juego muy extenso, por encima de credos ideológicos. Tan extenso como se reflejó el lunes 24 de marzo en la catedral de Santiago y en la plaza Nueva.
Nadie se quiso perder su despedida. Porque Iñaki Azkuna sentenció tantas verdades a lo largo de su carrera que se ganó el indulto popular ante algunos de sus excesos verbales.
Todas las personas tenemos una memoria selectiva que poco tiene que ver con nuestros deseos y mucho con las reacciones químicas que nos provocan las situaciones vividas. Iñaki Azkuna provocaba esa química, practicaba una alquimia social que le llevó a la mayoría absoluta y a un reconocimiento internacional reservado a los elegidos, casi nunca a los electos. Pero siempre a base de trabajo y constancia. Seguramente el carácter y el destino tienen ya un ADN que ni uno mismo puede cambiar, pero hay que saber aprovecharlo, sacarle partido y convertirlo en servicio público, en el servicio a los ciudadanos.
Transformó Bilbao, sí, pateando sus calles y barrios, pero sobre todo fraguó la figura de un Alcalde cercano y de un político digno y a la vez ambicioso. Digno por su comportamiento sincero y transparente, y ambicioso para su cuidad, para la prosperidad de una Villa con más de setecientos años que se ha situado en la órbita de las urbes amables, modernas y atractiva para propios y foráneos. Nuestro Alcalde, vivamos o no en Bilbao, se ha ganado el derecho a formar parte de la mitología urbana, de esos personajes que al abandonar su condición de hombres pasan al olimpo de la historia para ser protagonistas de las tradiciones orales que los ciudadanos pasan de una a otra generación.
Algunos pensarán que aún es pronto para tanta loa, pero su trayectoria es larga y extensa y muchos de sus proyectos están por construir. Iñaki Azkuna tiene un hueco en el corazón de sus gentes y sería de justicia que lo tenga también en el nuevo Bilbao urbano.

sábado, 1 de marzo de 2014

un genio humilde

No descubro nada diciendo que ha muerto un genio humilde. El arte que atesoraba y compartía no eclipsó sus orígenes y forma de ser. Nunca dejó de ser el hijo de Lucía la portuguesa. Quizá su talento absorbía hasta su personalidad o quizá su personalidad estaba muy ocupada sirviendo a su talento, sin preocuparse de sí misma. Lo cierto es que genios en la historia hay muy pocos. Son los que marcan un antes y un después en la época que les ha tocado vivir, son los que cambian la ruta ordinaria por la que discurren las cosas y descubren que hay nuevos horizontes creativos, lejos de los catálogos oficiales. Los académicos podrán decir que han perdido la pureza, el corsé de lo que se considera correcto, pero la realidad es que han ganado en libertad creativa, han universalizado un arte dándole una dimensión mayor, y nos han enseñado que todos los límites son franqueables.

Es difícil y osado, por no decir imposible, establecer un ranking entre las artes creativas. Cada una tiene sus seguidores, sus matices, sus creadores y sus momentos. La perspectiva del tiempo suele hacer más justicia sobre la obra en soledad que cuando ésta convive con el autor. Quizá se roben algo de protagonismo el uno a la otra. Pero en la historia siempre ha habido excepciones de convivencia armónica y de simbiosis indivisible, sobre todo en una de esas artes por la que siento especial debilidad: La música. Podemos admirar un cuadro abstrayéndonos de su autor. Pero nunca podemos disociar la obra de Paco de Lucía de su ejecución, de su interpretación, de sus matices. En cierto que la creación es universal, inmortal, y el “creador” efímero. Pero no es menos cierto que en muchos casos, sobre todo en la música, el arte es el propio creador. La obra queda... pero huérfana.

sábado, 1 de febrero de 2014

formas de viajar

ECHO de menos ese espíritu aventurero que hace ya muchos años era el principal estímulo para viajar. Porque conocer nuevos sitios está muy bien, pero ese viaje hacia el interior de uno mismo, tus posibilidades, tus reacciones ante lo desconocido, tu forma de afrontar los retos, de conversar con las gentes y de superar los trances más insospechados, superaba en riqueza la mayor parte de las veces al valor de lo descubierto.
A los hechos me remito. Cuando alguien cuenta sus experiencias aventureras dedica mucho más tiempo a las anécdotas personales y a las situaciones vividas que al marco en el que se desarrollan. Sin desdeñar el marco, desde luego. Pero creo que lo fundamental, al margen del destino, es viajar, vivir, huir de la rutina de uno mismo, reactivar la capacidad de sorpresa que vamos perdiendo y estimular nuestro instinto de supervivencia, aletargado por la planificación minuciosa y el pautado de cada uno de nuestros movimientos. Porque ahora, también al viajar, se lleva organizada hasta la media hora del bocadillo.
También he conocido gente que colecciona viajes. Enriquecen así su hoja de ruta, sus latas de fotos, y van guardando pequeños objetos como los billetes de los transportes públicos o los posavasos más pringosos, hasta sumar un pequeño tesoro de cada lugar. Todo ello bien clasificado y a mano, para poder mostrárselo a todas las visitas, a la mínima que se presente la ocasión. Es como hacer el camino de Santiago buscando más los sellos de los albergues que la mística de la experiencia. Que la tiene.
Antes era todo un enigma. La elección se hacía por cierta complicidad con alguna imagen percibida o la experiencia de algún compañero más adelantado. Ahora existen múltiples plataformas que generan tal inflación de destinos que la simple elección se convierte en una aventura en sí misma. Por eso me abruman los datos que se han publicado estos días sobre la Feria Internacional del Turismo (FITUR): Decenas de ministros… centenares de países… decenas de miles de profesionales… centenares de miles de twits… playas… monumentos… monumentales hoteles… macrofiestas…
¿Dónde está la magia del descubrimiento?
Creo que hay cosas domésticas y laborales que tienen que ser, y deben ser, planificadas. El orden y la organización ayudan sobremanera a facilitar las cosas, y sobre todo a que no se compliquen innecesariamente. Es cuando el tiempo se agota antes de empezar. Es el día a día. Pero hay paréntesis temporales no necesariamente sujetos a esas reglas. Y son las vacaciones. No sólo laborales, también personales y horarias. Por eso me gustan los mochileros.

miércoles, 1 de enero de 2014

más cultura de la tolerancia

HE seguido con cierta zozobra el juicio que se ha celebrado contra una joven pianista condenada por el vecindario y a punto de ser condenada por lo que llaman justicia. Le pedían nada menos que siete años de reclusión por ejercitarse en casa con el instrumento para llegar a ser una buena profesional. Evidentemente ningún estudiante acaba una carrera superior si solo le dedica las horas lectivas contempladas en el itinerario académico. El tesón, la disciplina y el compromiso con ellos mismos les exige un esfuerzo adicional que traza la línea de futuro entre los buenos y los malos profesionales. Pero claro, los que estudian música meten “ruido”.
Esa vista ha mantenido en vilo a cientos de padres de Euskadi, y a miles de vecinos taimados que sopesaban el momento de abalanzarse sobre esa presa que perturba el bullicio humano latente en cualquier vecindario. Porque lo que se dice silencio no es precisamente lo que más abunda en las comunidades.
Todos, estudiantes, padres y vecinos esperaban el desenlace, pero con intereses contrapuestos. Por lo visto se habían agotado las vías del diálogo y la negociación de horarios, y los márgenes de tolerancia habían llegado ya al borde del precipicio, donde sólo queda dar el paso atrás o la caída al vacío. Ni los vecinos pueden cambiar de casa ni los estudiantes van a abandonar una vocación que quieren convertir en profesión. Difícil papeleta para un juez.
El desenlace de esta causa, profusamente difundida por los medios, podía haber desencadenado una cascada de pleitos que pusieran en tela de juicio una de las artes más nobles que ha creado el hombre. Porque hoy por hoy los estudiantes de música no tienen ninguna alternativa para ensayar que no sean los propios centros lectivos en los que las aulas son escasas. A los estudios deben sumarse las habilidades técnicas que exigen de por vida horas y horas de ensayo. Las aulas de cultura de los pueblos vascos tampoco disponen de espacios adecuados.
Los músicos sólo pueden acudir a dar conciertos, pero no a formarse y prepararlos. Curiosamente presumimos de tener una población con una gran cultura musical y una cartelera de conciertos digna de los países más avanzados. Pero los profesionales por lo visto vienen en cartones, como la leche y los huevos en las grandes urbes. A las vacas y a las gallinas, ni se las conoce ni se las espera.
Por ende, existe una Ley del Ruido que establece las franjas horarias y los decibelios que no se pueden ni deben sobrepasar. Me consta que salvo raras excepciones todos los músicos respetan esos márgenes. Pero a los vecinos quisquillosos les generan ansiedad, daños sicológicos irreparables y secuelas síquicas irreversibles. ¿No será que eso lo traen ya del trabajo y de la calle? O a lo mejor a quien hay que aislar es a ellos entre vacas y gallinas para que sepan de dónde vienen la leche y los huevos.
La cultura musical, como todas las artes, tiene mucho que ver con la cultura de la tolerancia.

viernes, 1 de noviembre de 2013

itinerantes de la ciudad y la vida

A estas alturas de la vida hay muy pocas cosas que nos llamen la atención. Los que peinan canas y los que no peinamos ya nada hemos visto muchas primaveras y muchos otoños, y hasta algunos duros inviernos sociales y personales. Pero por muy curados de espanto que estemos siempre queda un hueco a rellenar.
La última encuesta hecha en las tres capitales de la Comunidad Autónoma Vasca sobre gente que vive y pernocta en la calle es uno de esos sobresaltos que uno se echa al zurrón de las sorpresas. Quien más quien menos se ha topado más de una vez con algún indigente reposando en un banco público o ha conocido a los habitantes de los puentes. Pero cuando alguien se toma la molestia de hacer un recuento de las personas que duermen bajo las estrellas, en el mejor de los casos, o bajo la lluvia y el frío, en el peor, nos damos cuenta de que el individuo del banco no es más que una pequeña parte de la multitud.
Casi trescientas personas duermen a la intemperie en nuestras capitales mientras la mayoría nos cobijamos entre edredones de plumas nórdicas en confortables habitaciones caldeadas a nuestro gusto. A veces hasta tenemos nuestras preocupaciones cotidianas y a pesar del microclima que disfrutamos para un reposo placentero, apenas podemos conciliar el sueño. Las facturas, los colegios, las relaciones con el jefe, las notas, los desencuentros con la cuadrila...
Son los pequeños demonios que nos perturban el sueño y nos soliviantan la vida. Después hay otros grandes demonios como la catastrófica situación económica, el desmadre de la política, los grandes desastres naturales o el injusto IVA que se aplica a la cultura, por poner algunos ejemplos. Estos pequeños y grandes diablos son los que ocupan nuestras conversaciones y preocupan a nuestro entorno.
Y en medio de todo eso qué. Por qué dejamos en barbecho el territorio común de la solidaridad. Por qué obviamos un estrato social marginado y nos saltamos ese charco, sin grandes esfuerzos, por miedo a que nos salpique. Por qué lo que llamamos bienestar nos ha fagocitado nuestra condición de seres humanos. ¿Sabemos algo de los pequeños demonios de los sintecho?
Ah! ¿Pero existen? ¿Tienen demonios?
Claro. Y son nuestros vecinos aunque no figuren en el padrón por su condición de itinerantes en la ciudad y en la vida. Es evidente que nada o poco se puede hacer frente a grandes desastres naturales o frente a movimientos macroeconómicos que exceden nuestra capacidad de reacción. Pero hombre... ayudar al vecino... Está claro que somos un país medianamente solidario y que nuestras instituciones ponen los medios para evitar o paliar en la medida de sus posibilidades estas situaciones. Pero el calor humano es otra cosa. Se pueden compartir y combatir pequeños y grandes demonios con nuestros vecinos. Posiblemente el resultado sea más confortable para el espíritu que el mejor edredón nórdico.

martes, 1 de octubre de 2013

necesitamos una epidémia vírica


HAY quien dice que el dinero puede más que la sangre. A mí esa frase me hace evocar la ola de insolidaridad que nos está inundando socialmente y que puede acabar por arrasar los valores sobre los que hemos cimentado nuestra sociedad.
Insolidarios ha habido siempre. Alguien podría decir también lo contrario, y sería cierto. En realidad la gran masa social se ha movido históricamente en tierra de nadie, en una indiferencia alevosa cobijada en las mayorías. Pero la verdad es que en los últimos años se están produciendo migraciones masivas que avanzan inexorablemente desde “tierra de nadie” hacia la militancia en la insolidaridad activa y en muchos casos hacia la xenofobia.
Por no hablar de la “aporofobia” (odio y rechazo al pobre), término no reconocido por la RAE pero acuñado acertadamente por Adela Cortina, toda una autoridad en políticas sociales. Porque ya no son sólo esos grupúsculos fascistoides que están emergiendo en toda Europa. A estos movimientos de canibalismo social se están sumando algunos gobiernos que hasta hace bien poco pasaban por ser ejemplares en el respeto a las personas y por la puesta en marcha de políticas sociales avanzadas. Pero, efectivamente puede más el dinero que la sangre. La ideología solidaria se está transformando en un egoísmo exacerbado: lo mío sólo para mí.
Hace poco vi un anuncio promocional de una cadena de televisión en el que los comportamientos de las personas se iban transformando de forma vírica. Una persona ayudaba a un ciego a cruzar la calle mientras otra observaba con simpatía el gesto. El observador se encontraba con una señora llena de bolsas de la compra y le ayudaba a subirlas a casa, mientras era observado por otra persona que a su vez hacía un gesto similar ante una situación parecida, mientras era observada por otra. Y así sucesivamente.
Ya se que las epidemia están mal vistas pero yo propongo a quien corresponda que se promocionen, se cultiven y se liberen en el ambiente estos “virus solidarios” hasta que sean una plaga imposible de controlar. Creo que sería la mejor vacuna social ante los tiempos que se avecinan y ante las actitudes y egoísmos que no se avecinan porque ya están aquí. No podemos dejar que el dinero nos compre la conciencia y nos chupe la sangre, esa sangre que compartimos todos.

jueves, 1 de agosto de 2013

programación gris marengo

CREO que la oferta cultural del país está más o menos a la altura de las circunstancias en estos meses del solsticio más esperado del año. Bendita época estival en la que nos quitamos la cuadrícula de la vida gris marengo, nos despojamos del traje de rayas laboral y nos volvemos un poco peliculeros californianos en las costumbres.
Pantalón corto, chanclas, cervecitas y anarquía horaria. El sol y el buen tiempo obran milagros en el cuerpo y el espíritu. Es cuando más disfrutamos de nuestro tiempo o simplemente pasamos de el por qué no nos agobian las urgencias horarias. Particularmente soy, desde mi más rebelde adolescencia, un enamorado del blues y del jazz. Y soy de los pocos privilegiados que coincide con su hijo, treinta y cinco años más joven, en los gustos musicales. Mis colegas eran más rockeros pero nunca hubo la más mínima fricción. Cada cual a lo suyo con su cada quien.
Tengo pues unos gustos musicales con cierta raigambre que no son precisamente estacionales. No coinciden con solsticios ni modas, con grupos ni con nuevas tendencias. Forman parte de una cultura que, como todas, necesita casi “el pan nuestro de cada día”. Y si esto es pedir demasiado, al menos una vez a la semana o cada quincena. O si quieren, cada mes.
Admiro la efervescencia musical de estos días, ese concentrado de grupos, lugares y estilos para todo tipo de tribus urbanas, tribus rurales, tribus y hasta lobos solitarios. Pero me resisto un poco a los empachos porque, entre otras cosas, afectan negativamente al páncreas, no permiten degustar con fruición las exquisiteces y no dan tiempo a regurgitar lo escuchado para valorarlo en toda su dimensión. Tenemos festivales de jazz en Getxo, Gasteiz y Donostia, todos ellos con figuras de primera línea mundial. Además de las programaciones de otros pueblos y ciudades.
Todo ello apenas en un mes. Son una sucesión sucesiva de delicatessens que nos desbordan. Salvo los más afortunados, apenas tenemos tiempo ni dinero para satisfacer nuestra melomanía. Yo al menos no puedo estar todo un mes de gira por Euskadi. Y el que puede, los escucha todos. Pero luego que...
Echo de menos una programación más ordenada y escalonada en el tiempo. Particularmente no me importaría, y creo que a nadie, escuchar a Chick Corea y a Paco de Lucía en pleno febrero; ni a Diana Krall en noviembre. Creo que ese placer no está intrínsecamente ligado al verano. No me importaría que convivieran las dos programaciones aunque creo que por la importancia de las figuras serían prácticamente excluyentes. Simplemente por decir algo... Los museos programan exposiciones durante todo el año, la temporada de ópera tiene también su propio calendario, las salas de exposiciones no se abarrotan de obras de arte de diferentes autores.
Cada genio tiene su espacio, su tiempo, su público y su momento de gloria tanto para él como para sus admiradores. No se genera una inflación que acabe por devaluar lo artístico y la mística que genera cada autor en su parroquia. El resto del año también existe y el público es fiel independientemente de la época. Al margen de las programaciones locales, siempre de agradecer, también se necesitan momentos de placer espiritual y musical, con figuras de primera línea, en medio de nuestro periodo gris marengo.

miércoles, 3 de julio de 2013

un "milagro" laborioso

BILBAO ha entrado en la órbita de las ciudades con glamour. Ha pasado de buscar referencias a ser referente. Todavía recuerdo mis primeras escapadas a otras ciudades de Europa. La primera, cómo no, fue a París. Después vinieron sucesivamente Bruselas, Ámsterdam, Berlín... y así hasta lo que se llama cruzar el charco.
Entonces Bilbao era una ciudad gris para los que sólo miraban el paisaje y adquiría personalidad cuando se conocía al paisanaje. La Ría olía mal para los foráneos y tenía un aspecto más que turbio, con habitantes inertes que se mecían hacia arriba y hacia abajo arrastrados por la corriente de la Ría o el empuje de las mareas. En definitiva, a sus orillas lo único vivo que se asomaba eran los anguleros y las angulas despistadas. Todavía no entiendo cómo podían sobrevivir entre tanto detritus humano y desechos químicos. Bilbao no tenía metro, el tranvía había pasado a mejor vida y el sustento industrial sobre el que había palpitado la vida de la Villa había entrado en un estado de corrosión irreversible.
En medio de este paisaje, esa primera salida a París fue como una revelación. Me llamó la atención el metro que circulaba bajo tierra y te conectaba con una y otra punta de la capital francesa. Pero sobre todo me maravillo la convivencia de su sabor a cultura con un estilo urbano, moderno, cosmopolita. Me gustó la vida que transmitían sus calles. La luz y el color, el mestizaje armónico entre lugares, lenguas y personas.
He vuelto en muchas ocasiones, la última el pasado verano. En todo este tiempo también he podido viajar a otras capitales y a la vuelta siempre siento el “milagro” laborioso de la transformación de Bilbao. Una especie de síndrome de Stendhal autóctono.
Ahora comparo todos esos sitios con nuestra Villa y me descubro a mí mismo que el ambiente cosmopolita de las calles de esas ciudades ya no me sorprende, sus metros necesitan un lavado de imagen y su luz no es más luminosa que la de Bilbao, ni sus ríos más limpios que nuestra Ría. Siento ráfagas de chauvinismo.
La Cumbre de Alcaldes me ha hecho reflexionar de nuevo. Alcaldes de 57 ciudades punteras de todo el mundo han examinado la transformación de Bilbao. La delegación asiática se interesaba por el préstamo de bicis; el alcalde de Houston estaba impresionado por los jardines. Todos han visto una ciudad vivible, sin prisas, cómoda, limpia. Solo espero que dentro de 15 años, si alguno de estos dirigentes vuelve a la capital siga teniendo cosas que aprender y que Bilbao se siga reinventando, con el espíritu de su paisanaje, ese que nunca ha sido gris. Bilbao ha hecho cumbre de dirigentes mundiales, pero no ha tocado techo. 

domingo, 2 de junio de 2013

espacios de libertad

CADA vez estamos más dotados de artilugios de última generación para comunicarnos entre noso- tros. Valoramos mucho la tecnología y muy poco los contenidos. Telegrafiamos las relaciones in- terpersonales para quedar, y bana- lizar los contenidos, porque no nos miramos a los ojos, no perci- bimos los matices del lenguaje ni las inflexiones de la voz. Ni si- quiera intuimos los movimientos de nuestro cuerpo, nuestras manos, el efecto reflejo en la cara de lo que sentimos... ese lenguaje gestual tan mediterráneo que aporta el valor de la estética y el sentimiento de la expresión. Movemos los pulgares a velocidad de vértigo mientras vemos la televisión, mientras hablamos con otra persona viajando en el metro, cuando vamos a caminar en nuestro tiempo libre para relajar nuestro cuerpo y nuestra vida. No hay reposo. La vida se nos escapa por los dedos. Y seguimos dándole a la tecla. La comunicación ha trascendido la proximidad para instalarse en la tecnología. Hemos hecho de la necesidad personal y de la oportunidad tecnológica el sucedáneo de lo genuino. La forma de comunicación inventada para aproximarnos es la que ha marcado la distancia entre nosotros. Necesitamos espacios de libertad, espacios de soledad donde poder comunicarnos. Necesitamos huir de las barreras de la convivencia, recuperar lo rural de nuestra existencia para mejorar nuestra convivencia civilizada. Estamos permanentemente sometidos a una tormenta de estímulos profesionales, a una intromisión en nuestro yo de buenas intenciones personales y al escudriño y escrutinio de todos los que nos rodean, sean a no conocidos. Todos y cada uno somos un escaparate no deseado para todos demás. ¿Quién no añora de vez en cuando un poco de soledad para sentirse acompañado? Yo creo que es una necesidad... cuando menos intermitente. No deseable cuando nos envuelve y absorbe pero deseada cuando la capa de ozono social agobia nuestro espíritu recalentado por el día a día. Creo que es bueno avanzar en la comunicación, en las tecnologías, para facilitar las relaciones interpersonales y en la metodología para romper las distancias físicas. Pero creo que todo eso no es un buen sustitutivo del tu a tu, o del bis a bis como se dice en términos carcelarios. Por eso creo en las fórmulas intermedias. He leído que un equipo italiano de urbanistas están trabajando en un proyecto llamado cabinas del silencio en la ciudad. Los padres de la idea son Francisco Suárez y Domenico di Sienna. Tratan de rescatar las cabinas de teléfonos antiguas, las de toda la vida que ya nadie usa, y apenas existen, para reconvertirlas en islas del silencio entre la muchedumbre. Yo seré usuario preferencial. Es una forma de encontrarnos a nosotros mismos en medio de todo el mundo.

lunes, 1 de abril de 2013

hurtos famélicos

ME retracto. Retomo esta columna donde la dejé hace un año y algunos meses. Entonces hablaba de los pobres de la abundancia. Las personas más necesitadas entonces, cuando todavía la crisis no se había manifestado en toda su virulencia, no carecían de lo imprescindible para vivir. Comida y ropa no faltaba. Los juguetes no se recogían en las iglesias y los ladrones eran de guante blanco. Pero, desafortunadamente, las cosas han cambiado para mal. Volvemos a los hurtos famélicos, a los de los pobres de solemnidad. En algunos supermercados han contratado guardas de seguridad para controlar a las amas de casa que aprovechan los despistes de las cajeras para llevarse un pollo escondido bajo el brazo o una bandeja de lomo. Son nuevos necesitados. En muchos casos inexpertos, aprendiendo el oficio de la supervivencia familiar a través de lo ajeno. Pero esta necesidad no les hace más comprendidos a los ojos de la víctima porque tampoco en su sector las cosas van bien. Son un índice más de la crisis. A veces, parecen escenas de posguerra, más por lo esperpentico de la situación que por el hurto en sí mismo. Fue el caso reciente de Maribel. Acababa de abrir la panadería cuando entró un hombre que, tras un pequeño forcejeo, logró inmovilizarla. Con ella maniatada en la trastienda y una caja registradora que se le resistía, el atracador se vio sorprendido por varios clientes que, ajenos a la situación, le confundieron con un nuevo dependiente. Para no levantar sospechas y haciendo gala de una versatilidad a prueba de sorpresas, llego a atender a varios de ellos. “Según le pagábamos el pan se guardaba el dinero”, llegó a contar una de las clientas, atendida por el ladrón. Y estuvo allí un buen rato ejerciendo de tendero hasta que hubo un lapsus de clientes y pudo huir con un ordenador y el bolso de la panadera. Eso sí, el ladrón acabó la faena adentrandose en la trastienda y, con un signo de arrepentimiento no consumado, dio un abrazo a la víctima, como agravio a la ofensa que le había hecho. Menos gracioso pero más patético fue el caso de una madre de familia que fue sorprendida cuando se llevaba una bandeja de pollo para dar de comer a sus hijos. Hace años la policía a estos robos lo llamaba “famélicos” respondiendo como su propio nombre indica a ladrones de las necesidades primarias. Así las cosas no es de extrañar que estén creciendo los negocios de los arreglos que lo mismo reparan un coche que una aspiradora o un pantalón. O que cada vez más gente se esté desprendiendo del oro que tenía en casa para poder llegar a fin de mes. Para la víctima no cabe duda de que el robo le duele lo mismo pero no se puede negar que son “ladrones” con alma. Al menos, algunos.

lunes, 4 de febrero de 2013

una "rara avis" en el tumulto

NO sé si ha sido siempre así y no nos enterábamos, o por el contrario estamos asistiendo a un renacer de la novela picaresca basada en hechos reales. Sin duda, es el género literario que más abunda en toda la prensa. La cosa es que todo lo que aflora últimamente tiene un claro sesgo negativo. Los parados de ahora están parados de verdad. No como antes cuando el subsidio del paro era parte de las rentas que generaba el pluriempleo. El “chorizo” clásico ya no se lucra escatimando los decimales de la contabilidad. Mete la mano directamente en la caja, eso sí, en la “B”, y se lleva dos docenas de millones a Suiza. Los banqueros se creen que el dinero del rescate es, también, solo para ellos. Otros, no todos, se dedican al trasiego de la pasta de los ciudadanos a las instituciones y de estas de nuevo a los ciudadanos amigos. Por algo se llama Levante la zona genuina de todo este chanchullo en el que se mezclan sangre azul y roja, como en una novela rosa. Todo el que puede busca la trampa, legal o ilegal, la cosa es que no te pillen, para pagar lo menos posible a Hacienda. El tendero, si puede, te mete entre el kilo de naranjas una de dudosa reputación. Y así sucesivamente. La corrosión ha calado hasta las entrañas del sistema. En cualquier sitio que se rasque salta un escándalo de corrupción. Lo último y más interesante de lo que he tenido conocimiento es el caso de una alcaldesa, de esa coalición de nuevo advenimiento a la democracia, que quiere financiar el programa de fiestas y esta ofertando a comercios, empresas, hostelería y demás negocios de su pueblo la inclusión de publicidad en el folleto. Lo curioso es que les da la opción de pagar con o sin IVA. Seguramente sera un posicionamiento politico razonado con el fin ultimo de la construccion nacional. Pero alguien ha destapado el chanchullo y los comerciantes se han escandalizado porque ahora se verán obligados a pagar con IVA. En fin... Menos mal que entre todo este tumulto tumultuoso, donde cada vez que uno ve un “brote verde” va otro y se lo fuma, subsiste una rara avis. Un tal Azkuna. Un tipo que habla claro y gestiona transparente. Con eficacia, por si fuera poco lo anterior. Y además no le pasa como a Gorbachov, que le reconocían en el mundo mundial y le odiaban en su pueblo. Fíjense si a este se le reconoce que le han hecho alcalde, el mejor del mundo, como corresponde a Bilbao. Alcalde, Dios guarde a usted muchos años.

jueves, 3 de enero de 2013

el "recurso" como diálogo

ÚLTIMAMENTE la política, perdón algunos políticos, tienen una tendencia preocupante a judiciali- zar actuaciones propias del ejercicio de esta actividad para avalar legalmente sus decisiones. Que yo recuerde, y es así como se han forjado los grandes acuerdos y hasta acordado las desavenencias, antes las discrepancias pasaban previamente por la vía del diálogo, la negociación, la diplomacia y el ta- lento de los protagonistas antes de llegar a esa señora con los ojos tapados que empuña una balanza de antiguo tendero para sopesar los argumentos de cada cual. Se han eliminado del comportamiento de algunos políticos esos pasos previos, aunque fuesen de baile de salón, que desbrozaban muchos senderos para poder llegar al claro del bosque. Quizá por las necesidades inmediatas que nos agobian o porque no hay argumentos para negociar. La cosa es que amparados en las grandes urgencias, como si el mundo se fuera a acabar al día siguiente, cada uno va a lo suyo y que decida la Justicia, que como es lenta y juega a la gallinita ciega, a lo mejor no me quita lo “bailao”. Igual ahora, desenmascarado el error predictivo de los mayas, se lo tomen con más sosiego. Las consecuencias de este “modus operandi” vienen a ser algo así como que la acción política está permanentemente en manos de los jueces. El Tribunal Constitucional tiene en cartera en estos momentos decenas de recursos pendientes de resolución. Y no son baladíes ni responden a teorías filosóficas con las que nos jugamos el criterio pero no el cocido. Son recursos sobre Sanidad, Educación, Reforma Laboral, Pensiones, Competencias entre administraciones... Y así “hasta el infinito y más allá”. Y entre todos estos, aunque en otros niveles, hay recursos que hacen sonrojar a cualquiera. El último ha tenido como escenario el Ayuntamiento de Basauri. El equipo que ha perdido el poder en las últimas elecciones municipales ha presentado un recurso contra los actuales rectores porque les han desalojado del despacho destinado al Gobierno. El argumento inicial les acusaba de “violación domiciliaria”. “¡Manda güevos!” A los jueces parece que ya les toca hacer de todo. No me extraña que Gallardón se haya inventado la “tasa judicial”. Las arcas de Hacienda, además de sangrar a los ciudadanos, van a recuperar mucha pasta de la que sueltan sólo por los recursos entre administra- ciones. A falta de diálogo ¡toma recurso!

sábado, 3 de noviembre de 2012

democracia distributiva

EN los últimos dos meses llevamos ya tres procesos electorales autonómicos, ademas de las ge- nerales que se celebraron hace un año con una participacion de casi veinticinco millones de personas, al margen de cual fuera su sentido del voto. Y así sucesivamente durante unas cuantas legislaturas. Parece la esencia de la democracia participativa, la fidelidad al espíritu de un hombre un voto. Lo que no entiendo es que el resultado de la suma de todas esas voluntades, aunque sean contrapuestas, no se aproxime ni por casualidad a la intención de los votantes. Porque es evidente que nadie esta de acuerdo con lo que esta pasando. Ni los ciudadanos que votan, ni los políticos que administran a los ciudadanos, ni los banqueros que administran a los políticos y saquean el presente y el futuro de los ciudadanos. Es decir, no está de acuerdo ni Dios. Perdón...ni la Iglesia. Bueno, quizá algún perverso social y ese ectoplasma que llaman finanzas, que no tiene rostro ni alma, pero si un apetito voraz. ¿Que sucede entonces desde que se inicia el ritual de la democracia participativa para que cada voto unido a los demas acaben en un archivo corrupto que aborte el fin ultimo de la justicia distributiva? Debe ser un proceso de alquimia muy sofisticado y complejo porque realmente no lo entiende nadie. ¿Que queda en todo esto de aquella forma de gobierno qie inventaron los griegos clasicos, porque los de ahora no estan para inventos, y que tuvo su perfeccionamiento en la era moderna al añadirle los principios de libertad, igualdad y fraternidad? Lo que más me cuesta admitir es que los peones, los aparejadores, los arquitectos y los ingenieros de esa construcción son las personas. Los que padecen la situación, los que la lamentan, los que la aprovechan, y los que la provocan, son las personas. Pero sucede que todos hablan del mal como sí viniera de Marte y no tuvieran nada que ver en su génesis. Tamaña desafección me tiene abrumado. Yo entiendo que la gran mayoría son inocentes, en el sentido jurídico, y más inocentes aún desde el punto de vista de la candidez. Pero otros no, por mucho que se empeñen en interpretar a Pilatos en version libre. Creo que es más bien una cuestión de valores, tanto el comportamiento de unos como de otros. Los unos votan en función de unos valores que propugnan la óptima gestión de los recursos para una mayor cohesión social, solidaria y justa, mientras a otros les animan los valores mercantiles que pueden ser de todo menos solidarios. Es lo que tiene la polisemia, que amparados en los mismos valores unos tratan de gobernar personas y a los otros solo les anima la gestión y acumulación del dinero. A ver si las nuevas corrientes filosóficas amplían el principio de de- mocracia participativa dándole una finalidad de democracia distributiva.

miércoles, 1 de agosto de 2012

la escuela Pinocho

TENGO un amigo que utiliza una técnica de análisis de la realidad que te permite conocer el futuro con una exactitud del 100%. Y no se llama Rapel ni pontifica a las dos de la madrugada en ninguna telebasura para sacarles los cuartos a atribulados ciudadanos a los que prometen premios de lotería seguros o próximos lances amorosos que hagan cambiar su vida. Se llama simplemente Javier. Pero tiene la costumbre de leerse todos los días los periódicos con mucha parsimonia. No se salta un solo día. Está jubilado y no tiene prisa. Aunque la consecuencia es que se le van acumulando y lleva ya tres meses de retraso. Pero esto no le agobia porque sigue sin tener prisa. De hecho, en sus lecturas, la prima de riesgo va por los 320 puntos y el escándalo en la clase política es mayúsculo, aunque dicen tenerlo todo controlado. Javi lee sin sobresaltos, nada le sorprende, y de vez en cuando esboza una beatífica sonrisa. Es un gesto espontáneo de misericordia con la audacia de los ignorantes. Levanta la vista y se abstrae unos instantes de la lectura para centrarse en la realidad. Piensa en las grandes corrientes filosóficas, en los grandes teóricos del comportamiento de los mercados y las finanzas, en las escuelas de macroeconomía y en la aportación de todos ellos al saber y al conocimiento. Una ingente literatura para transmitir conocimientos a los más espabilados, a aquellos destinados a regir los destinos de los demás. Los alumnos aventajados. Vamos... los que mandan. Pero él, como todos los jubilados, tiene sus lapsus de retorno fugaz a la infancia, que en el fondo es el origen de todo, de lo bueno y de lo malo. Ha llegado a una edad en la que hay más futuro rebobinando el pasado que oteando el horizonte. Observa de nuevo los diarios apilados, los que le faltan por leer para conocer lo que viene después de que la prima haya alcanzado los 320 puntos y esté “todo controlado”, y piensa en la escuela que creó Pinocho. Esa que acaba con final feliz, como casi todo en la infancia. Menos mal que nunca se escribió una segunda parte en la que Pinocho se hiciera adulto. Seguramente hubiera vuelto a utilizar la mentira como mejor recurso para eludir la realidad, pero esta vez sin hada madrina que recompusiera su nariz. Imagínense el tamaño que alcanzaría, de día en día, como la prima de riesgo. Pero Pinocho se quedó en la infancia con los niños de antes. Esos que sí crecieron y nos gobiernan ahora protagonizando la segunda parte del cuento universal. Javi tiene conocimiento de causa y periódicos atrasados para certificarlo.

viernes, 1 de junio de 2012

"créditos" sociales

EN estos tiempos de crisis es cuando mejor se revelan las esencias de las personas, cuando la radiografía social refleja certeramente lo que somos. Sin boatos ni loas, sin celofán de diseño. Es cuando el ectoplasma no logra despistar la realidad de quien lo proyecta. Se ha escrito mucho sobre si lo que decimos es consecuente con lo que hacemos, y viceversa. Pero no es más que literatura voluntariosa que aporta lo que puede sin centrarse en lo que debe. Al final es la penuria, la miseria moral asociada a la deriva económica la que pone en crisis los valores que predicamos. Todos nos volvemos un poco traslúcidos a los ojos de los demás y hacemos buena la frase que John Le Carré acuñó en La casa Rusia: “Ningún hombre está a la altura de su retórica”. Hay excepciones que no confirman más que eso, que son excepciones. Aunque cada uno nos consideramos vocacionalmente “la excepción”. Todos guardamos celosamente en el zurrón media docena de buenas acciones que al recordarlas nos reconfortan y nos reconcilian con nosotros mismos. Las hemos aireado en múltiples ocasiones, como quien se ve obligado por el contexto, siempre que se ha presentado la oportunidad. Pero nunca hemos narrado a nadie nuestras omisiones. Esas enturbiarían nuestro discurso y es- parcirían la duda en nuestros interlocutores. Pues muy a nuestro pesar estamos muchísimo más cargados de omisiones que de buenas obras. Aquí no pasa como en los modernos sistemas de enseñanza en los que trescientos “créditos” son suficientes para obtener una diplomatura o una licenciatura o... como rayos se llame ahora! Esta es la carrera de la vida. El que crea que ya tiene los “créditos sociales” necesarios para vivir en la autocomplacencia debería escrutar su entorno. El que aflora y el que permanece oculto, un entorno en el que el drama social es tangible y se ceba además en los más débiles: Más de dos millones de niños del Estado español viven en hogares por debajo del umbral de la pobreza. Son datos aportados hace unos días por UNICEF y avalados por los datos del Instituto Nacional de Estadística. ¿Quién se hace cargo de esos “créditos” que hemos generado entre todos? Yo desde luego no cuento con la banca ni con las finanzas por- que ni les conozco ni me interesa. Y si me los encuentro podría llegar incluso a ser violento. Con lo que cuento es con que todos y cada uno de nosotros dejemos de considerarnos “la excepción” y actuemos en la medida de nuestras posibilidades sin buscar fórmulas mágicas ni líderes espirituales. Sin retórica, sea nuestra o ajena, que nos supere. Estando simplemente a nuestra altura.

viernes, 2 de marzo de 2012

el reposo del parado




HACE poco ha salido de la cárcel el preso que más años llevaba recluido en las prisiones españolas. La friolera de treinta años y sin delitos de sangre. Por lo visto la condena se le ha ido alargando como un chicle por los sucesivos intentos de fuga que ha protagonizado a lo largo de su dilatada carrera delictiva. Aunque querer escaparse, a decir verdad, me parece algo consustancial a alguien que está encerrado. Que la sociedad considere que merece ese castigo es una cosa, y que el que está preso quiere la libertad es otra.
Pero lo más curioso del caso es que a este tipo le ha dado tiempo a todo. Desde que desertó del servicio militar e inició ese peregrinaje de centro penitenciario en centro penitenciario ha tenido mujer y dos hijas y, a pesar de sus esporádicas escapadas, se ha ganado hasta el derecho a dos años de subsidio de desempleo. Eso sin contar que la notoriedad que ha alcanzado por el récord de reclusión le ha hecho merecedor de los focos mediáticos y, en consecuencia, del interés general de la ciudadanía. De lo contrario no se explica que quieran hacer una película sobre su vida y “milagros”. Ah! Evidentemente cobrará sus correspondientes derechos.
Tampoco es algo nuevo. La historia más reciente nos hace recordar el caso de “el vaquilla” y sus secuaces cuyas andanzas son más conocidas que las de Don Quijote, merced a la cantidad de celuloide que se ha gastado narrando sus vidas. “El Lute” fue otro best seller de consumo masivo por su forma de torear a las parejas de la Guardia Civil. Hasta que se “cayó” de un tren y apareció con toda la cara amoratada y las manos esposadas entre dos agentes con el tricornio calado casi hasta las cejas.
No sé por qué extraña razón este tipo de fenómenos proliferan siempre en épocas de crisis. En cualquier caso no deja de ser curioso que treinta años de reclusión con un curriculum delictivo te lleven a la fama, mientras treinta años de trabajo y esfuerzo te llevan al paro y al anonimato.
Una vez le oí decir a un recluso, que no sé a quién parafraseaba, que no conviene interrumpir el sueño de un preso porque puede estar soñando que es libre. Quizá tampoco convenga violentar el reposo de un parado porque puede estar soñando que es rico y famoso.
En conclusión, creo que no hay que despertar a nadie. Todo el mundo tiene derecho a soñar, y más en estos tiempos.

miércoles, 1 de febrero de 2012

globalización vulnerable

ESTO de la globalización y las nuevas tecnologías produce tal aceleración en nuestra vida y nuestros comportamientos que apenas nos queda tiempo para disfrutar de nuestra propia soledad. Tenemos a nuestros amigos y a nuestros enemigos a un toque de tecla. Y ellos a nosotros también. Todos somos un poco intrusos de todos e incapaces, por tanto, de administrar con el reposo preciso nuestras propias circunstancias vitales. Toda nuestra vida es permeable a las tormentas del ciberespacio sin que apenas podamos discriminar la lluvia con la que nos queremos refrescar del granizo que nos aporrea hasta magullarnos la intimidad.

Pero hay algunos hechos insólitos que merece la pena analizar, retrotraerse en el tiempo y, con perspectiva, extraer conclusiones. Las buenas y las malas. Porque como decía un ilustre pensador, las experiencias en sí mismas tienen un valor relativo; lo importante es saber qué hacer con ellas.
El primero de estos hecho se produjo hace unos meses con un fallo en unos servidores de Canadá que inhabilitaron durante varios días los servicios de correo electrónico de las blackberry en más de medio planeta. La zozobra y el caos comunicativo que generó este accidente entre millones de usuarios tuvo para algunos dimensiones apocalípticas. La compañía que tuvo el fallo es lo de menos. La conclusión importante es la vulnerabilidad del sistema y su afección en las relaciones interpersonales e, incluso, interempresariales.
Volver a los métodos tradicionales como el correo postal o la telefonía fija hubiera supuesto para algunos el retorno al pleistoceno tecnológico, época que los más jóvenes ni siquiera recuerdan.
Estos días hemos asistido al cierre, por imperativo legal, de “megaupload”. Un portal que concentraba el 7% del tráfico de la red. Este hecho, de por sí significativo, lo es más, si cabe, por los movimientos de protesta que ha generado en algunas de las webs de referencia en el ciberespacio, que interrumpieron sus servicios durante veinticuatro horas.
Es innegable que una sensación de orfandad colectiva en el acceso al conocimiento se apoderó de millones de usuarios. Afortunadamente el “cataclismo” fue intencionado y el servicio se restableció con normalidad en veinticuatro horas.
En definitiva, los dos hechos de referencia han hecho crujir algunos de los cimientos de la globalización con su correspondiente afección a las relaciones personales, tráfico comercial, acceso al conocimiento…
¿Qué pasaría en caso de apagón digital permanente? ¿Cómo lo hacíamos antes?
Quizá necesitemos el reposo preciso que da la soledad para poder administrar nuestras propias circunstancias vitales.

jueves, 1 de diciembre de 2011

refundar el sistema

NO sé lo que está pasando en este ocaso de los dioses que está viviendo Europa y su “calidad de vida” pero me siento como el grupo de estudiantes de Viernes 13, a punto de ser descuartizado por una bestia malévola que no estaba invitada a la fiesta ni se le esperaba. Y lo peor de todo es que me temo que el final de este culebrón guardará similitudes con el film. Es decir, aquí no se salva ni dios.
Llevamos al menos dos años en pleno proceso de decantación de poderes entre las instituciones europeas y los gobiernos soberanos de Alemania y Francia. Hemos visto cómo los órganos comunes se replegaban mientras los dos motores de Europa desplegaban poderío como un pavo real en celo. Un tándem, por lo visto, destinado a rescatar las esencias de la unión monetaria frente a los perversos mercados empeñados en hundir a este Titanic del euro que hace aguas sobre todo por el Mediterraneo.
Al final, de la pareja, parece que sólo queda uno, es decir una. A la que nadie entiende muy bien pero se le permiten todas las licencias. De las instituciones europeas no se tiene ni noticia. De los gobiernos “soberanos” sólo quedan los restos porque tanto a las economías como a los políticos se los ha llevado la crisis. De la Unión Europea sólo queda el espíritu y de la zona euro sólo nos quedan incógnitas. Entre tanto, “nosecuantos” millones de ciudadanos de la UE asistimos impávidos y perplejos a esos trasiegos de palacio cuyos resultados no generan más que zozobra y pesadumbre. La última ocurrencia aireada por diarios alemanes es que el tándem de prevalencia germanófila está planteando a sus colegas galos una especie de pacto entre estados para implantar una mayor integración fiscal, pasándose así “por el forro” la opinión de las instituciones europeas y la de los 27 países que las integran. Y Van Rompuy y Barroso de gira por la estratosfera mientras se prepara el acta de defunción de la UE.
Pero lo que se cuece en la parte alta escuece, y mucho, entre los ciudadanos de a pié. Es cierto que hemos sido derrochones, que nos hemos endeudado hasta las cartolas y que lo que teníamos ha pasado a sus verdaderos dueños, a los bancos. Pero alguien habrá incentivado este desenfreno. Lo suyo sería compartir las consecuencias.
Pero no. Los beneficios han sido para unos pocos a los que además se les incentiva su buena gestión con bonus multimillonarios mientras las miserias se socializan. En definitiva, todo patas arriba. Ni la UE funciona ni los estados son soberanos. Aquí los verdaderos protagonistas son los mercados, son los que manejan la motosierra que nos va a descuartizar a todos. Creo que no sólo hay que refundar el sistema económico, sino también el político, el institucional, el sindical, el ciudadano y hasta el doméstico para evitar una segunda parte de Viernes 13 antes de que nos falle la memoria.

historia de una adopción

caminos sinuosos

Todos los caminos en la vida son sinuosos. No hay líneas rectas para avanzar porque los obstáculos surgen estratégicamente. La propia exis...