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domingo, 1 de marzo de 2020

intereses miserables

Que las fake news sean el alimento cotidiano en el mundo de la política es algo a lo que nos hemos habituado. No sabría decir si nos están haciendo tontos y nos lo creemos casi todo o si hemos desarrollado una capacidad crítica que nos hace inmunes. No veo nada clara esa frontera porque las manipulaciones son tan sibilinas que nos instalan casi siempre en la duda.
No es difícil rascar un poco en esos bulos y descubrir que tras esa manipulación hay unos intereses bastardos que pretenden manipular elecciones, servir a intereses comerciales o simplemente desprestigiar a rivales políticos, económicos o comerciales.
Parece que el “todo vale” se ha convertido en un modus operandi que las nuevas tecnologías convierten en una auténtica pandemia. Es cierto que allá donde ha habido poder siempre ha habido intrigas, conspiraciones y manipulaciones amparadas en muchos casos en “la razón de estado”, ese eufemismo en el que cabe lo más perverso y exento de ética que nos podamos imaginar. Algo que el universo internet ha globalizado hasta el punto de que desde cualquier punto del planeta se puede manipular a los habitantes del polo opuesto sólo con las redes sociales.
Hasta aquí todo parece que obedece a unos intereses miserables pero aceptados ya como parte de las reglas del juego. De hecho, las grandes batallas políticas y comerciales ya no tienen otro escenario que el ciberespacio. Aunque el átomo de todo ese “juego perverso” sigue siendo la mentira, esas fake news que han llegado para quedarse. Hasta el punto de que al amparo de estas formas de actuar han florecido ya multitud de empresas que se dedican a detectarlas y denunciarlas. Los espías ahora son virtuales y mucho más eficaces.
Todo este mundo obedece siempre a unos intereses espurios, pero lo que no veo nada claro es la intencionalidad en lo que está sucediendo estos días con el coronavirus. Es evidente que el interés mundial se centra en controlar la expansión de ese virus maligno y buscar una vacuna efectiva. Por qué entonces proliferan las fake news que boicotean los canales oficiales y multiplican la alarma entre la población hasta el punto de que la Organización Mundial de la Salud tenga que habilitar un espacio en su web para denunciar estas mentiras. ¿Cuál es el interés que subyace detrás de todo esto? Sinceramente, o se me escapa o es obra de dementes.

domingo, 2 de febrero de 2020

el genoma político

No sé qué fuerzas telúricas desató la moción de censura contra Mariano Rajoy porque las cosas en el genoma político han sufrido una variante mucho más agresiva que la cepa del anterior virus. Aunque debe ser algo extensible a todos los países por los síntomas que percibimos en todo el arco geopolítico.
Pero hay algo que me resulta intolerable por no decir totalmente inasumible. Es la mentira. Esa traslación falaz de las cosas que ahora, además, se alimenta con manipulaciones digitales, se extrae de los contextos y se ubica donde mejor convenga para, dicen, dañar al enemigo político. Y no es cierto. El enemigo político sabe que las cosas no son así. A quien dañan y engañan es a los ciudadanos electores, a quienes por cierta simpatía y con el sistema crítico atrofiado ven verdades mesiánicas donde no hay más que feriantes que venden ideología defectuosa y proyectos caducados.
Y parece que cada vez es más común recurrir a la mentira sin sentir el más mínimo rubor cuando te pillan, que suele ser al minuto siguiente. O es que los políticos han agotado ya el repertorio de argumentos racionales e ideológicos o es que el cambio climático está achicando el sistema neuronal de algunos dirigentes para reforzar la parte visceral con testosterona.
La mentira es muy grave, y muchísimo más grave en política por lo que significa de fraude a los ciudadanos a los que dicen servir. Pero lo más grave de todo es que tanta mentira cacareada ejerce un efecto simpatía sobre los partidos ideológicos emparentados que al final acaban construyendo juntos una quimera falaz, con una dictadura pasada como referente, donde no hay violencia machista, las mujeres tienen que aprender a coser, los niños no pueden conocer la diversidad sexual y los inmigrantes son el famoso “coco” que ahora, además de llevarse a las niñas, las viola. La mentira es ya tan universal que nadie la denomina en su idioma materno. Ahora en todos los lugares del planeta es una “fake”.
Me cuesta creer que todo ese esperpento y su cohorte de adeptos convivan entre nosotros, gobiernen pueblos, ciudades y autonomías, y construyan guetos segregacionistas entre nosotros.
No me extraña que los partidos políticos con cierto sentido de la decencia se hayan unido a pesar de sus abismales diferencias ideológicas. De no haber sido así yo me hubiese hecho un apóstata de la política y un expatriado voluntario del pasado que reivindican.

sábado, 1 de octubre de 2016

juego de espejos


HAY un mundo aparente en algunos políticos que empieza a parecerse a la teletienda. Todo son remedios casi milagrosos que luego se trastocan en pequeños fraudes al consumidor. Ni la ropa sale planchada, ni las manchas desaparecen ni el artilugio de cocinar maravillas tiene nada que ver con un buen puchero a fuego lento.
Como colectivo de personas debemos tener cara de estúpidos vistos por los ojos de los grandes estrategas de las campañas. Nos venden unas burras que luego individualmente no las compraría nadie. Y no entiendo cómo podemos ser un colectivo estúpido cuando uno a uno no nos consideramos así. Pero el resultado es que acabamos cayendo en las redes de los mensajes que lanzan los telepredicadores que arreglan el paro, la pobreza, las enfermedades, el fracaso escolar y otras tantas cosas, en cuatro días más o menos. A otros, más serios, les cuesta al menos cuatro años empezar a poner orden.
En ese bombardeo de eslóganes curiosos, y nada dogmáticos según ellos, hay quienes aspiran incluso a conquistar nada menos que El Cielo, algo que se ha vuelto contagioso. Pues hombre, yo pienso que si se portan bien y son creyentes es un objetivo alcanzable. Lo jodido es arreglar de verdad lo que está pasando en la tierra. Y no sé si está precisamente en El Cielo el cuadro de mando que puede solucionar las cosas más terrenas. Pero lo cierto es que la gente, esa que uno a uno no parecen tan tontos, les cree y confía en ellos. Porque lo dicen en la tele y lo dice la tele, algo que ya inventaron los reverendos norteamericanos hace muchos años para llegar a las masas sin tener que patear las calles.
Es como la transmutación de la política en algo más relacionado con la fe, que para algunos mueve montañas sin despeinarse.
Particularmente pienso que si fueran más sinceros, pragmáticos y menos telepredicadores, más andarines, si se desprendieran de esa vocación de crear sectas de seguidores en lugar de ciudadanos críticos que estimulen y controlen las acciones de los gobiernos, todos nos miraríamos de otra forma.
Ya sé que colectivamente nos consideran estúpidos, pero todo es un juego de espejos en los que nos reflejamos todos. Nosotros y ellos. Y la imagen que tenemos unos de otros es la misma.

historia de una adopción

caminos sinuosos

Todos los caminos en la vida son sinuosos. No hay líneas rectas para avanzar porque los obstáculos surgen estratégicamente. La propia exis...