Mostrando entradas con la etiqueta ciudadanía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ciudadanía. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de noviembre de 2019

recortadores de la política



Es difícil abstraerse de la inmediatez en un mundo acelerado por la sucesión de los acontecimientos y gobernado por las encuestas más que por los políticos, cautivos de los datos demoscópicos. Y así nos va. Cuatro elecciones generales en cuatro años. Quizá eso que parecía una gran esperanza, con el amanecer de nuevas formaciones políticas como expresión de la voluntad ciudadana para dar por clausurado el ciclo del bipartidismo, tenga también algo que ver con las turbulencias que agitan la política. Al final, inmediatez y fragmentación se solapan la una a la otra y se constituyen en elementos clave para analizar este ciclo político convulso.
La inmediatez es enemiga de la reflexión y no permite siquiera asomarse al horizonte. Los datos mandan y los políticos obedecen. Y así día a día sin más horizonte que el siguiente sondeo. Las ideologías y los proyectos políticos son esclavos de los datos y se van alterando como el rojo y el negro de una ruleta. De la nación de naciones se pasa al autonomismo, al federalismo, de ahí a procesos re-centralizadores y se acaba en la sagrada unidad de la nación. Y depende de los datos, se puede volver otra vez a la primera casilla. Y yo me pregunto ¿dónde está el proyecto político? ¿Por qué los partidos se han embarcado en trayectos de tan escaso recorrido y múltiples giros al albur de los datos?
La respuesta más sencilla sería echarle la culpa a la fragmentación, que obliga a mirar siempre de reojo a quienes te pisan los talones, antes que fijarte en llegar a meta. Es como un juego de recortadores donde lo importante, y lo único, es el quiebro inmediato para que no te coja el toro.
Pero la respuesta más sencilla no es siempre la acertada. La forma de salir de ese círculo pasa por asumir la realidad y adaptarse a ella. Si los ciudadanos han querido más partidos políticos estos deben transformar sus esquemas de llegar al poder y aplicar sus políticas desde una visión más compartida, negociada y pactada. Desterrar definitivamente sus delirios de mayoría absoluta unipartidista porque eso ya no existe. Y persistir en ello provoca cada vez más desafección ciudadana y frustración social.
La ciudadanía ha dicho lo que quiere. Y los partidos, como representantes legítimos de la voluntad popular, deben ser expresión de esos deseos. Porque eso es lo único que legitima el ejercicio del poder. La ciudadanía ha cambiado su ADN social, ahora les toca a los partidos políticos para que el divorcio no se total e inminente. Los únicos datos válidos son los que suman voluntades.

martes, 2 de mayo de 2017

figurantes del “gran hermano”

No tengo ni idea de cuántas empresas, organismos, instituciones o particulares tienen datos personales, y muy personales, sobre mí. Cada formulario que relleno, hasta para la cosa más nimia, se me antoja una confesión obligada de intimidades cuyo valor para otra persona no alcanzo a comprender. En realidad, que yo sea consciente, no tengo nada que ocultar. Como todos en la vida, habré cometido aciertos y errores. Pero tampoco me apetece ser un figurante de ese “gran hermano” en el que se ha convertido la globalización para alimentar las nuevas tecnologías y su explotación por parte de una mercadotecnia intrusa, invasiva e insolente. Se cuelan en nuestra intimidad, violentan nuestra vida familiar y nos hacen perder mucho tiempo aunque solo sea borrando mails.
Entiendo que, en muchos casos, todas esas bases de datos bien administradas pueden tener un beneficio directo sobre las personas como la curación de enfermedades y los estudios genéticos que pueden prevenir males mayores. Entiendo que la sanidad y la seguridad públicas dispongan de los datos necesarios para hacer su trabajo dentro de unas garantías deontológicas y de legalidad. Pero no entiendo por qué figuro en cientos o miles de archivos que me bombardean a diario con propuestas que ni he pedido ni me interesan. No sé cómo me han incluido pero sí estoy seguro de que esa red me ha atrapado sin ninguna posibilidad de enmienda.
Ahora, por si fuera poco, en algunos países se está empezando a incluir obligatoriamente la confesión religiosa entre los datos que tienen que aportar sus ciudadanos. Las constituciones democráticas regulan expresamente la libertad de culto, sexo, ideología o cualquier otro ámbito de la intimidad de las personas. Lo del culto, digo yo, será por si hay que investigar terroristas. Luego será la ideología la que haya que consignar. Por lo visto les parece una buena formar de identificar corruptos, rojos o separatistas. Y no digo nada de cuando nos fichen hasta las tendencias sexuales. Aquí querrán buscar amantes, cornudos y cornudas, infidelidades y hasta bastardos no identificados.
Lo último es la huella digital para comprobar que somos los que decimos ser. Como si fuéramos analfabetos y no supiéramos escribir y firmar. Demasiada tecnología para tan poca efectividad.
La verdad es que estoy empezando a ver coartada mi libertad de sexo, religión, ideología y ciudadanía. Y estoy empezando a sospechar de que se nos considere a todos sospechosos. Creo que es ilegítimo aprovechar tiempos convulsos para rebanar espacios de libertad que los ciudadanos nunca más vamos a recuperar. Lo dicho, “el gran hermano” nos ha fichado y de ahí no sale ya nadie. Solo nos queda la libertad de pensamiento. Pero es mejor no decirlo, por si acaso.

historia de una adopción

caminos sinuosos

Todos los caminos en la vida son sinuosos. No hay líneas rectas para avanzar porque los obstáculos surgen estratégicamente. La propia exis...