jueves, 1 de agosto de 2013

programación gris marengo

CREO que la oferta cultural del país está más o menos a la altura de las circunstancias en estos meses del solsticio más esperado del año. Bendita época estival en la que nos quitamos la cuadrícula de la vida gris marengo, nos despojamos del traje de rayas laboral y nos volvemos un poco peliculeros californianos en las costumbres.
Pantalón corto, chanclas, cervecitas y anarquía horaria. El sol y el buen tiempo obran milagros en el cuerpo y el espíritu. Es cuando más disfrutamos de nuestro tiempo o simplemente pasamos de el por qué no nos agobian las urgencias horarias. Particularmente soy, desde mi más rebelde adolescencia, un enamorado del blues y del jazz. Y soy de los pocos privilegiados que coincide con su hijo, treinta y cinco años más joven, en los gustos musicales. Mis colegas eran más rockeros pero nunca hubo la más mínima fricción. Cada cual a lo suyo con su cada quien.
Tengo pues unos gustos musicales con cierta raigambre que no son precisamente estacionales. No coinciden con solsticios ni modas, con grupos ni con nuevas tendencias. Forman parte de una cultura que, como todas, necesita casi “el pan nuestro de cada día”. Y si esto es pedir demasiado, al menos una vez a la semana o cada quincena. O si quieren, cada mes.
Admiro la efervescencia musical de estos días, ese concentrado de grupos, lugares y estilos para todo tipo de tribus urbanas, tribus rurales, tribus y hasta lobos solitarios. Pero me resisto un poco a los empachos porque, entre otras cosas, afectan negativamente al páncreas, no permiten degustar con fruición las exquisiteces y no dan tiempo a regurgitar lo escuchado para valorarlo en toda su dimensión. Tenemos festivales de jazz en Getxo, Gasteiz y Donostia, todos ellos con figuras de primera línea mundial. Además de las programaciones de otros pueblos y ciudades.
Todo ello apenas en un mes. Son una sucesión sucesiva de delicatessens que nos desbordan. Salvo los más afortunados, apenas tenemos tiempo ni dinero para satisfacer nuestra melomanía. Yo al menos no puedo estar todo un mes de gira por Euskadi. Y el que puede, los escucha todos. Pero luego que...
Echo de menos una programación más ordenada y escalonada en el tiempo. Particularmente no me importaría, y creo que a nadie, escuchar a Chick Corea y a Paco de Lucía en pleno febrero; ni a Diana Krall en noviembre. Creo que ese placer no está intrínsecamente ligado al verano. No me importaría que convivieran las dos programaciones aunque creo que por la importancia de las figuras serían prácticamente excluyentes. Simplemente por decir algo... Los museos programan exposiciones durante todo el año, la temporada de ópera tiene también su propio calendario, las salas de exposiciones no se abarrotan de obras de arte de diferentes autores.
Cada genio tiene su espacio, su tiempo, su público y su momento de gloria tanto para él como para sus admiradores. No se genera una inflación que acabe por devaluar lo artístico y la mística que genera cada autor en su parroquia. El resto del año también existe y el público es fiel independientemente de la época. Al margen de las programaciones locales, siempre de agradecer, también se necesitan momentos de placer espiritual y musical, con figuras de primera línea, en medio de nuestro periodo gris marengo.

miércoles, 3 de julio de 2013

un "milagro" laborioso

BILBAO ha entrado en la órbita de las ciudades con glamour. Ha pasado de buscar referencias a ser referente. Todavía recuerdo mis primeras escapadas a otras ciudades de Europa. La primera, cómo no, fue a París. Después vinieron sucesivamente Bruselas, Ámsterdam, Berlín... y así hasta lo que se llama cruzar el charco.
Entonces Bilbao era una ciudad gris para los que sólo miraban el paisaje y adquiría personalidad cuando se conocía al paisanaje. La Ría olía mal para los foráneos y tenía un aspecto más que turbio, con habitantes inertes que se mecían hacia arriba y hacia abajo arrastrados por la corriente de la Ría o el empuje de las mareas. En definitiva, a sus orillas lo único vivo que se asomaba eran los anguleros y las angulas despistadas. Todavía no entiendo cómo podían sobrevivir entre tanto detritus humano y desechos químicos. Bilbao no tenía metro, el tranvía había pasado a mejor vida y el sustento industrial sobre el que había palpitado la vida de la Villa había entrado en un estado de corrosión irreversible.
En medio de este paisaje, esa primera salida a París fue como una revelación. Me llamó la atención el metro que circulaba bajo tierra y te conectaba con una y otra punta de la capital francesa. Pero sobre todo me maravillo la convivencia de su sabor a cultura con un estilo urbano, moderno, cosmopolita. Me gustó la vida que transmitían sus calles. La luz y el color, el mestizaje armónico entre lugares, lenguas y personas.
He vuelto en muchas ocasiones, la última el pasado verano. En todo este tiempo también he podido viajar a otras capitales y a la vuelta siempre siento el “milagro” laborioso de la transformación de Bilbao. Una especie de síndrome de Stendhal autóctono.
Ahora comparo todos esos sitios con nuestra Villa y me descubro a mí mismo que el ambiente cosmopolita de las calles de esas ciudades ya no me sorprende, sus metros necesitan un lavado de imagen y su luz no es más luminosa que la de Bilbao, ni sus ríos más limpios que nuestra Ría. Siento ráfagas de chauvinismo.
La Cumbre de Alcaldes me ha hecho reflexionar de nuevo. Alcaldes de 57 ciudades punteras de todo el mundo han examinado la transformación de Bilbao. La delegación asiática se interesaba por el préstamo de bicis; el alcalde de Houston estaba impresionado por los jardines. Todos han visto una ciudad vivible, sin prisas, cómoda, limpia. Solo espero que dentro de 15 años, si alguno de estos dirigentes vuelve a la capital siga teniendo cosas que aprender y que Bilbao se siga reinventando, con el espíritu de su paisanaje, ese que nunca ha sido gris. Bilbao ha hecho cumbre de dirigentes mundiales, pero no ha tocado techo. 

domingo, 2 de junio de 2013

espacios de libertad

CADA vez estamos más dotados de artilugios de última generación para comunicarnos entre noso- tros. Valoramos mucho la tecnología y muy poco los contenidos. Telegrafiamos las relaciones in- terpersonales para quedar, y bana- lizar los contenidos, porque no nos miramos a los ojos, no perci- bimos los matices del lenguaje ni las inflexiones de la voz. Ni si- quiera intuimos los movimientos de nuestro cuerpo, nuestras manos, el efecto reflejo en la cara de lo que sentimos... ese lenguaje gestual tan mediterráneo que aporta el valor de la estética y el sentimiento de la expresión. Movemos los pulgares a velocidad de vértigo mientras vemos la televisión, mientras hablamos con otra persona viajando en el metro, cuando vamos a caminar en nuestro tiempo libre para relajar nuestro cuerpo y nuestra vida. No hay reposo. La vida se nos escapa por los dedos. Y seguimos dándole a la tecla. La comunicación ha trascendido la proximidad para instalarse en la tecnología. Hemos hecho de la necesidad personal y de la oportunidad tecnológica el sucedáneo de lo genuino. La forma de comunicación inventada para aproximarnos es la que ha marcado la distancia entre nosotros. Necesitamos espacios de libertad, espacios de soledad donde poder comunicarnos. Necesitamos huir de las barreras de la convivencia, recuperar lo rural de nuestra existencia para mejorar nuestra convivencia civilizada. Estamos permanentemente sometidos a una tormenta de estímulos profesionales, a una intromisión en nuestro yo de buenas intenciones personales y al escudriño y escrutinio de todos los que nos rodean, sean a no conocidos. Todos y cada uno somos un escaparate no deseado para todos demás. ¿Quién no añora de vez en cuando un poco de soledad para sentirse acompañado? Yo creo que es una necesidad... cuando menos intermitente. No deseable cuando nos envuelve y absorbe pero deseada cuando la capa de ozono social agobia nuestro espíritu recalentado por el día a día. Creo que es bueno avanzar en la comunicación, en las tecnologías, para facilitar las relaciones interpersonales y en la metodología para romper las distancias físicas. Pero creo que todo eso no es un buen sustitutivo del tu a tu, o del bis a bis como se dice en términos carcelarios. Por eso creo en las fórmulas intermedias. He leído que un equipo italiano de urbanistas están trabajando en un proyecto llamado cabinas del silencio en la ciudad. Los padres de la idea son Francisco Suárez y Domenico di Sienna. Tratan de rescatar las cabinas de teléfonos antiguas, las de toda la vida que ya nadie usa, y apenas existen, para reconvertirlas en islas del silencio entre la muchedumbre. Yo seré usuario preferencial. Es una forma de encontrarnos a nosotros mismos en medio de todo el mundo.

lunes, 1 de abril de 2013

hurtos famélicos

ME retracto. Retomo esta columna donde la dejé hace un año y algunos meses. Entonces hablaba de los pobres de la abundancia. Las personas más necesitadas entonces, cuando todavía la crisis no se había manifestado en toda su virulencia, no carecían de lo imprescindible para vivir. Comida y ropa no faltaba. Los juguetes no se recogían en las iglesias y los ladrones eran de guante blanco. Pero, desafortunadamente, las cosas han cambiado para mal. Volvemos a los hurtos famélicos, a los de los pobres de solemnidad. En algunos supermercados han contratado guardas de seguridad para controlar a las amas de casa que aprovechan los despistes de las cajeras para llevarse un pollo escondido bajo el brazo o una bandeja de lomo. Son nuevos necesitados. En muchos casos inexpertos, aprendiendo el oficio de la supervivencia familiar a través de lo ajeno. Pero esta necesidad no les hace más comprendidos a los ojos de la víctima porque tampoco en su sector las cosas van bien. Son un índice más de la crisis. A veces, parecen escenas de posguerra, más por lo esperpentico de la situación que por el hurto en sí mismo. Fue el caso reciente de Maribel. Acababa de abrir la panadería cuando entró un hombre que, tras un pequeño forcejeo, logró inmovilizarla. Con ella maniatada en la trastienda y una caja registradora que se le resistía, el atracador se vio sorprendido por varios clientes que, ajenos a la situación, le confundieron con un nuevo dependiente. Para no levantar sospechas y haciendo gala de una versatilidad a prueba de sorpresas, llego a atender a varios de ellos. “Según le pagábamos el pan se guardaba el dinero”, llegó a contar una de las clientas, atendida por el ladrón. Y estuvo allí un buen rato ejerciendo de tendero hasta que hubo un lapsus de clientes y pudo huir con un ordenador y el bolso de la panadera. Eso sí, el ladrón acabó la faena adentrandose en la trastienda y, con un signo de arrepentimiento no consumado, dio un abrazo a la víctima, como agravio a la ofensa que le había hecho. Menos gracioso pero más patético fue el caso de una madre de familia que fue sorprendida cuando se llevaba una bandeja de pollo para dar de comer a sus hijos. Hace años la policía a estos robos lo llamaba “famélicos” respondiendo como su propio nombre indica a ladrones de las necesidades primarias. Así las cosas no es de extrañar que estén creciendo los negocios de los arreglos que lo mismo reparan un coche que una aspiradora o un pantalón. O que cada vez más gente se esté desprendiendo del oro que tenía en casa para poder llegar a fin de mes. Para la víctima no cabe duda de que el robo le duele lo mismo pero no se puede negar que son “ladrones” con alma. Al menos, algunos.

lunes, 4 de febrero de 2013

una "rara avis" en el tumulto

NO sé si ha sido siempre así y no nos enterábamos, o por el contrario estamos asistiendo a un renacer de la novela picaresca basada en hechos reales. Sin duda, es el género literario que más abunda en toda la prensa. La cosa es que todo lo que aflora últimamente tiene un claro sesgo negativo. Los parados de ahora están parados de verdad. No como antes cuando el subsidio del paro era parte de las rentas que generaba el pluriempleo. El “chorizo” clásico ya no se lucra escatimando los decimales de la contabilidad. Mete la mano directamente en la caja, eso sí, en la “B”, y se lleva dos docenas de millones a Suiza. Los banqueros se creen que el dinero del rescate es, también, solo para ellos. Otros, no todos, se dedican al trasiego de la pasta de los ciudadanos a las instituciones y de estas de nuevo a los ciudadanos amigos. Por algo se llama Levante la zona genuina de todo este chanchullo en el que se mezclan sangre azul y roja, como en una novela rosa. Todo el que puede busca la trampa, legal o ilegal, la cosa es que no te pillen, para pagar lo menos posible a Hacienda. El tendero, si puede, te mete entre el kilo de naranjas una de dudosa reputación. Y así sucesivamente. La corrosión ha calado hasta las entrañas del sistema. En cualquier sitio que se rasque salta un escándalo de corrupción. Lo último y más interesante de lo que he tenido conocimiento es el caso de una alcaldesa, de esa coalición de nuevo advenimiento a la democracia, que quiere financiar el programa de fiestas y esta ofertando a comercios, empresas, hostelería y demás negocios de su pueblo la inclusión de publicidad en el folleto. Lo curioso es que les da la opción de pagar con o sin IVA. Seguramente sera un posicionamiento politico razonado con el fin ultimo de la construccion nacional. Pero alguien ha destapado el chanchullo y los comerciantes se han escandalizado porque ahora se verán obligados a pagar con IVA. En fin... Menos mal que entre todo este tumulto tumultuoso, donde cada vez que uno ve un “brote verde” va otro y se lo fuma, subsiste una rara avis. Un tal Azkuna. Un tipo que habla claro y gestiona transparente. Con eficacia, por si fuera poco lo anterior. Y además no le pasa como a Gorbachov, que le reconocían en el mundo mundial y le odiaban en su pueblo. Fíjense si a este se le reconoce que le han hecho alcalde, el mejor del mundo, como corresponde a Bilbao. Alcalde, Dios guarde a usted muchos años.

jueves, 3 de enero de 2013

el "recurso" como diálogo

ÚLTIMAMENTE la política, perdón algunos políticos, tienen una tendencia preocupante a judiciali- zar actuaciones propias del ejercicio de esta actividad para avalar legalmente sus decisiones. Que yo recuerde, y es así como se han forjado los grandes acuerdos y hasta acordado las desavenencias, antes las discrepancias pasaban previamente por la vía del diálogo, la negociación, la diplomacia y el ta- lento de los protagonistas antes de llegar a esa señora con los ojos tapados que empuña una balanza de antiguo tendero para sopesar los argumentos de cada cual. Se han eliminado del comportamiento de algunos políticos esos pasos previos, aunque fuesen de baile de salón, que desbrozaban muchos senderos para poder llegar al claro del bosque. Quizá por las necesidades inmediatas que nos agobian o porque no hay argumentos para negociar. La cosa es que amparados en las grandes urgencias, como si el mundo se fuera a acabar al día siguiente, cada uno va a lo suyo y que decida la Justicia, que como es lenta y juega a la gallinita ciega, a lo mejor no me quita lo “bailao”. Igual ahora, desenmascarado el error predictivo de los mayas, se lo tomen con más sosiego. Las consecuencias de este “modus operandi” vienen a ser algo así como que la acción política está permanentemente en manos de los jueces. El Tribunal Constitucional tiene en cartera en estos momentos decenas de recursos pendientes de resolución. Y no son baladíes ni responden a teorías filosóficas con las que nos jugamos el criterio pero no el cocido. Son recursos sobre Sanidad, Educación, Reforma Laboral, Pensiones, Competencias entre administraciones... Y así “hasta el infinito y más allá”. Y entre todos estos, aunque en otros niveles, hay recursos que hacen sonrojar a cualquiera. El último ha tenido como escenario el Ayuntamiento de Basauri. El equipo que ha perdido el poder en las últimas elecciones municipales ha presentado un recurso contra los actuales rectores porque les han desalojado del despacho destinado al Gobierno. El argumento inicial les acusaba de “violación domiciliaria”. “¡Manda güevos!” A los jueces parece que ya les toca hacer de todo. No me extraña que Gallardón se haya inventado la “tasa judicial”. Las arcas de Hacienda, además de sangrar a los ciudadanos, van a recuperar mucha pasta de la que sueltan sólo por los recursos entre administra- ciones. A falta de diálogo ¡toma recurso!

sábado, 3 de noviembre de 2012

democracia distributiva

EN los últimos dos meses llevamos ya tres procesos electorales autonómicos, ademas de las ge- nerales que se celebraron hace un año con una participacion de casi veinticinco millones de personas, al margen de cual fuera su sentido del voto. Y así sucesivamente durante unas cuantas legislaturas. Parece la esencia de la democracia participativa, la fidelidad al espíritu de un hombre un voto. Lo que no entiendo es que el resultado de la suma de todas esas voluntades, aunque sean contrapuestas, no se aproxime ni por casualidad a la intención de los votantes. Porque es evidente que nadie esta de acuerdo con lo que esta pasando. Ni los ciudadanos que votan, ni los políticos que administran a los ciudadanos, ni los banqueros que administran a los políticos y saquean el presente y el futuro de los ciudadanos. Es decir, no está de acuerdo ni Dios. Perdón...ni la Iglesia. Bueno, quizá algún perverso social y ese ectoplasma que llaman finanzas, que no tiene rostro ni alma, pero si un apetito voraz. ¿Que sucede entonces desde que se inicia el ritual de la democracia participativa para que cada voto unido a los demas acaben en un archivo corrupto que aborte el fin ultimo de la justicia distributiva? Debe ser un proceso de alquimia muy sofisticado y complejo porque realmente no lo entiende nadie. ¿Que queda en todo esto de aquella forma de gobierno qie inventaron los griegos clasicos, porque los de ahora no estan para inventos, y que tuvo su perfeccionamiento en la era moderna al añadirle los principios de libertad, igualdad y fraternidad? Lo que más me cuesta admitir es que los peones, los aparejadores, los arquitectos y los ingenieros de esa construcción son las personas. Los que padecen la situación, los que la lamentan, los que la aprovechan, y los que la provocan, son las personas. Pero sucede que todos hablan del mal como sí viniera de Marte y no tuvieran nada que ver en su génesis. Tamaña desafección me tiene abrumado. Yo entiendo que la gran mayoría son inocentes, en el sentido jurídico, y más inocentes aún desde el punto de vista de la candidez. Pero otros no, por mucho que se empeñen en interpretar a Pilatos en version libre. Creo que es más bien una cuestión de valores, tanto el comportamiento de unos como de otros. Los unos votan en función de unos valores que propugnan la óptima gestión de los recursos para una mayor cohesión social, solidaria y justa, mientras a otros les animan los valores mercantiles que pueden ser de todo menos solidarios. Es lo que tiene la polisemia, que amparados en los mismos valores unos tratan de gobernar personas y a los otros solo les anima la gestión y acumulación del dinero. A ver si las nuevas corrientes filosóficas amplían el principio de de- mocracia participativa dándole una finalidad de democracia distributiva.

miércoles, 1 de agosto de 2012

la escuela Pinocho

TENGO un amigo que utiliza una técnica de análisis de la realidad que te permite conocer el futuro con una exactitud del 100%. Y no se llama Rapel ni pontifica a las dos de la madrugada en ninguna telebasura para sacarles los cuartos a atribulados ciudadanos a los que prometen premios de lotería seguros o próximos lances amorosos que hagan cambiar su vida. Se llama simplemente Javier. Pero tiene la costumbre de leerse todos los días los periódicos con mucha parsimonia. No se salta un solo día. Está jubilado y no tiene prisa. Aunque la consecuencia es que se le van acumulando y lleva ya tres meses de retraso. Pero esto no le agobia porque sigue sin tener prisa. De hecho, en sus lecturas, la prima de riesgo va por los 320 puntos y el escándalo en la clase política es mayúsculo, aunque dicen tenerlo todo controlado. Javi lee sin sobresaltos, nada le sorprende, y de vez en cuando esboza una beatífica sonrisa. Es un gesto espontáneo de misericordia con la audacia de los ignorantes. Levanta la vista y se abstrae unos instantes de la lectura para centrarse en la realidad. Piensa en las grandes corrientes filosóficas, en los grandes teóricos del comportamiento de los mercados y las finanzas, en las escuelas de macroeconomía y en la aportación de todos ellos al saber y al conocimiento. Una ingente literatura para transmitir conocimientos a los más espabilados, a aquellos destinados a regir los destinos de los demás. Los alumnos aventajados. Vamos... los que mandan. Pero él, como todos los jubilados, tiene sus lapsus de retorno fugaz a la infancia, que en el fondo es el origen de todo, de lo bueno y de lo malo. Ha llegado a una edad en la que hay más futuro rebobinando el pasado que oteando el horizonte. Observa de nuevo los diarios apilados, los que le faltan por leer para conocer lo que viene después de que la prima haya alcanzado los 320 puntos y esté “todo controlado”, y piensa en la escuela que creó Pinocho. Esa que acaba con final feliz, como casi todo en la infancia. Menos mal que nunca se escribió una segunda parte en la que Pinocho se hiciera adulto. Seguramente hubiera vuelto a utilizar la mentira como mejor recurso para eludir la realidad, pero esta vez sin hada madrina que recompusiera su nariz. Imagínense el tamaño que alcanzaría, de día en día, como la prima de riesgo. Pero Pinocho se quedó en la infancia con los niños de antes. Esos que sí crecieron y nos gobiernan ahora protagonizando la segunda parte del cuento universal. Javi tiene conocimiento de causa y periódicos atrasados para certificarlo.

viernes, 1 de junio de 2012

"créditos" sociales

EN estos tiempos de crisis es cuando mejor se revelan las esencias de las personas, cuando la radiografía social refleja certeramente lo que somos. Sin boatos ni loas, sin celofán de diseño. Es cuando el ectoplasma no logra despistar la realidad de quien lo proyecta. Se ha escrito mucho sobre si lo que decimos es consecuente con lo que hacemos, y viceversa. Pero no es más que literatura voluntariosa que aporta lo que puede sin centrarse en lo que debe. Al final es la penuria, la miseria moral asociada a la deriva económica la que pone en crisis los valores que predicamos. Todos nos volvemos un poco traslúcidos a los ojos de los demás y hacemos buena la frase que John Le Carré acuñó en La casa Rusia: “Ningún hombre está a la altura de su retórica”. Hay excepciones que no confirman más que eso, que son excepciones. Aunque cada uno nos consideramos vocacionalmente “la excepción”. Todos guardamos celosamente en el zurrón media docena de buenas acciones que al recordarlas nos reconfortan y nos reconcilian con nosotros mismos. Las hemos aireado en múltiples ocasiones, como quien se ve obligado por el contexto, siempre que se ha presentado la oportunidad. Pero nunca hemos narrado a nadie nuestras omisiones. Esas enturbiarían nuestro discurso y es- parcirían la duda en nuestros interlocutores. Pues muy a nuestro pesar estamos muchísimo más cargados de omisiones que de buenas obras. Aquí no pasa como en los modernos sistemas de enseñanza en los que trescientos “créditos” son suficientes para obtener una diplomatura o una licenciatura o... como rayos se llame ahora! Esta es la carrera de la vida. El que crea que ya tiene los “créditos sociales” necesarios para vivir en la autocomplacencia debería escrutar su entorno. El que aflora y el que permanece oculto, un entorno en el que el drama social es tangible y se ceba además en los más débiles: Más de dos millones de niños del Estado español viven en hogares por debajo del umbral de la pobreza. Son datos aportados hace unos días por UNICEF y avalados por los datos del Instituto Nacional de Estadística. ¿Quién se hace cargo de esos “créditos” que hemos generado entre todos? Yo desde luego no cuento con la banca ni con las finanzas por- que ni les conozco ni me interesa. Y si me los encuentro podría llegar incluso a ser violento. Con lo que cuento es con que todos y cada uno de nosotros dejemos de considerarnos “la excepción” y actuemos en la medida de nuestras posibilidades sin buscar fórmulas mágicas ni líderes espirituales. Sin retórica, sea nuestra o ajena, que nos supere. Estando simplemente a nuestra altura.

viernes, 2 de marzo de 2012

el reposo del parado




HACE poco ha salido de la cárcel el preso que más años llevaba recluido en las prisiones españolas. La friolera de treinta años y sin delitos de sangre. Por lo visto la condena se le ha ido alargando como un chicle por los sucesivos intentos de fuga que ha protagonizado a lo largo de su dilatada carrera delictiva. Aunque querer escaparse, a decir verdad, me parece algo consustancial a alguien que está encerrado. Que la sociedad considere que merece ese castigo es una cosa, y que el que está preso quiere la libertad es otra.
Pero lo más curioso del caso es que a este tipo le ha dado tiempo a todo. Desde que desertó del servicio militar e inició ese peregrinaje de centro penitenciario en centro penitenciario ha tenido mujer y dos hijas y, a pesar de sus esporádicas escapadas, se ha ganado hasta el derecho a dos años de subsidio de desempleo. Eso sin contar que la notoriedad que ha alcanzado por el récord de reclusión le ha hecho merecedor de los focos mediáticos y, en consecuencia, del interés general de la ciudadanía. De lo contrario no se explica que quieran hacer una película sobre su vida y “milagros”. Ah! Evidentemente cobrará sus correspondientes derechos.
Tampoco es algo nuevo. La historia más reciente nos hace recordar el caso de “el vaquilla” y sus secuaces cuyas andanzas son más conocidas que las de Don Quijote, merced a la cantidad de celuloide que se ha gastado narrando sus vidas. “El Lute” fue otro best seller de consumo masivo por su forma de torear a las parejas de la Guardia Civil. Hasta que se “cayó” de un tren y apareció con toda la cara amoratada y las manos esposadas entre dos agentes con el tricornio calado casi hasta las cejas.
No sé por qué extraña razón este tipo de fenómenos proliferan siempre en épocas de crisis. En cualquier caso no deja de ser curioso que treinta años de reclusión con un curriculum delictivo te lleven a la fama, mientras treinta años de trabajo y esfuerzo te llevan al paro y al anonimato.
Una vez le oí decir a un recluso, que no sé a quién parafraseaba, que no conviene interrumpir el sueño de un preso porque puede estar soñando que es libre. Quizá tampoco convenga violentar el reposo de un parado porque puede estar soñando que es rico y famoso.
En conclusión, creo que no hay que despertar a nadie. Todo el mundo tiene derecho a soñar, y más en estos tiempos.

miércoles, 1 de febrero de 2012

globalización vulnerable

ESTO de la globalización y las nuevas tecnologías produce tal aceleración en nuestra vida y nuestros comportamientos que apenas nos queda tiempo para disfrutar de nuestra propia soledad. Tenemos a nuestros amigos y a nuestros enemigos a un toque de tecla. Y ellos a nosotros también. Todos somos un poco intrusos de todos e incapaces, por tanto, de administrar con el reposo preciso nuestras propias circunstancias vitales. Toda nuestra vida es permeable a las tormentas del ciberespacio sin que apenas podamos discriminar la lluvia con la que nos queremos refrescar del granizo que nos aporrea hasta magullarnos la intimidad.

Pero hay algunos hechos insólitos que merece la pena analizar, retrotraerse en el tiempo y, con perspectiva, extraer conclusiones. Las buenas y las malas. Porque como decía un ilustre pensador, las experiencias en sí mismas tienen un valor relativo; lo importante es saber qué hacer con ellas.
El primero de estos hecho se produjo hace unos meses con un fallo en unos servidores de Canadá que inhabilitaron durante varios días los servicios de correo electrónico de las blackberry en más de medio planeta. La zozobra y el caos comunicativo que generó este accidente entre millones de usuarios tuvo para algunos dimensiones apocalípticas. La compañía que tuvo el fallo es lo de menos. La conclusión importante es la vulnerabilidad del sistema y su afección en las relaciones interpersonales e, incluso, interempresariales.
Volver a los métodos tradicionales como el correo postal o la telefonía fija hubiera supuesto para algunos el retorno al pleistoceno tecnológico, época que los más jóvenes ni siquiera recuerdan.
Estos días hemos asistido al cierre, por imperativo legal, de “megaupload”. Un portal que concentraba el 7% del tráfico de la red. Este hecho, de por sí significativo, lo es más, si cabe, por los movimientos de protesta que ha generado en algunas de las webs de referencia en el ciberespacio, que interrumpieron sus servicios durante veinticuatro horas.
Es innegable que una sensación de orfandad colectiva en el acceso al conocimiento se apoderó de millones de usuarios. Afortunadamente el “cataclismo” fue intencionado y el servicio se restableció con normalidad en veinticuatro horas.
En definitiva, los dos hechos de referencia han hecho crujir algunos de los cimientos de la globalización con su correspondiente afección a las relaciones personales, tráfico comercial, acceso al conocimiento…
¿Qué pasaría en caso de apagón digital permanente? ¿Cómo lo hacíamos antes?
Quizá necesitemos el reposo preciso que da la soledad para poder administrar nuestras propias circunstancias vitales.

jueves, 1 de diciembre de 2011

refundar el sistema

NO sé lo que está pasando en este ocaso de los dioses que está viviendo Europa y su “calidad de vida” pero me siento como el grupo de estudiantes de Viernes 13, a punto de ser descuartizado por una bestia malévola que no estaba invitada a la fiesta ni se le esperaba. Y lo peor de todo es que me temo que el final de este culebrón guardará similitudes con el film. Es decir, aquí no se salva ni dios.
Llevamos al menos dos años en pleno proceso de decantación de poderes entre las instituciones europeas y los gobiernos soberanos de Alemania y Francia. Hemos visto cómo los órganos comunes se replegaban mientras los dos motores de Europa desplegaban poderío como un pavo real en celo. Un tándem, por lo visto, destinado a rescatar las esencias de la unión monetaria frente a los perversos mercados empeñados en hundir a este Titanic del euro que hace aguas sobre todo por el Mediterraneo.
Al final, de la pareja, parece que sólo queda uno, es decir una. A la que nadie entiende muy bien pero se le permiten todas las licencias. De las instituciones europeas no se tiene ni noticia. De los gobiernos “soberanos” sólo quedan los restos porque tanto a las economías como a los políticos se los ha llevado la crisis. De la Unión Europea sólo queda el espíritu y de la zona euro sólo nos quedan incógnitas. Entre tanto, “nosecuantos” millones de ciudadanos de la UE asistimos impávidos y perplejos a esos trasiegos de palacio cuyos resultados no generan más que zozobra y pesadumbre. La última ocurrencia aireada por diarios alemanes es que el tándem de prevalencia germanófila está planteando a sus colegas galos una especie de pacto entre estados para implantar una mayor integración fiscal, pasándose así “por el forro” la opinión de las instituciones europeas y la de los 27 países que las integran. Y Van Rompuy y Barroso de gira por la estratosfera mientras se prepara el acta de defunción de la UE.
Pero lo que se cuece en la parte alta escuece, y mucho, entre los ciudadanos de a pié. Es cierto que hemos sido derrochones, que nos hemos endeudado hasta las cartolas y que lo que teníamos ha pasado a sus verdaderos dueños, a los bancos. Pero alguien habrá incentivado este desenfreno. Lo suyo sería compartir las consecuencias.
Pero no. Los beneficios han sido para unos pocos a los que además se les incentiva su buena gestión con bonus multimillonarios mientras las miserias se socializan. En definitiva, todo patas arriba. Ni la UE funciona ni los estados son soberanos. Aquí los verdaderos protagonistas son los mercados, son los que manejan la motosierra que nos va a descuartizar a todos. Creo que no sólo hay que refundar el sistema económico, sino también el político, el institucional, el sindical, el ciudadano y hasta el doméstico para evitar una segunda parte de Viernes 13 antes de que nos falle la memoria.

martes, 1 de noviembre de 2011

Uno a uno

DOS casos similares que se han dado a conocer en el intervalo de apenas diez días me han dejado perplejo y a la vez compungido. Uno de ellos ha dado la vuelta al mundo por la crueldad extrema que representa y, sobre todo, porque lo han grabado las cámaras de seguridad y ha podido ser difundido por las televisiones de todo el planeta. La historia, ocurrida en la provincia China de Cantón, es realmente espeluznante. Una niña de dos años es atropellada por una furgoneta que pasa hasta dos veces por encima del cuerpo de la pequeña que queda tendida en el asfalto. Dieciocho, sí, dieciocho personas pasan junto al cuerpo roto sin inmutarse. Las cámaras perciben de repente a un ser humano. Una mujer de edad avanzada recoge el cuerpo inerte y trata de socorrer a la niña trasladándola a un hospital. Entre las dieciocho personas, además del conductor, no había ningún invidente aunque sí muchos desalmados. Podría ser su hija, pero no lo es.

Las imágenes han dado la vuelta al mundo. El fallecimiento de la pequeña, dos días después, apenas mereció unas líneas en los diarios. Como no había imágenes, las televisiones lo obviaron. Unos días más tarde, en otra provincia China, un niño de cinco años fue atropellado por un camión cuyo conductor al ver que el pequeño seguía con vida trato de rematarlo.

Hizo otra pasada sobre el cuerpo inanimado y consiguió su objetivo. Era mejor negociar con sus padres una indemnización por el fallecimiento que pagar los gastos del hospital, mucho más gravosos para sus arcas.

Como no había transcurrido mucho tiempo desde el suceso anterior, y además de esto no había imágenes, el asunto se liquidó en los periódicos con un “breve”.

Posiblemente en días sucesivos se habrán repetido hechos similares pero, por reiterativos, han desaparecido hasta de los “breves”. Cuando sean miles los niños muertos en estas circunstancias aparecerán en las estadísticas oficiales de Tráfico. Pero sin historia personal, sólo un guarismo.

Parece que las tragedias no lo son tanto si los muertos no se cuentan por miles. Sólo así se remueven sentimientos y conciencias y se movilizan las ayudas humanitarias en un derroche de solidaridad interplanetaria.

Posiblemente los dieciocho “suecos” de Cantón y el transportista, lúcido en el cálculo de costes, hayan visto con horror las imágenes del terremoto de Haití o las más recientes de Turquía. Se han colado en su hogar a través de la televisión. Y hasta tendrán una mascota a la que adoran. Pero la calle es la calle y ahí estamos esperando a alcanzar de un momento a otro los siete mil millones de personas.

Y en esas magnitudes las personas sólo cuentan por millares o por millones. No queda espacio ni sentimiento para las particularidades. Creo que fue precisamente un sabio chino quien acuñó el aforismo de que una carrera de mil kilómetros empieza por el primer paso. Sin éste, nunca se llegará al final. Siete mil millones de personas son siete mil millones de individuos. Uno a uno.

sábado, 1 de octubre de 2011

dejemos hablar al "ruido"

MUCHO se ha especulado a lo largo de la historia con la búsqueda de un lenguaje común que traspasara las fronteras idiomáticas y nos permitiera expresarnos sin esos intermediarios o interpretes habituales a los que siempre se les quedan los matices en el zurrón. Esos pequeños matices de los que depende en muchas ocasiones la buena o mala interpretación de las palabras del prójimo, incluso hablando el mismo idioma. Esa travesía, aún inacabada, nos ha inducido muchas veces a tratar de universalizar una lengua ya conocida o a inventarnos un nuevo vocabulario con sus correspondientes reglas ortográficas y gramaticales. Pero ninguna de esas propuestas ha llegado a generalizarse lo suficiente. Ni el francés ha convencido a toda la diplomacia del planeta, ni el esperanto ha pasado de ser una anécdota, ni el inglés, quizá la lengua más próxima a lo que pretendemos, ha dejado de ser una asignatura pendiente en muchos países. Ahora la moda es el chino porque en breve se van a convertir en los amos del mundo. Lo que no se es qué chino, porque en ese gigante hablan cuatro lenguas oficiales y tienen más de mil dialectos que nada tienen que ver entre sí. Y eso sin entrar en la dificultad que entraña aprender una lengua gutural con más caracteres que los millones de chinos que lo hablan.
Total que seguimos en esa pelea empecinados en una línea de investigación ya fracasada o que al menos ha tocado fondo.
No entiendo por qué no exploramos más en las capacidades humanas, en su poder de asimilación de otras formas de comunicarse, en la explotación de otros ámbitos que no sea el puramente verbal. Por qué no exploramos más el ruido. Sí, la música. Eso que Napoleón consideraba el menos molesto de los ruidos. Esa forma universal de comunicar sentimientos, sensaciones, inquietudes, ese metalenguaje que se percibe con todos sus matices aunque no sepamos nada sobre cómo se ha construido. Porque lo importante es lo que se comunica. Y ese “ruido” transmite. Se entiende y es solidario y positivo.
Es además el mayor exponente de la interculturalidad entendida como elemento de fusión entre razas y pueblos, como ámbito de conexión entre amigos y enemigos, donde la armonía diluye el conflicto en los sonidos que la transmiten. Ese sí es un lenguaje universal que hablan algunos, entendemos todos y no necesita intérpretes.
Dejemos hablar al “ruido” cuando nos separen los idiomas y las palabras. Quizá nos entendamos mejor sintiendo lo mismo.

viernes, 1 de abril de 2011

Fukushima, el último juguete roto

SIEMPRE se ha dicho que cuando las fuerzas de la Naturaleza deciden poner al hombre en su sitio no hay capacidad humana ni técnica que las pueda controlar. La historia está llena de terremotos, seísmos, huracanes, maremotos… y así hasta dejar a las “siete plagas” de Egipto como una pequeña onda en un vaso de agua. Es lo que tiene la Naturaleza, que cada vez que estornuda nos rebaja la soberbia hasta devolvernos a nuestra condición de inquilinos pasajeros en el planeta, como individuos y como especie.

Pero el hombre tiene una tendencia innata a imitar a los dioses que él mismo ha creado para suplir sus propias carencias. Y en ese “juego” a ser “divino” es capaz generar fenómenos que ni él mismo puede controlar ni la Naturaleza sabe administrar porque son algo exógeno a su propia esencia.
El mejor ejemplo de esos delirios de grandeza lo están viviendo ahora los japoneses y lo siguen viviendo desde hace veinticinco años los habitantes de Chernobil.
Fukushima es el último juguete roto. Un juguete de tecnología punta manejado por la que se supone ingeniería más avanzada del planeta. Pues bien, toda esa tecnología y toda esa ingeniería son incapaces de recomponer algo que ellos mismos habían construido y desde luego ni ellos ni el resto de expertos del mundo mundial pueden ni saben hacer nada para evitar las consecuencias. Es lo que tiene jugar a ser dioses y olvidarnos de nuestra condición de falibles mortales.
Como dicen los expertos en psicología aplicada, a la hora de tomar decisiones es muy importante saber hasta dónde puedes llegar para que la propia decisión no te supere. Pero como dice la sabiduría popular, siempre encontraremos a un culpable. En este caso el tsunami.
En definitiva, la conjunción de fuerzas de la naturaleza con la colaboración necesaria y alevosa de la especie humana, nos han conducido a un desastre todavía no cuantificable y que evidentemente dejaremos en herencia a todo lo que asome por este mundo sea persona, planta, animal o extraterrestre.
Deberíamos aprender de la propia Naturaleza que sufre sus convulsiones sin llegar a poner en riesgo su propia existencia. Nosotros en cambio, como somos tan poderosos que creamos hasta dioses, somos capaces de arriesgar nuestra vida, la del resto de especies y la de los que no han nacido. Total, provocar un cambio climático sólo supone un poquito más de calorcillo.

sábado, 1 de enero de 2011

el coraje de dar ejemplo

RECONOCER que uno padece una enfermedad grave puede que tenga unos efectos personales beneficiosos para afrontar con mayor entereza esa cruz. Pero esas derivas sicológicas, tan subjetivas como desconocidas, las tienen que evaluar los propios afectados y sus médicos. Habrá quien esté de acuerdo y quien no, sobre todo porque muchos de nosotros no nos la reconoceríamos ni a nosotros mismos. Son mecanismos de defensa tan antiguos como la vida misma. Lo que vulgarmente se ha llamado la política del avestruz que, aunque el animalito habite en África, su filosofía se extiende por todo el planeta.
En cambio, cuando el reconocimiento de esa enfermedad se hace en público, con luz y taquígrafos, las consecuencias personales son mucho más imprevisibles y la deriva sociológica entra en una dimensión digna de análisis.
Han sido muchos los famosos que afectados de graves dolencias han dedicado su vida y mucho de su dinero a fomentar las fundaciones y los estudios en su empeño por ganar esa batalla contra el tiempo. Han transformado sus costumbres, sus hábitos y sus relaciones, como si la enfermedad les hubiera cogido haciendo lo que no debían. No cabe duda de que su contribución a la ciencia y, en consecuencia, a la curación de otras personas, es meritoria.
Pero hay otras personas de gran notoriedad a las que la enfermedad les ha cogido haciendo lo que querían y lo que debían. No han cambiado sus costumbres ni sus hábitos ni sus relaciones ni su trabajo. Porque ese es el sentido de su vida antes y después. Me refiero al Alcalde Iñaki Azkuna y a su ejemplo de coraje personal y su compromiso consigo mismo y con los ciudadanos de Bilbao. Además de gestionar a diario las cosas mundanas del municipio transformando la ciudad y haciéndola más amable para sus habitantes, sabe gestionar y liderar también los comportamientos ante la adversidad, afrontar lo que muchos de sus ciudadanos también padecen. Porque la ciudad no son sólo bienes inmuebles, parques y jardines; son también sus habitantes, sus miserias y sus virtudes, sus temores y sus inquietudes.
Iñaki Azkuna es el Alcalde. Sigue dando sentido a su vida, a su trabajo y a su vocación de servicio, antes y después. Sin que la adversidad le cambie el rumbo porque tiene la brújula bien orientada.

jueves, 16 de septiembre de 2010

la foto de "la roja"

Puede que a estas alturas del verano estemos todavía bombardeados por la victoria de “La Roja”. A este triunfo “mundial” se han sumado los caza-imágenes de la “clase” política que nunca habían soñado con tanta gloria televisada hasta en los escaparates de las tiendas. Pero, por los visto y oído, abrir todos los informativos les ha provocado tal empacho de populismo que algunos han decidido desterrar de sus callejeros a ilustres personajes de la historia, la ciencia, la cultura o la propia política, para encaramar en sus paredes a los nuevos héroes. Porque a estos sí que les conoce todo el mundo y, de los otros, en el pueblo no se sabía ni quiénes eran.
¿Juan Ramón Jiménez…?
- Ni idea… ese no vive aquí.
Quizá mi perplejidad no esté justificada y quieran simplemente facilitar a sus parroquianos la localización de las calles para orientar mejor a los foráneos y fomentar así el turismo. ¿Quién se va a resistir a visitar la plaza del que metió el gol decisivo contra Alemania?
No quiero restar ningún mérito a los deportistas, que fueron los auténticos conquistadores, pero sí a los cortesanos figurantes que se colaron en el casting. Por eso, de toda esta caterva de despropósitos, me quedo con una imagen para la historia. Porque esa instantánea es el reflejo de una historia interminable, de una dedicación comprometida, personal y emotiva, íntima, entre padre e hijo, en la competición diaria de la vida. Me emocionó la imagen de Álvaro del Bosque levantando la copa de Campeón del Mundo, un trofeo que su padre, Vicente, el hombre tranquilo y sereno, había conquistado para dedicárselo a él.
Puede que este trofeo haya sido para Álvaro el más visible, con baño de multitud incluido, pero seguramente no es el más importante. La superación de los pequeños retos que afrontan a diario todos los niños con síndrome de Down, esas victorias parciales que tienen como gregarios de lujo a sus padres, son las que aportan los verdaderos momentos de felicidad.
Seguro que Vicente del Bosque encara todos los días problemas más importantes que ganar un campeonato del mundo. Sin suplentes ni posibilidad de cambios. Pero nadie le va a hacer un homenaje ni a dedicar una plaza. Ahí no hay foto. Simplemente soledad… y Álvaro. Paradojas de la vida.

entre amigos

Todas las injusticias son malas por definición, pero las que nos tocan de cerca son más palpables y laceran mucho más los sentimientos. Dejan cicatrices en el alma. Esa es la sensación que me embargaba desde hace cinco años. Cinco años en los que los pequeños detalles de la vida, y de las gentes que transitan por ella, me hacían evocar de forma recurrente a un amigo. Unas vivencias que Olga y yo hacemos más llevaderas hablando siempre de un amigo y no de un recuerdo.
Porque los amigos, aunque ya no estén, siguen compartiendo con nosotros muchas cosas. No están en el recuerdo sino en la intermitencia de lo cotidiano, en un presente discontinuo. Afloran cuando los necesitas y se diluyen en el interior de uno mismo cuando la vida reclama tu atención.
Esa es la sensación con la que convivo desde hace cinco años, desde que José Luís Iturrieta se fue para siempre a las campas de Belatxikita y nos dejó a todos un poco huérfanos de amistad.
Todos esos recuerdos me embargaron hace unos días cuando me invitaron a asistir a la presentación de un libro con una selección de sus artículos. Pero no se trataba de un libro. Para los que estábamos allí era mucho más. Era una reparación de su memoria y su legado. Un homenaje compartido que la miseria humana le negó hace cinco años y que la grandeza de espíritu le ha restituido ahora. Y además fue entre amigos. Eso fue lo realmente emotivo. Él hubiera huido del protagonismo, pero no estaba allí para refunfuñar.
Había gentes de varias generaciones diferentes, de profesiones muy variopintas. Pero también me reencontré con amigos comunes, con compañeros de trabajo con los que sí podía compartir su recuerdo y su memoria. Sin grandilocuencias ni loas merengadas. Simplemente evocando momentos, instantes grabados sin fecha de caducidad. Como corresponde a los amigos.
Ciertamente me sentí reconfortado escuchando a Marije y a Arantza hablar de José Luís. Ví una emoción nostálgica y resignada en los ojos de Dori y Ainhoa y percibí en toda su dimensión el sentimiento generalizado de todos los que estábamos. Ese era Itu. Y se lo merecía.

viernes, 16 de julio de 2010

"Mercancia" sin reventa

Parece que por fin el culto a la estética, la moda de tapar lo feo con envoltorio exuberante, comparte espacio vital con la belleza interior. Hemos debido llegar a la simbiosis de lo que debe ser y no era. Bilbao se ha transformado en las últimas décadas. Ha cambiado la herrumbre cimentada, gota a gota, por el sudor de varias generaciones de trabajadores de Euskalduna, por la belleza despampanante de un museo franquiciado y un palacio hiperactivo. Dos joyas que deslumbran y ejercen un efecto tractor como el de la estrella de Oriente con los pastores y los reales magos.

Después le tocará el turno a un centenario Zorrozaurre de ambiente salobre y edificaciones curtidas por la estiba y desestiba de millones de fardos impregnados con el salitre de los mares del norte. Cuando todo acabe, es posible que compita con la mismísima Brujas o la Petit France de Estrasburgo. Será por puentes…
Volvemos a mirar a una ría que antes teníamos a nuestra espalda. Bilbao no ha crecido pero se ha ido fundiendo gradualmente hasta dar brillantez a las zonas de penumbra que moteaban la ciudad. Ahora son espacios compartidos, abiertos y bellos. Ya no son la periferia, no son restos de industrias debilitadas hasta extinguirse por inanición. Son parte del centro, de la nueva epidermis, de la nueva estética administrada con criterios abiertos, heterodoxa y ecléctica. Hemos inventado donde no había.
Pero nos faltaba algo, una mirada introspectiva que licuara lo nuevo con lo sustantivo, que rescatara nuestra esencia de un letargo no deseado. Por fín hemos entrado en el corazón, en las entrañas. Hemos recuperado una Alhóndiga que llevaba años en barbecho. Y la hemos recuperado como casa pública que aportará “mercancías” no susceptibles de reventa, como producto genuino de consumo propio.
Ese solemne escenario en el que un día se trasegaba con algunos placeres del paladar será a partir de ahora un templo de ocio y cultura en pleno corazón de Bilbao.
Bilbao estaba necesitada de una catarsis que se inició con el teatro Campos, sigue con la Alhóndiga y confiamos en que seguirá con otros centros de la Villa, esos que son vitales para que el cuerpo pueda lucir, cuidar y ampliar su estética.

miércoles, 23 de junio de 2010

¡Aupa Athetic!

Pocas veces se han dado cita en un mismo lugar y en torno a un acontecimiento tantas generaciones pertenecientes a un mismo linaje. Tienen nombres y apellidos diferentes, pertenecen a órbitas sociales muy dispares, forman parte de clanes familiares de relumbrón o, simplemente, son anónimos imbricados en la gran masa social.
Pero comparten sentimientos, algo que se escapa a las leyes de la genealogía y va más allá de a quién toque disputar las competiciones o gestionar la institución en cada momento. Porque eso sólo son referencias históricas. Importantes por su contribución, pero referencias al fin y al cabo.
Los referentes, los que dan cuerpo y contenido, son lo que protagonizan los pueblos, sus inquietudes, sus sentimientos, su impulso social, la cadena sin interrupción. Esos son los que hacen la historia y marcan la trayectoria para el futuro.
Eso es lo que se ha visto estos días con la colocación de la primera piedra del nuevo San Mamés…es lo que nos llevó a la final de Valencia… es lo que nos hizo ganar títulos… y así sucesivamente. Y ese sentimiento, esa comunión de intereses, esa pasión a la que se une cada nueva generación por genética emocional, se llama Athletic.
Un sentimiento capaz de desarbolar intereses políticos conyunturales, diferencias sociales, superar la sima de los desencuentros generacionales, y vertebrarse por encima de todo en torno a un bien común. Esa es la verdadera historia, la que traza con línea firme el sentimiento a través del tiempo, vengan las andanadas por donde vengan.
Eso fue lo que se presentó, y no digo representó, el pasado 26 de mayo en un solar todavía yermo de edificaciones pero repleto de ilusiones y sentimientos. Allí, junto al viejo y honorable estadio, al cobijo de la historia, con los ecos todavía recientes del “beti zurekin”, todas las generaciones de Athleticzales, y la órbita institucional del momento, depositaron todo el peso de la tradición y toda la esperanza para el futuro.
El viejo San Mamés tiene ya la semilla de su relevo generacional y el Athletic su proyecto y proyección de futuro.
¡Aupa Athletic!

historia de una adopción

caminos sinuosos

Todos los caminos en la vida son sinuosos. No hay líneas rectas para avanzar porque los obstáculos surgen estratégicamente. La propia exis...