miércoles, 1 de julio de 2015

No es país para “viejos”


Percibo desde hace años un proceso de mutación social que está transformando la cadena de responsabilidades. Nuestros antepasados daban por sentadas muchas cosas sin que nadie se cuestionara el porqué. Simplemente los padres se encargaban de los abuelos en una sucesión natural de responsabilidades que formaban parte intrínseca de su cultura. Era una ley de vida en cuya génesis y desarrollo no había intervenido ningún legislador. Obedecía a un instinto de supervivencia como especie.
El norte era el norte y el sur era el sur. El pan era pan y el vino era vino. Sin matices alambicados. Y así sucede aún en lo que algunos llaman las sociedades más “primitivas”, que es lo mismo que decir sociedades en las que el dinero y la “civilización” todavía no han fagocitado la cadena de apoyo intergeneracional.
Ahora las cosas no están tan claras. Está de moda lo transversal. Algo que abarca todo pero sin que nadie sepa dónde empieza, dónde acaba ni por donde transcurre. El dinero, la formación, la solvencia del individuo para llegar a ser autosuficiente y su capacidad de independencia han hecho con una ley natural lo mismo que Wert con la ley de Educación. Poner todo patas arriba. Es el triunfo del egoísmo. Hacemos nuestra memoria más selectiva para romper vínculos emocionales que nos hipotecarían nuestra proyección de futuro. Los que antes eran nuestro apoyo ahora son un lastre. Al fin y al cabo, para esa pagamos impuestos. Nos preocupamos de que sea el paternalismo institucional quien se ocupe de los que nos “roban” el tiempo y la libertad. Nos olvidamos de quiénes fueron y nos quedamos con lo que son. Ni sombra de lo que fueron. Pero siguen siendo ellos.
Afortunadamente hay muchas excepciones que dignifican la condición humana. Que no han abandonado ese “primitivismo” protector y responsable para sucumbir a la peor peste de cualquier civilización que es la de desentenderse de su mayores. Pero cada vez son menos.
Alabo la tarea que desempeñan las instituciones. Atienden lo material, las necesidades biológicas básicas. La ciencia avanza y aporta comodidades. Pero la ciencia no ha inventado ni inventará ningún sustitutivo del cariño familiar. Está claro que los oráculos no auguran buenos tiempos para las personas mayores. Aunque la ciencia siga empeñada en aumentar la esperanza de vida.
 

lunes, 1 de junio de 2015

Temerarios con calor humano

Tengo cierta debilidad por escribir sobre las atrocidades que cometemos como sociedad con otros grupos sociales y etnias diferentes a nosotros. El Mediterraneo, la xenofobia, la “aporofobia”, la explotación infantil, la violación de derechos humanos o las guerras inútiles, porque todas lo son.
No soy el único, pero casi todos predicamos ante un espejo social que refleja lo que escribimos pero lo proyecta frio, al revés y carente de calor humano. Por lo visto la injusticia repetida tantas veces genera hastío y hasta incomodidad hasta pasar a un estadio de indiferencia. A ningún ser humano le gusta que le digan las verdades a la cara aunque siempre nos empeñemos en afirmar lo contrario.
El nuevo Papa por lo visto es el único que tiene cierto predicamento sobre la conciencia del poder cuando dice con voz pausada y cara afligida algunas verdades que muchos repetimos a diario sin que conmuevan a nadie. Debe ser la relación de “poder a poder”.
El resultado es que la mayoría experimentamos una indignación pasiva momentánea y volvemos a la rutina de nuestro entorno inmediato. La rutina nos da seguridad. Es el parásito que el sistema ha generado en nosotros para primar lo práctico sobre lo emocional, sin sobresaltos ni aventuras temerarias. Cada uno en su escala social, porque esto es una sociedad estratificada por encima de la cota cero, y mucho más homogénea por debajo, en las catacumbas.
Pero hay que ser justo. No todos somos así. Hoy no quiero escribir sobre injusticas sino todo lo contrario. Hay gente valiente, temeraria, que sí desprende calor humano, que cruza a diario las fronteras de su mundo para adentrarse en los pozos sociales y ayudar a subir a todo el que puede. Están entre nosotros y no llaman la atención ni son famosos ni tienen poder. Tienen corazón, voluntad, conciencia social y coraje. Son los voluntarios anónimos, las ONGs, ciudadanos y ciudadanas en solitario o agrupados que se rebelan ante el parásito del sistema, que miran en vertical para construir un mundo más horizontal por encima de esa cota cero. Vaya desde aquí mi reconocimiento a todos ellos.
Como decía “Gabo”, Gabriel García Márquez, “un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, para ayudarle a levantarse”.
Entre tanto, el resto a lo suyo.

viernes, 1 de mayo de 2015

Mediterráneo, “Mare Nostrum”

Es difícil de explicar lo que está sucediendo en el Mediterraneo, pero mucho más comprender que se tolere. El “Mare Nostrum”, esa confluencia de mundos, “bazar” de intercambio comercial y cultural entre los pueblos, nexo de unión de civilizaciones y creencias, se ha transformado en un cementerio de sueños e ilusiones, en una fosa colectiva alimentada por los turoperadores de la muerte.
Decenas de miles de árabes y subsaharianos, mujeres, hombres y niños, se aferran todos los días a cualquier cosa que flote para abrazar la ilusión de llegar a las costas de Europa, sin saber muy bien a qué pero siendo muy conscientes de lo que huyen. Aunque luego el tesoro sea de oropel.
Las mismas aguas que Homero hizo surcar a Ulises, en las que se narra la épica de su salida y retorno a Ítaca, las que navegaron sumerios, asirios, hititas, griegos, fenicios, romanos y egipcios, las que sirvieron de travesía para forjar la interculturalidad y el intercambio de civilizaciones, se han convertido por nuestra desidia, y para nuestra vergüenza colectiva, en un corredor de la muerte.
Sabemos por los testimonios de los escasos supervivientes que en la última oleada detectada han sido más de ochocientos los muertos. Ha cundido cierta sensación de alarma entre los gobiernos europeos y los estrategas se han puesto manos a la obra y han ideado un plan quirúrgico. La conclusión es que hay que destruir todo lo que flota en las costas de África para que nadie se “embarque” en esas travesías tan peligrosas.
Y lo peor de todo es que ni siquiera saben qué hacer con los pocos que ya están dentro. Las imágenes me resultan patéticas. Veo personas estabuladas “atendidas” por personal con mascarilla y buzos blancos.
Veo rostros temerosos con ojos inertes imposibles de escudriñar, bloqueados por una experiencia infernal. Ahora muchos conviven con nosotros. Y algunos les quieren limitar hasta sus posibilidades de subsistencia.

Todo esto pasa en el Mediterráneo, donde muchos de nosotros veraneamos. Una cuna de civilizaciones que hemos reconvertido en el Guantánamo de Europa. Lo que allí sucede es mejor no saberlo, no atiende a leyes ni a razones económicas ni humanitarias.

miércoles, 4 de febrero de 2015

el año del ilusionismo


TODOS los procesos electorales son como una carta a los reyes magos, pero al revés. Son ellos quienes nos ofrecen tantas cosas buenas y bonitas que nos reactivan la candidez infantil, nos perturban la rutina y nos hacen soñar que todo no es un sueño. Este año 2015 va a ser como el gordo de Navidad porque todo está muy repartido. Va a haber listas de cosas buenas para hacer en todos los ayuntamientos, comunidades autónomas incluidas Cataluña y Andalucía y hasta vamos a tener elecciones generales. Nadie se va a quedar sin sus correspondientes “regalos”. Y además ni siquiera vamos a tener que ir nosotros a recoger caramelos a la cabalgata. Van a venir ellos a nuestros pueblos y barrios, a nuestros buzones, a nuestras casas, y hasta utilizaran todas las nuevas tecnologías de la comunicación. Además de los medios tradicionales a los que se les paga por anunciar todo lo bueno que está por llegar.
Es una sensación abrumadora. El mundo cambia. Son quince días en los que el paro tiene solución, la economía va a crecer de forma exponencial, saldrán viviendas como setas, para todos y a precios asequibles; los jóvenes y sus capacidades encararán su futuro con dignidad… Hasta las familias entrarán en fase happy y los ancianos serán tratados como sabios venerables. Me atrevería a decir que hasta el enanito gruñón de Blancanieves lucirá la más afable de sus sonrisas. Y todo esto, sucesivamente a lo largo de todo el año.
Pero claro, luego hay que saber con qué lista de regalos te quedas. Porque las ofertas son muy diferentes y no concurrentes. Están los prometedores clásicos, a los que ya conoces y sabes perfectamente el porcentaje de gatillazos que tienen de anteriores contiendas; están los agresivos y extremistas que quieren romper lo que hay y alumbrar un nuevo mundo en el que seamos casi todos clónicos ideológicamente, sin matices; están los minoritarios que llevan treinta años con la misma cantinela y tienen un auditorio cada vez más diezmado porque siempre han sido los mismos, y están los emergentes, que se han puesto de moda y funcionan por simpatía.
Curiosamente todos son reyes magos. Y ahí está la trampa. Los magos no hacen magia ni milagros, hacen ilusionismo que no es otra cosa que el arte de producir efectos que hacen parecer realidad lo imposible. Yo por si acaso me quedo con mis juguetes viejos. Y si puedo pedir algo… que cumplan lo que ya había prometido.

jueves, 1 de enero de 2015

las voces del desarraigo


SÉ que la juventud es un bien a proteger y un patrimonio común con el que nos jugamos nuestra propia supervivencia como sociedad. Porque sin ellos no hay futuro y sin futuro no pintamos nada aquí. Hay una gran preocupación por el empleo de nuestros jóvenes, por el retraso inevitable que ello conlleva a la hora de materializar sus proyectos de vida, por la incertidumbre que acecha su porvenir y, en consecuencia, por la sostenibilidad del propio sistema.

Recuerdo hace muchos años en un viaje de trabajo a Argentina, entonces el país más inflacionista del mundo, que una de las cosas que más me llamó la atención fue la convivencia perversa entre la pobreza extrema y unos ciudadanos con un nivel cultural y educativo muy elevado. El grado de frustración y desapego que impregnaba la convivencia, a pesar del nivel de formación o quizá por eso, estaba generando un magma social muy próximo a la erupción. Muchos de sus ciudadanos hablaban de la situación del país en tercera persona, desde la distancia y la desafección. Eran las voces del desarraigo, de la impotencia, del distanciamiento con el lugar y la situación en la que estaban condenados a vivir. Un divorcio entre pueblo y poder, fuera político o económico.

Llevo tiempo percibiendo una sensación similar entre nuestros jóvenes y los no tan jóvenes. Nuestra cohesión lleva camino de convertirse en una desconexión. Hay mucha formación y poca ocupación. El presente nos ciega el futuro y la distancia es cada vez mayor. Estamos en un presente continuo que no avanza, y lo que no avanza no prospera, languidece y se va marchitando.

O ligamos el presente y el futuro a los jóvenes, a sus proyectos de vida, a su empleo y a su desarrollo integral como personas o nos iremos consumiendo como sociedad hasta parecer una broma de lo que podíamos haber sido.

sábado, 1 de noviembre de 2014

tiempos de aflicción política y económica


Estamos viviendo unos tiempos de aflicción política y económica que no pronostican sino el preludio de una nueva concepción de entender la res publica. Una nueva concepción que está adquiriendo cuerpo entre los ciudadanos y cuyos cimientos están enraizados en la desconfianza, la desesperación y el hartazgo por los comportamientos de algunos facinerosos, crueles y desconsiderados con la ciudadanía. Algo similar está ocurriendo con las entidades bancarias en las que depositábamos nuestros pequeños ahorros, abríamos la cartilla de nuestros hijos y acudíamos religiosamente cada mes para ponerla al día y tener por escrito el montante de nuestro pequeño tesoro.
En los primeros depositábamos nuestra confianza para gobernar, y en los segundos nuestros ahorros para que los gobernaran.  Salvo los descreídos a perpetuidad, esos listillos que abundan en todas las comunidades, nadie dudaba de que nuestros votos y nuestros dineros estaban a buen recaudo.
Nuestros propósitos de mejora social,  unos ahorros con vocación de estabilizar nuestro futuro, unas aspiraciones de mejora laboral, y la esperanza de dejar un mundo mejor que el que habíamos heredado, se han ido al traste. Hemos pasado de ser la generación que se alimentó de la capacidad de trabajo y sufrimiento de nuestros padres, la que emergió como clase media acomodada, a ser la generación de los sueños rotos. La soberbia o la inconsciencia de pensar que todo era trigo no ha hecho sino desestabilizar el futuro de nuestros hijos.
No pienso que todos los políticos o los banqueros sean de la misma calaña, pero los que han sido, han sido tan poderosos en su alevosía que han acabado por hundir a un país y arrastrar los sueños de sus millones de ciudadanos a un pozo de incertidumbres sin fondo.
Mantengo la confianza en que este proceso de desinfección política, de saneamiento de las cloacas del poder corrupto, lleve a todos los responsables primero, a la cárcel, que es su hábitat natural, y en segundo lugar, al vertedero de la historia, que es donde se depositan los detritus de la sociedad.
Parecía que en el cargo iba la decencia.
Pues va a ser que no. Hay que comprobar primero la decencia y decidir después si se les concede la confianza del cargo. Que hay muchos que se la merecen porque actúan con decencia, aunque esa faceta la oculte y la contamine el comportamiento de los sinvergüenzas.

Solidarios con concertina


ME cuesta pensar que muchos colectivos sean excluyentes con otros por cuestiones de nacionalidad, credo, o color de la piel; que les quieran anular con esas tapaderas puramente aleatorios su condición de personas, sus necesidades básicas de subsistencia o la escolarización y la sanidad de los niños, simplemente porque “no son los nuestros”. De otra manera no se entiende esa actitud cainita de los grupos ultras que están proliferando en todo Europa cuya única misión es romper los pequeños lazos de solidaridad que hemos establecido, frente a las grandes desigualdades que alimentamos y toleramos en el resto del mundo.
Si los magrebíes, africanos o asiáticos están lejos, no les preocupan. Y si están cerca se ocupan de que se vayan a base de negarles el pan y la sal. Eso sí, todo disfrazado de solidaridad selectiva, todo sólo para los de casa, poniendo a este concepto y valor universal unas concertinas como las de las vallas de Ceuta y Melilla.
Pero esas cuchillas de nombre tan sonoro sólo sirven para atrincherar conciencias, no para frenar las necesidades ni paliar los efectos del egoísmo exacerbado, del barro moral en el que nos está sumiendo esta crisis. Son grupos ultras que hacen el trabajo sucio a los ideólogos del bienestar selectivo, los mercaderes de los mercados financieros, del selecto grupo de los adinerados, pudientes y poderosos clanes que creen en las clases sociales y las quieren proteger como una gran reserva espiritual y económica, frente a la miseria moral y la hambruna del resto de los mortales. Gente de fe y esperanza, que arrinconan la caridad porque cuesta dinero.
Estos movimientos que ahora crean bancos de alimentos sólo para la población autóctona, los pobres nacionales, son los mismos que antes rociaban de gasolina y quemaban a los mendigos, a los sin techo “nuestros”, a los que se veían obligados a dormir en los cajeros automáticos de las entidades bancarias.
Todos en la vida atravesamos encrucijadas y a veces no tenemos opción de elegir destino. Si alguna vez me toca ser emigrante o mendigo, de esos que llaman “los nuestros”, por favor que alguien me libre de la solidaridad de estos cretinos. Que me ayude una ONG de Bangladés que me trate como a un ser humano.

viernes, 1 de agosto de 2014

a la deriva


La situación política y económica actual es lo más parecido a un barco a la deriva, al que le salen vías de agua por todas partes sin que dé tiempo a taponarlas. Cuando se aborda una, surge en otro lado una nueva que descentra la atención de la anterior y traslada los recursos a la siguiente. Y no hay bombas de achique que pueda evacuar semejante caudal de miserables. Los casos de corrupción y malas prácticas se suceden como una infinita carrera por relevos que acaba por hastiar al más estoico de los documentados en la historia de la humanidad, es decir, Zenón.
No es que se haya roto un pacto tácito por la decencia en la praxis política y económica. Parece que lo que se ha quebrado es el pacto por la indecencia que es el que sostenía ese mundo de cuentas B, paraísos fiscales, nepotismos tolerados y cazos millonarios. Un pacto no escrito ni rubricado por nadie pero tolerado por omisión. El resultado final es una metástasis galopante que amenaza con cargarse al sistema, si la parte decente de ese sistema no lo impide. Porque lo que si han dilapidado ya es la confianza de los ciudadanos. Se ha agotado el crédito. La economía y las finanzas no tienen crédito para los ciudadanos y estos no dan crédito a los resultados de lo que estaban sosteniendo. Se está produciendo un divorcio de facto.
Pero yo quiero seguir confiando en las gentes de buen hacer, en los políticos decentes, en los vocacionales, en los que tienen espíritu de servir a la comunidad y no a servirse de ella. Hay muchos y muy buenos, aunque los árboles no nos dejen ver el bosque. Y tienen una tremenda responsabilidad, la del navegante solitario que dispone apenas de sus propios recursos para corregir el rumbo de una nave a la deriva. Un esfuerzo que requiere soltar lastre por mucho que cueste desprenderse de ciertas cosas y aligerarse de una carga pesada que amenaza con llevar a pique el sistema.  Tienen el deber moral, consigo mismos, de liderar el proceso de catarsis y recuperar una confianza que restituya el equilibrio perdido, sin tener que dejarlo siempre en manos de los jueces. Como dicen algunos expertos en no se qué, de todas las crisis se sacan aspectos positivos. Porque aquí la crisis económica y financiera ha aflorado otra crisis mucho más lacerante y cruel, la crisis de valores de algunos cargos públicos que para cuando nos hemos dado cuenta se había convertido ya en una pandemia peninsular.

martes, 1 de julio de 2014

sabiduría sin derechos de autor

HAY expresiones populares que utilizamos a diario y cuyo origen se escapa al común de los mortales. No son frases célebres de ilustres filósofos ni científicos de relumbrón que se utilizan para argumentar con ideas ajenas aquello que uno no es capaz de pensar por sí mismo. Es decir, no son lo que algunos llaman la inteligencia de los tontos. Tampoco son adagios latinos que generalmente son de padre y madre conocidos y han sido la historia y la literatura las que los han trasladado hasta nuestros días.
Estos dichos populares están huérfanos de paternidad y ha sido la propia tradición oral la que los ha salvado de caer en el pozo del olvido. A menudo se han utilizado como expresiones locales cómplices entre el vecindario.
Y hay dos de ellos que por su cercanía me parecen de especial interés y me ha resultado curioso conocer su origen. El primero es el nombre popular de La Palanca. Posiblemente muchos de los lectores lo conozcan pero creo que, como yo, a otros muchos les puede resultar una novedad. Según las leyendas urbanas, este curioso “toponímico” que no figura en ningún registro tiene su origen en los palancaneros que trabajaban en las minas de Bilbao. Finalizada su jornada laboral se llevaban su pesada herramienta de hierro hasta la zona de la Calle Cortes, próxima a las minas, y los depositaban en un local mientras se desestresaban y solazaban regando su estómago en buena y lujuriosa compañía. Este hecho, según cuentan, dio origen a uno de los bares de alterne más famosos que ha habido en la zona y que se denominaba La Palanca 34.
La segunda de las expresiones y no menos curiosa es la de “a cascarla a Ampuero”. No se por qué pero siempre he asociado ese nombre con un pueblo de Cantabria sin saber muy bien qué es lo que se cascaba allí. Bueno, pues parece que no se cascaba nada. Por lo visto esa expresión es tan bilbaína que se refiere al pabellón del Hospital de Basurto que lleva ese mismo nombre en recuerdo y homenaje a la familia Ampuero que fue quien donó el dinero para construirlo. La particularidad de la frase radica en que a esa zona del hospital trasladaban a los terminales. O sea, que la iban a cascar.
Pero hace muy poco me enteré de lo que era “ir de picos pardos”. Expresión que todo el mundo entiende sin que nadie sepa lo que significa. Resulta que en la edad media las prostitutas llevaban en la fada un pico de color pardo como distintivo anunciador de sus servicios, para diferenciarse de las de “buena moral”.
Conclusión: la sabiduría popular es sabia y generosa porque crea desinteresadamente comodines para el lenguaje sin cobrar derechos de autor. Y ahora se cobra hasta por respirar sano. Y no es una metáfora.

jueves, 1 de mayo de 2014

"dignidad y valía"

DESESTIMADA señora Oriol. No tengo el disgusto de conocerla, pero he tenido la desgracia de escuchar y leer lo que piensa sobre esos jóvenes sin formación que “no valen para nada” y no son acreedores de que se les pague un salario mínimo interprofesional, porque no producen como para ganárselo. Y además se gastan ese dinero “invitando a las niñas” los fines de semana mientras los jóvenes de su edad que sí estudian no se comen nada.
Dicho esto, ni siquiera me atrevo a preguntarme a mí mismo lo que pensará usted de la Renta de Garantía de Ingresos o de las Ayudas de Emergencia Social. Supongo que será una limosna de la que se puede prescindir. Ya se les dan unas monedillas a la salida de misa los domingos. Porque contra el riesgo de exclusión social quizá quiera rescatar también la “Ley de Vagos y Maleantes”. Entretanto hay un montón de chalados por ahí que piden grandes consensos sobre políticas sociales para evitar la marginalidad.
¡Ah! Es verdad que después ha rectificado diciendo que no utilizó las expresiones adecuadas. Alguien de su entorno ha calculado la dimensión de la boutade y le ha acercado el manual de lo que es políticamente correcto decir ante la prensa. Y hasta ha pedido perdón “reconociendo” que todas “todas las personas tienen dignidad y valía”. ¡Qué traicionero es el lenguaje! Qué mal se comporta a la hora de expresar lo que uno quiere decir, que casi siempre se asemeja a lo que uno piensa.
Pues mire usted, coincido en lo de la “dignidad y la valía”, pero discrepo en lo de “todas las personas”. Creo que su puesta en escena se ha cargado toda su dignidad, que en ningún caso va aparejada al poderío económico. Y en cuanto a su valía, serán sus propios compañeros del Círculo de Empresarios quienes tendrán que evaluarla a la hora de elegir a quien les represente.  Particularmente les aconsejaría trasladarla a la galería de arqueología industrial de cualquier museo, no como representativa de un pasado esplendoroso sino como ejemplo de lo que no hay que repetir.
Señora Oriol, los derechos son los de las personas y sus necesidades, no los del capital y sus intereses. ¿De qué lado está usted?

martes, 1 de abril de 2014

un alquimista social


POCO más que añadir porque todo lo que se ha dicho es cierto. Una personalidad tan poliédrica necesita ser analizada desde muchos puntos de vista para ser comprendida. El poderío intelectual del Alcalde le permitía comunicarse con un lenguaje llano en los barrios y asombrar en los salones más exquisitos haciendo gala de un enciclopedismo selecto y bien traído a cada ocasión. Sin pedantería, con sobriedad en las expresiones y mucho fondo en los contenidos.
Su carácter bipolar, afable con el pueblo e inmisericorde con la osadía del ignorante y la soberbia del altivo, conectaba con la gente porque decía cosas con sentido común, un territorio escaso a pesar de su nombre. Esa personalidad ubicua le daba un campo de juego muy extenso, por encima de credos ideológicos. Tan extenso como se reflejó el lunes 24 de marzo en la catedral de Santiago y en la plaza Nueva.
Nadie se quiso perder su despedida. Porque Iñaki Azkuna sentenció tantas verdades a lo largo de su carrera que se ganó el indulto popular ante algunos de sus excesos verbales.
Todas las personas tenemos una memoria selectiva que poco tiene que ver con nuestros deseos y mucho con las reacciones químicas que nos provocan las situaciones vividas. Iñaki Azkuna provocaba esa química, practicaba una alquimia social que le llevó a la mayoría absoluta y a un reconocimiento internacional reservado a los elegidos, casi nunca a los electos. Pero siempre a base de trabajo y constancia. Seguramente el carácter y el destino tienen ya un ADN que ni uno mismo puede cambiar, pero hay que saber aprovecharlo, sacarle partido y convertirlo en servicio público, en el servicio a los ciudadanos.
Transformó Bilbao, sí, pateando sus calles y barrios, pero sobre todo fraguó la figura de un Alcalde cercano y de un político digno y a la vez ambicioso. Digno por su comportamiento sincero y transparente, y ambicioso para su cuidad, para la prosperidad de una Villa con más de setecientos años que se ha situado en la órbita de las urbes amables, modernas y atractiva para propios y foráneos. Nuestro Alcalde, vivamos o no en Bilbao, se ha ganado el derecho a formar parte de la mitología urbana, de esos personajes que al abandonar su condición de hombres pasan al olimpo de la historia para ser protagonistas de las tradiciones orales que los ciudadanos pasan de una a otra generación.
Algunos pensarán que aún es pronto para tanta loa, pero su trayectoria es larga y extensa y muchos de sus proyectos están por construir. Iñaki Azkuna tiene un hueco en el corazón de sus gentes y sería de justicia que lo tenga también en el nuevo Bilbao urbano.

sábado, 1 de marzo de 2014

un genio humilde

No descubro nada diciendo que ha muerto un genio humilde. El arte que atesoraba y compartía no eclipsó sus orígenes y forma de ser. Nunca dejó de ser el hijo de Lucía la portuguesa. Quizá su talento absorbía hasta su personalidad o quizá su personalidad estaba muy ocupada sirviendo a su talento, sin preocuparse de sí misma. Lo cierto es que genios en la historia hay muy pocos. Son los que marcan un antes y un después en la época que les ha tocado vivir, son los que cambian la ruta ordinaria por la que discurren las cosas y descubren que hay nuevos horizontes creativos, lejos de los catálogos oficiales. Los académicos podrán decir que han perdido la pureza, el corsé de lo que se considera correcto, pero la realidad es que han ganado en libertad creativa, han universalizado un arte dándole una dimensión mayor, y nos han enseñado que todos los límites son franqueables.

Es difícil y osado, por no decir imposible, establecer un ranking entre las artes creativas. Cada una tiene sus seguidores, sus matices, sus creadores y sus momentos. La perspectiva del tiempo suele hacer más justicia sobre la obra en soledad que cuando ésta convive con el autor. Quizá se roben algo de protagonismo el uno a la otra. Pero en la historia siempre ha habido excepciones de convivencia armónica y de simbiosis indivisible, sobre todo en una de esas artes por la que siento especial debilidad: La música. Podemos admirar un cuadro abstrayéndonos de su autor. Pero nunca podemos disociar la obra de Paco de Lucía de su ejecución, de su interpretación, de sus matices. En cierto que la creación es universal, inmortal, y el “creador” efímero. Pero no es menos cierto que en muchos casos, sobre todo en la música, el arte es el propio creador. La obra queda... pero huérfana.

sábado, 1 de febrero de 2014

formas de viajar

ECHO de menos ese espíritu aventurero que hace ya muchos años era el principal estímulo para viajar. Porque conocer nuevos sitios está muy bien, pero ese viaje hacia el interior de uno mismo, tus posibilidades, tus reacciones ante lo desconocido, tu forma de afrontar los retos, de conversar con las gentes y de superar los trances más insospechados, superaba en riqueza la mayor parte de las veces al valor de lo descubierto.
A los hechos me remito. Cuando alguien cuenta sus experiencias aventureras dedica mucho más tiempo a las anécdotas personales y a las situaciones vividas que al marco en el que se desarrollan. Sin desdeñar el marco, desde luego. Pero creo que lo fundamental, al margen del destino, es viajar, vivir, huir de la rutina de uno mismo, reactivar la capacidad de sorpresa que vamos perdiendo y estimular nuestro instinto de supervivencia, aletargado por la planificación minuciosa y el pautado de cada uno de nuestros movimientos. Porque ahora, también al viajar, se lleva organizada hasta la media hora del bocadillo.
También he conocido gente que colecciona viajes. Enriquecen así su hoja de ruta, sus latas de fotos, y van guardando pequeños objetos como los billetes de los transportes públicos o los posavasos más pringosos, hasta sumar un pequeño tesoro de cada lugar. Todo ello bien clasificado y a mano, para poder mostrárselo a todas las visitas, a la mínima que se presente la ocasión. Es como hacer el camino de Santiago buscando más los sellos de los albergues que la mística de la experiencia. Que la tiene.
Antes era todo un enigma. La elección se hacía por cierta complicidad con alguna imagen percibida o la experiencia de algún compañero más adelantado. Ahora existen múltiples plataformas que generan tal inflación de destinos que la simple elección se convierte en una aventura en sí misma. Por eso me abruman los datos que se han publicado estos días sobre la Feria Internacional del Turismo (FITUR): Decenas de ministros… centenares de países… decenas de miles de profesionales… centenares de miles de twits… playas… monumentos… monumentales hoteles… macrofiestas…
¿Dónde está la magia del descubrimiento?
Creo que hay cosas domésticas y laborales que tienen que ser, y deben ser, planificadas. El orden y la organización ayudan sobremanera a facilitar las cosas, y sobre todo a que no se compliquen innecesariamente. Es cuando el tiempo se agota antes de empezar. Es el día a día. Pero hay paréntesis temporales no necesariamente sujetos a esas reglas. Y son las vacaciones. No sólo laborales, también personales y horarias. Por eso me gustan los mochileros.

miércoles, 1 de enero de 2014

más cultura de la tolerancia

HE seguido con cierta zozobra el juicio que se ha celebrado contra una joven pianista condenada por el vecindario y a punto de ser condenada por lo que llaman justicia. Le pedían nada menos que siete años de reclusión por ejercitarse en casa con el instrumento para llegar a ser una buena profesional. Evidentemente ningún estudiante acaba una carrera superior si solo le dedica las horas lectivas contempladas en el itinerario académico. El tesón, la disciplina y el compromiso con ellos mismos les exige un esfuerzo adicional que traza la línea de futuro entre los buenos y los malos profesionales. Pero claro, los que estudian música meten “ruido”.
Esa vista ha mantenido en vilo a cientos de padres de Euskadi, y a miles de vecinos taimados que sopesaban el momento de abalanzarse sobre esa presa que perturba el bullicio humano latente en cualquier vecindario. Porque lo que se dice silencio no es precisamente lo que más abunda en las comunidades.
Todos, estudiantes, padres y vecinos esperaban el desenlace, pero con intereses contrapuestos. Por lo visto se habían agotado las vías del diálogo y la negociación de horarios, y los márgenes de tolerancia habían llegado ya al borde del precipicio, donde sólo queda dar el paso atrás o la caída al vacío. Ni los vecinos pueden cambiar de casa ni los estudiantes van a abandonar una vocación que quieren convertir en profesión. Difícil papeleta para un juez.
El desenlace de esta causa, profusamente difundida por los medios, podía haber desencadenado una cascada de pleitos que pusieran en tela de juicio una de las artes más nobles que ha creado el hombre. Porque hoy por hoy los estudiantes de música no tienen ninguna alternativa para ensayar que no sean los propios centros lectivos en los que las aulas son escasas. A los estudios deben sumarse las habilidades técnicas que exigen de por vida horas y horas de ensayo. Las aulas de cultura de los pueblos vascos tampoco disponen de espacios adecuados.
Los músicos sólo pueden acudir a dar conciertos, pero no a formarse y prepararlos. Curiosamente presumimos de tener una población con una gran cultura musical y una cartelera de conciertos digna de los países más avanzados. Pero los profesionales por lo visto vienen en cartones, como la leche y los huevos en las grandes urbes. A las vacas y a las gallinas, ni se las conoce ni se las espera.
Por ende, existe una Ley del Ruido que establece las franjas horarias y los decibelios que no se pueden ni deben sobrepasar. Me consta que salvo raras excepciones todos los músicos respetan esos márgenes. Pero a los vecinos quisquillosos les generan ansiedad, daños sicológicos irreparables y secuelas síquicas irreversibles. ¿No será que eso lo traen ya del trabajo y de la calle? O a lo mejor a quien hay que aislar es a ellos entre vacas y gallinas para que sepan de dónde vienen la leche y los huevos.
La cultura musical, como todas las artes, tiene mucho que ver con la cultura de la tolerancia.

viernes, 1 de noviembre de 2013

itinerantes de la ciudad y la vida

A estas alturas de la vida hay muy pocas cosas que nos llamen la atención. Los que peinan canas y los que no peinamos ya nada hemos visto muchas primaveras y muchos otoños, y hasta algunos duros inviernos sociales y personales. Pero por muy curados de espanto que estemos siempre queda un hueco a rellenar.
La última encuesta hecha en las tres capitales de la Comunidad Autónoma Vasca sobre gente que vive y pernocta en la calle es uno de esos sobresaltos que uno se echa al zurrón de las sorpresas. Quien más quien menos se ha topado más de una vez con algún indigente reposando en un banco público o ha conocido a los habitantes de los puentes. Pero cuando alguien se toma la molestia de hacer un recuento de las personas que duermen bajo las estrellas, en el mejor de los casos, o bajo la lluvia y el frío, en el peor, nos damos cuenta de que el individuo del banco no es más que una pequeña parte de la multitud.
Casi trescientas personas duermen a la intemperie en nuestras capitales mientras la mayoría nos cobijamos entre edredones de plumas nórdicas en confortables habitaciones caldeadas a nuestro gusto. A veces hasta tenemos nuestras preocupaciones cotidianas y a pesar del microclima que disfrutamos para un reposo placentero, apenas podemos conciliar el sueño. Las facturas, los colegios, las relaciones con el jefe, las notas, los desencuentros con la cuadrila...
Son los pequeños demonios que nos perturban el sueño y nos soliviantan la vida. Después hay otros grandes demonios como la catastrófica situación económica, el desmadre de la política, los grandes desastres naturales o el injusto IVA que se aplica a la cultura, por poner algunos ejemplos. Estos pequeños y grandes diablos son los que ocupan nuestras conversaciones y preocupan a nuestro entorno.
Y en medio de todo eso qué. Por qué dejamos en barbecho el territorio común de la solidaridad. Por qué obviamos un estrato social marginado y nos saltamos ese charco, sin grandes esfuerzos, por miedo a que nos salpique. Por qué lo que llamamos bienestar nos ha fagocitado nuestra condición de seres humanos. ¿Sabemos algo de los pequeños demonios de los sintecho?
Ah! ¿Pero existen? ¿Tienen demonios?
Claro. Y son nuestros vecinos aunque no figuren en el padrón por su condición de itinerantes en la ciudad y en la vida. Es evidente que nada o poco se puede hacer frente a grandes desastres naturales o frente a movimientos macroeconómicos que exceden nuestra capacidad de reacción. Pero hombre... ayudar al vecino... Está claro que somos un país medianamente solidario y que nuestras instituciones ponen los medios para evitar o paliar en la medida de sus posibilidades estas situaciones. Pero el calor humano es otra cosa. Se pueden compartir y combatir pequeños y grandes demonios con nuestros vecinos. Posiblemente el resultado sea más confortable para el espíritu que el mejor edredón nórdico.

martes, 1 de octubre de 2013

necesitamos una epidémia vírica


HAY quien dice que el dinero puede más que la sangre. A mí esa frase me hace evocar la ola de insolidaridad que nos está inundando socialmente y que puede acabar por arrasar los valores sobre los que hemos cimentado nuestra sociedad.
Insolidarios ha habido siempre. Alguien podría decir también lo contrario, y sería cierto. En realidad la gran masa social se ha movido históricamente en tierra de nadie, en una indiferencia alevosa cobijada en las mayorías. Pero la verdad es que en los últimos años se están produciendo migraciones masivas que avanzan inexorablemente desde “tierra de nadie” hacia la militancia en la insolidaridad activa y en muchos casos hacia la xenofobia.
Por no hablar de la “aporofobia” (odio y rechazo al pobre), término no reconocido por la RAE pero acuñado acertadamente por Adela Cortina, toda una autoridad en políticas sociales. Porque ya no son sólo esos grupúsculos fascistoides que están emergiendo en toda Europa. A estos movimientos de canibalismo social se están sumando algunos gobiernos que hasta hace bien poco pasaban por ser ejemplares en el respeto a las personas y por la puesta en marcha de políticas sociales avanzadas. Pero, efectivamente puede más el dinero que la sangre. La ideología solidaria se está transformando en un egoísmo exacerbado: lo mío sólo para mí.
Hace poco vi un anuncio promocional de una cadena de televisión en el que los comportamientos de las personas se iban transformando de forma vírica. Una persona ayudaba a un ciego a cruzar la calle mientras otra observaba con simpatía el gesto. El observador se encontraba con una señora llena de bolsas de la compra y le ayudaba a subirlas a casa, mientras era observado por otra persona que a su vez hacía un gesto similar ante una situación parecida, mientras era observada por otra. Y así sucesivamente.
Ya se que las epidemia están mal vistas pero yo propongo a quien corresponda que se promocionen, se cultiven y se liberen en el ambiente estos “virus solidarios” hasta que sean una plaga imposible de controlar. Creo que sería la mejor vacuna social ante los tiempos que se avecinan y ante las actitudes y egoísmos que no se avecinan porque ya están aquí. No podemos dejar que el dinero nos compre la conciencia y nos chupe la sangre, esa sangre que compartimos todos.

jueves, 1 de agosto de 2013

programación gris marengo

CREO que la oferta cultural del país está más o menos a la altura de las circunstancias en estos meses del solsticio más esperado del año. Bendita época estival en la que nos quitamos la cuadrícula de la vida gris marengo, nos despojamos del traje de rayas laboral y nos volvemos un poco peliculeros californianos en las costumbres.
Pantalón corto, chanclas, cervecitas y anarquía horaria. El sol y el buen tiempo obran milagros en el cuerpo y el espíritu. Es cuando más disfrutamos de nuestro tiempo o simplemente pasamos de el por qué no nos agobian las urgencias horarias. Particularmente soy, desde mi más rebelde adolescencia, un enamorado del blues y del jazz. Y soy de los pocos privilegiados que coincide con su hijo, treinta y cinco años más joven, en los gustos musicales. Mis colegas eran más rockeros pero nunca hubo la más mínima fricción. Cada cual a lo suyo con su cada quien.
Tengo pues unos gustos musicales con cierta raigambre que no son precisamente estacionales. No coinciden con solsticios ni modas, con grupos ni con nuevas tendencias. Forman parte de una cultura que, como todas, necesita casi “el pan nuestro de cada día”. Y si esto es pedir demasiado, al menos una vez a la semana o cada quincena. O si quieren, cada mes.
Admiro la efervescencia musical de estos días, ese concentrado de grupos, lugares y estilos para todo tipo de tribus urbanas, tribus rurales, tribus y hasta lobos solitarios. Pero me resisto un poco a los empachos porque, entre otras cosas, afectan negativamente al páncreas, no permiten degustar con fruición las exquisiteces y no dan tiempo a regurgitar lo escuchado para valorarlo en toda su dimensión. Tenemos festivales de jazz en Getxo, Gasteiz y Donostia, todos ellos con figuras de primera línea mundial. Además de las programaciones de otros pueblos y ciudades.
Todo ello apenas en un mes. Son una sucesión sucesiva de delicatessens que nos desbordan. Salvo los más afortunados, apenas tenemos tiempo ni dinero para satisfacer nuestra melomanía. Yo al menos no puedo estar todo un mes de gira por Euskadi. Y el que puede, los escucha todos. Pero luego que...
Echo de menos una programación más ordenada y escalonada en el tiempo. Particularmente no me importaría, y creo que a nadie, escuchar a Chick Corea y a Paco de Lucía en pleno febrero; ni a Diana Krall en noviembre. Creo que ese placer no está intrínsecamente ligado al verano. No me importaría que convivieran las dos programaciones aunque creo que por la importancia de las figuras serían prácticamente excluyentes. Simplemente por decir algo... Los museos programan exposiciones durante todo el año, la temporada de ópera tiene también su propio calendario, las salas de exposiciones no se abarrotan de obras de arte de diferentes autores.
Cada genio tiene su espacio, su tiempo, su público y su momento de gloria tanto para él como para sus admiradores. No se genera una inflación que acabe por devaluar lo artístico y la mística que genera cada autor en su parroquia. El resto del año también existe y el público es fiel independientemente de la época. Al margen de las programaciones locales, siempre de agradecer, también se necesitan momentos de placer espiritual y musical, con figuras de primera línea, en medio de nuestro periodo gris marengo.

historia de una adopción

caminos sinuosos

Todos los caminos en la vida son sinuosos. No hay líneas rectas para avanzar porque los obstáculos surgen estratégicamente. La propia exis...