jueves, 3 de enero de 2013

el "recurso" como diálogo

ÚLTIMAMENTE la política, perdón algunos políticos, tienen una tendencia preocupante a judiciali- zar actuaciones propias del ejercicio de esta actividad para avalar legalmente sus decisiones. Que yo recuerde, y es así como se han forjado los grandes acuerdos y hasta acordado las desavenencias, antes las discrepancias pasaban previamente por la vía del diálogo, la negociación, la diplomacia y el ta- lento de los protagonistas antes de llegar a esa señora con los ojos tapados que empuña una balanza de antiguo tendero para sopesar los argumentos de cada cual. Se han eliminado del comportamiento de algunos políticos esos pasos previos, aunque fuesen de baile de salón, que desbrozaban muchos senderos para poder llegar al claro del bosque. Quizá por las necesidades inmediatas que nos agobian o porque no hay argumentos para negociar. La cosa es que amparados en las grandes urgencias, como si el mundo se fuera a acabar al día siguiente, cada uno va a lo suyo y que decida la Justicia, que como es lenta y juega a la gallinita ciega, a lo mejor no me quita lo “bailao”. Igual ahora, desenmascarado el error predictivo de los mayas, se lo tomen con más sosiego. Las consecuencias de este “modus operandi” vienen a ser algo así como que la acción política está permanentemente en manos de los jueces. El Tribunal Constitucional tiene en cartera en estos momentos decenas de recursos pendientes de resolución. Y no son baladíes ni responden a teorías filosóficas con las que nos jugamos el criterio pero no el cocido. Son recursos sobre Sanidad, Educación, Reforma Laboral, Pensiones, Competencias entre administraciones... Y así “hasta el infinito y más allá”. Y entre todos estos, aunque en otros niveles, hay recursos que hacen sonrojar a cualquiera. El último ha tenido como escenario el Ayuntamiento de Basauri. El equipo que ha perdido el poder en las últimas elecciones municipales ha presentado un recurso contra los actuales rectores porque les han desalojado del despacho destinado al Gobierno. El argumento inicial les acusaba de “violación domiciliaria”. “¡Manda güevos!” A los jueces parece que ya les toca hacer de todo. No me extraña que Gallardón se haya inventado la “tasa judicial”. Las arcas de Hacienda, además de sangrar a los ciudadanos, van a recuperar mucha pasta de la que sueltan sólo por los recursos entre administra- ciones. A falta de diálogo ¡toma recurso!

sábado, 3 de noviembre de 2012

democracia distributiva

EN los últimos dos meses llevamos ya tres procesos electorales autonómicos, ademas de las ge- nerales que se celebraron hace un año con una participacion de casi veinticinco millones de personas, al margen de cual fuera su sentido del voto. Y así sucesivamente durante unas cuantas legislaturas. Parece la esencia de la democracia participativa, la fidelidad al espíritu de un hombre un voto. Lo que no entiendo es que el resultado de la suma de todas esas voluntades, aunque sean contrapuestas, no se aproxime ni por casualidad a la intención de los votantes. Porque es evidente que nadie esta de acuerdo con lo que esta pasando. Ni los ciudadanos que votan, ni los políticos que administran a los ciudadanos, ni los banqueros que administran a los políticos y saquean el presente y el futuro de los ciudadanos. Es decir, no está de acuerdo ni Dios. Perdón...ni la Iglesia. Bueno, quizá algún perverso social y ese ectoplasma que llaman finanzas, que no tiene rostro ni alma, pero si un apetito voraz. ¿Que sucede entonces desde que se inicia el ritual de la democracia participativa para que cada voto unido a los demas acaben en un archivo corrupto que aborte el fin ultimo de la justicia distributiva? Debe ser un proceso de alquimia muy sofisticado y complejo porque realmente no lo entiende nadie. ¿Que queda en todo esto de aquella forma de gobierno qie inventaron los griegos clasicos, porque los de ahora no estan para inventos, y que tuvo su perfeccionamiento en la era moderna al añadirle los principios de libertad, igualdad y fraternidad? Lo que más me cuesta admitir es que los peones, los aparejadores, los arquitectos y los ingenieros de esa construcción son las personas. Los que padecen la situación, los que la lamentan, los que la aprovechan, y los que la provocan, son las personas. Pero sucede que todos hablan del mal como sí viniera de Marte y no tuvieran nada que ver en su génesis. Tamaña desafección me tiene abrumado. Yo entiendo que la gran mayoría son inocentes, en el sentido jurídico, y más inocentes aún desde el punto de vista de la candidez. Pero otros no, por mucho que se empeñen en interpretar a Pilatos en version libre. Creo que es más bien una cuestión de valores, tanto el comportamiento de unos como de otros. Los unos votan en función de unos valores que propugnan la óptima gestión de los recursos para una mayor cohesión social, solidaria y justa, mientras a otros les animan los valores mercantiles que pueden ser de todo menos solidarios. Es lo que tiene la polisemia, que amparados en los mismos valores unos tratan de gobernar personas y a los otros solo les anima la gestión y acumulación del dinero. A ver si las nuevas corrientes filosóficas amplían el principio de de- mocracia participativa dándole una finalidad de democracia distributiva.

miércoles, 1 de agosto de 2012

la escuela Pinocho

TENGO un amigo que utiliza una técnica de análisis de la realidad que te permite conocer el futuro con una exactitud del 100%. Y no se llama Rapel ni pontifica a las dos de la madrugada en ninguna telebasura para sacarles los cuartos a atribulados ciudadanos a los que prometen premios de lotería seguros o próximos lances amorosos que hagan cambiar su vida. Se llama simplemente Javier. Pero tiene la costumbre de leerse todos los días los periódicos con mucha parsimonia. No se salta un solo día. Está jubilado y no tiene prisa. Aunque la consecuencia es que se le van acumulando y lleva ya tres meses de retraso. Pero esto no le agobia porque sigue sin tener prisa. De hecho, en sus lecturas, la prima de riesgo va por los 320 puntos y el escándalo en la clase política es mayúsculo, aunque dicen tenerlo todo controlado. Javi lee sin sobresaltos, nada le sorprende, y de vez en cuando esboza una beatífica sonrisa. Es un gesto espontáneo de misericordia con la audacia de los ignorantes. Levanta la vista y se abstrae unos instantes de la lectura para centrarse en la realidad. Piensa en las grandes corrientes filosóficas, en los grandes teóricos del comportamiento de los mercados y las finanzas, en las escuelas de macroeconomía y en la aportación de todos ellos al saber y al conocimiento. Una ingente literatura para transmitir conocimientos a los más espabilados, a aquellos destinados a regir los destinos de los demás. Los alumnos aventajados. Vamos... los que mandan. Pero él, como todos los jubilados, tiene sus lapsus de retorno fugaz a la infancia, que en el fondo es el origen de todo, de lo bueno y de lo malo. Ha llegado a una edad en la que hay más futuro rebobinando el pasado que oteando el horizonte. Observa de nuevo los diarios apilados, los que le faltan por leer para conocer lo que viene después de que la prima haya alcanzado los 320 puntos y esté “todo controlado”, y piensa en la escuela que creó Pinocho. Esa que acaba con final feliz, como casi todo en la infancia. Menos mal que nunca se escribió una segunda parte en la que Pinocho se hiciera adulto. Seguramente hubiera vuelto a utilizar la mentira como mejor recurso para eludir la realidad, pero esta vez sin hada madrina que recompusiera su nariz. Imagínense el tamaño que alcanzaría, de día en día, como la prima de riesgo. Pero Pinocho se quedó en la infancia con los niños de antes. Esos que sí crecieron y nos gobiernan ahora protagonizando la segunda parte del cuento universal. Javi tiene conocimiento de causa y periódicos atrasados para certificarlo.

viernes, 1 de junio de 2012

"créditos" sociales

EN estos tiempos de crisis es cuando mejor se revelan las esencias de las personas, cuando la radiografía social refleja certeramente lo que somos. Sin boatos ni loas, sin celofán de diseño. Es cuando el ectoplasma no logra despistar la realidad de quien lo proyecta. Se ha escrito mucho sobre si lo que decimos es consecuente con lo que hacemos, y viceversa. Pero no es más que literatura voluntariosa que aporta lo que puede sin centrarse en lo que debe. Al final es la penuria, la miseria moral asociada a la deriva económica la que pone en crisis los valores que predicamos. Todos nos volvemos un poco traslúcidos a los ojos de los demás y hacemos buena la frase que John Le Carré acuñó en La casa Rusia: “Ningún hombre está a la altura de su retórica”. Hay excepciones que no confirman más que eso, que son excepciones. Aunque cada uno nos consideramos vocacionalmente “la excepción”. Todos guardamos celosamente en el zurrón media docena de buenas acciones que al recordarlas nos reconfortan y nos reconcilian con nosotros mismos. Las hemos aireado en múltiples ocasiones, como quien se ve obligado por el contexto, siempre que se ha presentado la oportunidad. Pero nunca hemos narrado a nadie nuestras omisiones. Esas enturbiarían nuestro discurso y es- parcirían la duda en nuestros interlocutores. Pues muy a nuestro pesar estamos muchísimo más cargados de omisiones que de buenas obras. Aquí no pasa como en los modernos sistemas de enseñanza en los que trescientos “créditos” son suficientes para obtener una diplomatura o una licenciatura o... como rayos se llame ahora! Esta es la carrera de la vida. El que crea que ya tiene los “créditos sociales” necesarios para vivir en la autocomplacencia debería escrutar su entorno. El que aflora y el que permanece oculto, un entorno en el que el drama social es tangible y se ceba además en los más débiles: Más de dos millones de niños del Estado español viven en hogares por debajo del umbral de la pobreza. Son datos aportados hace unos días por UNICEF y avalados por los datos del Instituto Nacional de Estadística. ¿Quién se hace cargo de esos “créditos” que hemos generado entre todos? Yo desde luego no cuento con la banca ni con las finanzas por- que ni les conozco ni me interesa. Y si me los encuentro podría llegar incluso a ser violento. Con lo que cuento es con que todos y cada uno de nosotros dejemos de considerarnos “la excepción” y actuemos en la medida de nuestras posibilidades sin buscar fórmulas mágicas ni líderes espirituales. Sin retórica, sea nuestra o ajena, que nos supere. Estando simplemente a nuestra altura.

viernes, 2 de marzo de 2012

el reposo del parado




HACE poco ha salido de la cárcel el preso que más años llevaba recluido en las prisiones españolas. La friolera de treinta años y sin delitos de sangre. Por lo visto la condena se le ha ido alargando como un chicle por los sucesivos intentos de fuga que ha protagonizado a lo largo de su dilatada carrera delictiva. Aunque querer escaparse, a decir verdad, me parece algo consustancial a alguien que está encerrado. Que la sociedad considere que merece ese castigo es una cosa, y que el que está preso quiere la libertad es otra.
Pero lo más curioso del caso es que a este tipo le ha dado tiempo a todo. Desde que desertó del servicio militar e inició ese peregrinaje de centro penitenciario en centro penitenciario ha tenido mujer y dos hijas y, a pesar de sus esporádicas escapadas, se ha ganado hasta el derecho a dos años de subsidio de desempleo. Eso sin contar que la notoriedad que ha alcanzado por el récord de reclusión le ha hecho merecedor de los focos mediáticos y, en consecuencia, del interés general de la ciudadanía. De lo contrario no se explica que quieran hacer una película sobre su vida y “milagros”. Ah! Evidentemente cobrará sus correspondientes derechos.
Tampoco es algo nuevo. La historia más reciente nos hace recordar el caso de “el vaquilla” y sus secuaces cuyas andanzas son más conocidas que las de Don Quijote, merced a la cantidad de celuloide que se ha gastado narrando sus vidas. “El Lute” fue otro best seller de consumo masivo por su forma de torear a las parejas de la Guardia Civil. Hasta que se “cayó” de un tren y apareció con toda la cara amoratada y las manos esposadas entre dos agentes con el tricornio calado casi hasta las cejas.
No sé por qué extraña razón este tipo de fenómenos proliferan siempre en épocas de crisis. En cualquier caso no deja de ser curioso que treinta años de reclusión con un curriculum delictivo te lleven a la fama, mientras treinta años de trabajo y esfuerzo te llevan al paro y al anonimato.
Una vez le oí decir a un recluso, que no sé a quién parafraseaba, que no conviene interrumpir el sueño de un preso porque puede estar soñando que es libre. Quizá tampoco convenga violentar el reposo de un parado porque puede estar soñando que es rico y famoso.
En conclusión, creo que no hay que despertar a nadie. Todo el mundo tiene derecho a soñar, y más en estos tiempos.

miércoles, 1 de febrero de 2012

globalización vulnerable

ESTO de la globalización y las nuevas tecnologías produce tal aceleración en nuestra vida y nuestros comportamientos que apenas nos queda tiempo para disfrutar de nuestra propia soledad. Tenemos a nuestros amigos y a nuestros enemigos a un toque de tecla. Y ellos a nosotros también. Todos somos un poco intrusos de todos e incapaces, por tanto, de administrar con el reposo preciso nuestras propias circunstancias vitales. Toda nuestra vida es permeable a las tormentas del ciberespacio sin que apenas podamos discriminar la lluvia con la que nos queremos refrescar del granizo que nos aporrea hasta magullarnos la intimidad.

Pero hay algunos hechos insólitos que merece la pena analizar, retrotraerse en el tiempo y, con perspectiva, extraer conclusiones. Las buenas y las malas. Porque como decía un ilustre pensador, las experiencias en sí mismas tienen un valor relativo; lo importante es saber qué hacer con ellas.
El primero de estos hecho se produjo hace unos meses con un fallo en unos servidores de Canadá que inhabilitaron durante varios días los servicios de correo electrónico de las blackberry en más de medio planeta. La zozobra y el caos comunicativo que generó este accidente entre millones de usuarios tuvo para algunos dimensiones apocalípticas. La compañía que tuvo el fallo es lo de menos. La conclusión importante es la vulnerabilidad del sistema y su afección en las relaciones interpersonales e, incluso, interempresariales.
Volver a los métodos tradicionales como el correo postal o la telefonía fija hubiera supuesto para algunos el retorno al pleistoceno tecnológico, época que los más jóvenes ni siquiera recuerdan.
Estos días hemos asistido al cierre, por imperativo legal, de “megaupload”. Un portal que concentraba el 7% del tráfico de la red. Este hecho, de por sí significativo, lo es más, si cabe, por los movimientos de protesta que ha generado en algunas de las webs de referencia en el ciberespacio, que interrumpieron sus servicios durante veinticuatro horas.
Es innegable que una sensación de orfandad colectiva en el acceso al conocimiento se apoderó de millones de usuarios. Afortunadamente el “cataclismo” fue intencionado y el servicio se restableció con normalidad en veinticuatro horas.
En definitiva, los dos hechos de referencia han hecho crujir algunos de los cimientos de la globalización con su correspondiente afección a las relaciones personales, tráfico comercial, acceso al conocimiento…
¿Qué pasaría en caso de apagón digital permanente? ¿Cómo lo hacíamos antes?
Quizá necesitemos el reposo preciso que da la soledad para poder administrar nuestras propias circunstancias vitales.

jueves, 1 de diciembre de 2011

refundar el sistema

NO sé lo que está pasando en este ocaso de los dioses que está viviendo Europa y su “calidad de vida” pero me siento como el grupo de estudiantes de Viernes 13, a punto de ser descuartizado por una bestia malévola que no estaba invitada a la fiesta ni se le esperaba. Y lo peor de todo es que me temo que el final de este culebrón guardará similitudes con el film. Es decir, aquí no se salva ni dios.
Llevamos al menos dos años en pleno proceso de decantación de poderes entre las instituciones europeas y los gobiernos soberanos de Alemania y Francia. Hemos visto cómo los órganos comunes se replegaban mientras los dos motores de Europa desplegaban poderío como un pavo real en celo. Un tándem, por lo visto, destinado a rescatar las esencias de la unión monetaria frente a los perversos mercados empeñados en hundir a este Titanic del euro que hace aguas sobre todo por el Mediterraneo.
Al final, de la pareja, parece que sólo queda uno, es decir una. A la que nadie entiende muy bien pero se le permiten todas las licencias. De las instituciones europeas no se tiene ni noticia. De los gobiernos “soberanos” sólo quedan los restos porque tanto a las economías como a los políticos se los ha llevado la crisis. De la Unión Europea sólo queda el espíritu y de la zona euro sólo nos quedan incógnitas. Entre tanto, “nosecuantos” millones de ciudadanos de la UE asistimos impávidos y perplejos a esos trasiegos de palacio cuyos resultados no generan más que zozobra y pesadumbre. La última ocurrencia aireada por diarios alemanes es que el tándem de prevalencia germanófila está planteando a sus colegas galos una especie de pacto entre estados para implantar una mayor integración fiscal, pasándose así “por el forro” la opinión de las instituciones europeas y la de los 27 países que las integran. Y Van Rompuy y Barroso de gira por la estratosfera mientras se prepara el acta de defunción de la UE.
Pero lo que se cuece en la parte alta escuece, y mucho, entre los ciudadanos de a pié. Es cierto que hemos sido derrochones, que nos hemos endeudado hasta las cartolas y que lo que teníamos ha pasado a sus verdaderos dueños, a los bancos. Pero alguien habrá incentivado este desenfreno. Lo suyo sería compartir las consecuencias.
Pero no. Los beneficios han sido para unos pocos a los que además se les incentiva su buena gestión con bonus multimillonarios mientras las miserias se socializan. En definitiva, todo patas arriba. Ni la UE funciona ni los estados son soberanos. Aquí los verdaderos protagonistas son los mercados, son los que manejan la motosierra que nos va a descuartizar a todos. Creo que no sólo hay que refundar el sistema económico, sino también el político, el institucional, el sindical, el ciudadano y hasta el doméstico para evitar una segunda parte de Viernes 13 antes de que nos falle la memoria.

martes, 1 de noviembre de 2011

Uno a uno

DOS casos similares que se han dado a conocer en el intervalo de apenas diez días me han dejado perplejo y a la vez compungido. Uno de ellos ha dado la vuelta al mundo por la crueldad extrema que representa y, sobre todo, porque lo han grabado las cámaras de seguridad y ha podido ser difundido por las televisiones de todo el planeta. La historia, ocurrida en la provincia China de Cantón, es realmente espeluznante. Una niña de dos años es atropellada por una furgoneta que pasa hasta dos veces por encima del cuerpo de la pequeña que queda tendida en el asfalto. Dieciocho, sí, dieciocho personas pasan junto al cuerpo roto sin inmutarse. Las cámaras perciben de repente a un ser humano. Una mujer de edad avanzada recoge el cuerpo inerte y trata de socorrer a la niña trasladándola a un hospital. Entre las dieciocho personas, además del conductor, no había ningún invidente aunque sí muchos desalmados. Podría ser su hija, pero no lo es.

Las imágenes han dado la vuelta al mundo. El fallecimiento de la pequeña, dos días después, apenas mereció unas líneas en los diarios. Como no había imágenes, las televisiones lo obviaron. Unos días más tarde, en otra provincia China, un niño de cinco años fue atropellado por un camión cuyo conductor al ver que el pequeño seguía con vida trato de rematarlo.

Hizo otra pasada sobre el cuerpo inanimado y consiguió su objetivo. Era mejor negociar con sus padres una indemnización por el fallecimiento que pagar los gastos del hospital, mucho más gravosos para sus arcas.

Como no había transcurrido mucho tiempo desde el suceso anterior, y además de esto no había imágenes, el asunto se liquidó en los periódicos con un “breve”.

Posiblemente en días sucesivos se habrán repetido hechos similares pero, por reiterativos, han desaparecido hasta de los “breves”. Cuando sean miles los niños muertos en estas circunstancias aparecerán en las estadísticas oficiales de Tráfico. Pero sin historia personal, sólo un guarismo.

Parece que las tragedias no lo son tanto si los muertos no se cuentan por miles. Sólo así se remueven sentimientos y conciencias y se movilizan las ayudas humanitarias en un derroche de solidaridad interplanetaria.

Posiblemente los dieciocho “suecos” de Cantón y el transportista, lúcido en el cálculo de costes, hayan visto con horror las imágenes del terremoto de Haití o las más recientes de Turquía. Se han colado en su hogar a través de la televisión. Y hasta tendrán una mascota a la que adoran. Pero la calle es la calle y ahí estamos esperando a alcanzar de un momento a otro los siete mil millones de personas.

Y en esas magnitudes las personas sólo cuentan por millares o por millones. No queda espacio ni sentimiento para las particularidades. Creo que fue precisamente un sabio chino quien acuñó el aforismo de que una carrera de mil kilómetros empieza por el primer paso. Sin éste, nunca se llegará al final. Siete mil millones de personas son siete mil millones de individuos. Uno a uno.

sábado, 1 de octubre de 2011

dejemos hablar al "ruido"

MUCHO se ha especulado a lo largo de la historia con la búsqueda de un lenguaje común que traspasara las fronteras idiomáticas y nos permitiera expresarnos sin esos intermediarios o interpretes habituales a los que siempre se les quedan los matices en el zurrón. Esos pequeños matices de los que depende en muchas ocasiones la buena o mala interpretación de las palabras del prójimo, incluso hablando el mismo idioma. Esa travesía, aún inacabada, nos ha inducido muchas veces a tratar de universalizar una lengua ya conocida o a inventarnos un nuevo vocabulario con sus correspondientes reglas ortográficas y gramaticales. Pero ninguna de esas propuestas ha llegado a generalizarse lo suficiente. Ni el francés ha convencido a toda la diplomacia del planeta, ni el esperanto ha pasado de ser una anécdota, ni el inglés, quizá la lengua más próxima a lo que pretendemos, ha dejado de ser una asignatura pendiente en muchos países. Ahora la moda es el chino porque en breve se van a convertir en los amos del mundo. Lo que no se es qué chino, porque en ese gigante hablan cuatro lenguas oficiales y tienen más de mil dialectos que nada tienen que ver entre sí. Y eso sin entrar en la dificultad que entraña aprender una lengua gutural con más caracteres que los millones de chinos que lo hablan.
Total que seguimos en esa pelea empecinados en una línea de investigación ya fracasada o que al menos ha tocado fondo.
No entiendo por qué no exploramos más en las capacidades humanas, en su poder de asimilación de otras formas de comunicarse, en la explotación de otros ámbitos que no sea el puramente verbal. Por qué no exploramos más el ruido. Sí, la música. Eso que Napoleón consideraba el menos molesto de los ruidos. Esa forma universal de comunicar sentimientos, sensaciones, inquietudes, ese metalenguaje que se percibe con todos sus matices aunque no sepamos nada sobre cómo se ha construido. Porque lo importante es lo que se comunica. Y ese “ruido” transmite. Se entiende y es solidario y positivo.
Es además el mayor exponente de la interculturalidad entendida como elemento de fusión entre razas y pueblos, como ámbito de conexión entre amigos y enemigos, donde la armonía diluye el conflicto en los sonidos que la transmiten. Ese sí es un lenguaje universal que hablan algunos, entendemos todos y no necesita intérpretes.
Dejemos hablar al “ruido” cuando nos separen los idiomas y las palabras. Quizá nos entendamos mejor sintiendo lo mismo.

viernes, 1 de abril de 2011

Fukushima, el último juguete roto

SIEMPRE se ha dicho que cuando las fuerzas de la Naturaleza deciden poner al hombre en su sitio no hay capacidad humana ni técnica que las pueda controlar. La historia está llena de terremotos, seísmos, huracanes, maremotos… y así hasta dejar a las “siete plagas” de Egipto como una pequeña onda en un vaso de agua. Es lo que tiene la Naturaleza, que cada vez que estornuda nos rebaja la soberbia hasta devolvernos a nuestra condición de inquilinos pasajeros en el planeta, como individuos y como especie.

Pero el hombre tiene una tendencia innata a imitar a los dioses que él mismo ha creado para suplir sus propias carencias. Y en ese “juego” a ser “divino” es capaz generar fenómenos que ni él mismo puede controlar ni la Naturaleza sabe administrar porque son algo exógeno a su propia esencia.
El mejor ejemplo de esos delirios de grandeza lo están viviendo ahora los japoneses y lo siguen viviendo desde hace veinticinco años los habitantes de Chernobil.
Fukushima es el último juguete roto. Un juguete de tecnología punta manejado por la que se supone ingeniería más avanzada del planeta. Pues bien, toda esa tecnología y toda esa ingeniería son incapaces de recomponer algo que ellos mismos habían construido y desde luego ni ellos ni el resto de expertos del mundo mundial pueden ni saben hacer nada para evitar las consecuencias. Es lo que tiene jugar a ser dioses y olvidarnos de nuestra condición de falibles mortales.
Como dicen los expertos en psicología aplicada, a la hora de tomar decisiones es muy importante saber hasta dónde puedes llegar para que la propia decisión no te supere. Pero como dice la sabiduría popular, siempre encontraremos a un culpable. En este caso el tsunami.
En definitiva, la conjunción de fuerzas de la naturaleza con la colaboración necesaria y alevosa de la especie humana, nos han conducido a un desastre todavía no cuantificable y que evidentemente dejaremos en herencia a todo lo que asome por este mundo sea persona, planta, animal o extraterrestre.
Deberíamos aprender de la propia Naturaleza que sufre sus convulsiones sin llegar a poner en riesgo su propia existencia. Nosotros en cambio, como somos tan poderosos que creamos hasta dioses, somos capaces de arriesgar nuestra vida, la del resto de especies y la de los que no han nacido. Total, provocar un cambio climático sólo supone un poquito más de calorcillo.

sábado, 1 de enero de 2011

el coraje de dar ejemplo

RECONOCER que uno padece una enfermedad grave puede que tenga unos efectos personales beneficiosos para afrontar con mayor entereza esa cruz. Pero esas derivas sicológicas, tan subjetivas como desconocidas, las tienen que evaluar los propios afectados y sus médicos. Habrá quien esté de acuerdo y quien no, sobre todo porque muchos de nosotros no nos la reconoceríamos ni a nosotros mismos. Son mecanismos de defensa tan antiguos como la vida misma. Lo que vulgarmente se ha llamado la política del avestruz que, aunque el animalito habite en África, su filosofía se extiende por todo el planeta.
En cambio, cuando el reconocimiento de esa enfermedad se hace en público, con luz y taquígrafos, las consecuencias personales son mucho más imprevisibles y la deriva sociológica entra en una dimensión digna de análisis.
Han sido muchos los famosos que afectados de graves dolencias han dedicado su vida y mucho de su dinero a fomentar las fundaciones y los estudios en su empeño por ganar esa batalla contra el tiempo. Han transformado sus costumbres, sus hábitos y sus relaciones, como si la enfermedad les hubiera cogido haciendo lo que no debían. No cabe duda de que su contribución a la ciencia y, en consecuencia, a la curación de otras personas, es meritoria.
Pero hay otras personas de gran notoriedad a las que la enfermedad les ha cogido haciendo lo que querían y lo que debían. No han cambiado sus costumbres ni sus hábitos ni sus relaciones ni su trabajo. Porque ese es el sentido de su vida antes y después. Me refiero al Alcalde Iñaki Azkuna y a su ejemplo de coraje personal y su compromiso consigo mismo y con los ciudadanos de Bilbao. Además de gestionar a diario las cosas mundanas del municipio transformando la ciudad y haciéndola más amable para sus habitantes, sabe gestionar y liderar también los comportamientos ante la adversidad, afrontar lo que muchos de sus ciudadanos también padecen. Porque la ciudad no son sólo bienes inmuebles, parques y jardines; son también sus habitantes, sus miserias y sus virtudes, sus temores y sus inquietudes.
Iñaki Azkuna es el Alcalde. Sigue dando sentido a su vida, a su trabajo y a su vocación de servicio, antes y después. Sin que la adversidad le cambie el rumbo porque tiene la brújula bien orientada.

jueves, 16 de septiembre de 2010

la foto de "la roja"

Puede que a estas alturas del verano estemos todavía bombardeados por la victoria de “La Roja”. A este triunfo “mundial” se han sumado los caza-imágenes de la “clase” política que nunca habían soñado con tanta gloria televisada hasta en los escaparates de las tiendas. Pero, por los visto y oído, abrir todos los informativos les ha provocado tal empacho de populismo que algunos han decidido desterrar de sus callejeros a ilustres personajes de la historia, la ciencia, la cultura o la propia política, para encaramar en sus paredes a los nuevos héroes. Porque a estos sí que les conoce todo el mundo y, de los otros, en el pueblo no se sabía ni quiénes eran.
¿Juan Ramón Jiménez…?
- Ni idea… ese no vive aquí.
Quizá mi perplejidad no esté justificada y quieran simplemente facilitar a sus parroquianos la localización de las calles para orientar mejor a los foráneos y fomentar así el turismo. ¿Quién se va a resistir a visitar la plaza del que metió el gol decisivo contra Alemania?
No quiero restar ningún mérito a los deportistas, que fueron los auténticos conquistadores, pero sí a los cortesanos figurantes que se colaron en el casting. Por eso, de toda esta caterva de despropósitos, me quedo con una imagen para la historia. Porque esa instantánea es el reflejo de una historia interminable, de una dedicación comprometida, personal y emotiva, íntima, entre padre e hijo, en la competición diaria de la vida. Me emocionó la imagen de Álvaro del Bosque levantando la copa de Campeón del Mundo, un trofeo que su padre, Vicente, el hombre tranquilo y sereno, había conquistado para dedicárselo a él.
Puede que este trofeo haya sido para Álvaro el más visible, con baño de multitud incluido, pero seguramente no es el más importante. La superación de los pequeños retos que afrontan a diario todos los niños con síndrome de Down, esas victorias parciales que tienen como gregarios de lujo a sus padres, son las que aportan los verdaderos momentos de felicidad.
Seguro que Vicente del Bosque encara todos los días problemas más importantes que ganar un campeonato del mundo. Sin suplentes ni posibilidad de cambios. Pero nadie le va a hacer un homenaje ni a dedicar una plaza. Ahí no hay foto. Simplemente soledad… y Álvaro. Paradojas de la vida.

entre amigos

Todas las injusticias son malas por definición, pero las que nos tocan de cerca son más palpables y laceran mucho más los sentimientos. Dejan cicatrices en el alma. Esa es la sensación que me embargaba desde hace cinco años. Cinco años en los que los pequeños detalles de la vida, y de las gentes que transitan por ella, me hacían evocar de forma recurrente a un amigo. Unas vivencias que Olga y yo hacemos más llevaderas hablando siempre de un amigo y no de un recuerdo.
Porque los amigos, aunque ya no estén, siguen compartiendo con nosotros muchas cosas. No están en el recuerdo sino en la intermitencia de lo cotidiano, en un presente discontinuo. Afloran cuando los necesitas y se diluyen en el interior de uno mismo cuando la vida reclama tu atención.
Esa es la sensación con la que convivo desde hace cinco años, desde que José Luís Iturrieta se fue para siempre a las campas de Belatxikita y nos dejó a todos un poco huérfanos de amistad.
Todos esos recuerdos me embargaron hace unos días cuando me invitaron a asistir a la presentación de un libro con una selección de sus artículos. Pero no se trataba de un libro. Para los que estábamos allí era mucho más. Era una reparación de su memoria y su legado. Un homenaje compartido que la miseria humana le negó hace cinco años y que la grandeza de espíritu le ha restituido ahora. Y además fue entre amigos. Eso fue lo realmente emotivo. Él hubiera huido del protagonismo, pero no estaba allí para refunfuñar.
Había gentes de varias generaciones diferentes, de profesiones muy variopintas. Pero también me reencontré con amigos comunes, con compañeros de trabajo con los que sí podía compartir su recuerdo y su memoria. Sin grandilocuencias ni loas merengadas. Simplemente evocando momentos, instantes grabados sin fecha de caducidad. Como corresponde a los amigos.
Ciertamente me sentí reconfortado escuchando a Marije y a Arantza hablar de José Luís. Ví una emoción nostálgica y resignada en los ojos de Dori y Ainhoa y percibí en toda su dimensión el sentimiento generalizado de todos los que estábamos. Ese era Itu. Y se lo merecía.

viernes, 16 de julio de 2010

"Mercancia" sin reventa

Parece que por fin el culto a la estética, la moda de tapar lo feo con envoltorio exuberante, comparte espacio vital con la belleza interior. Hemos debido llegar a la simbiosis de lo que debe ser y no era. Bilbao se ha transformado en las últimas décadas. Ha cambiado la herrumbre cimentada, gota a gota, por el sudor de varias generaciones de trabajadores de Euskalduna, por la belleza despampanante de un museo franquiciado y un palacio hiperactivo. Dos joyas que deslumbran y ejercen un efecto tractor como el de la estrella de Oriente con los pastores y los reales magos.

Después le tocará el turno a un centenario Zorrozaurre de ambiente salobre y edificaciones curtidas por la estiba y desestiba de millones de fardos impregnados con el salitre de los mares del norte. Cuando todo acabe, es posible que compita con la mismísima Brujas o la Petit France de Estrasburgo. Será por puentes…
Volvemos a mirar a una ría que antes teníamos a nuestra espalda. Bilbao no ha crecido pero se ha ido fundiendo gradualmente hasta dar brillantez a las zonas de penumbra que moteaban la ciudad. Ahora son espacios compartidos, abiertos y bellos. Ya no son la periferia, no son restos de industrias debilitadas hasta extinguirse por inanición. Son parte del centro, de la nueva epidermis, de la nueva estética administrada con criterios abiertos, heterodoxa y ecléctica. Hemos inventado donde no había.
Pero nos faltaba algo, una mirada introspectiva que licuara lo nuevo con lo sustantivo, que rescatara nuestra esencia de un letargo no deseado. Por fín hemos entrado en el corazón, en las entrañas. Hemos recuperado una Alhóndiga que llevaba años en barbecho. Y la hemos recuperado como casa pública que aportará “mercancías” no susceptibles de reventa, como producto genuino de consumo propio.
Ese solemne escenario en el que un día se trasegaba con algunos placeres del paladar será a partir de ahora un templo de ocio y cultura en pleno corazón de Bilbao.
Bilbao estaba necesitada de una catarsis que se inició con el teatro Campos, sigue con la Alhóndiga y confiamos en que seguirá con otros centros de la Villa, esos que son vitales para que el cuerpo pueda lucir, cuidar y ampliar su estética.

miércoles, 23 de junio de 2010

¡Aupa Athetic!

Pocas veces se han dado cita en un mismo lugar y en torno a un acontecimiento tantas generaciones pertenecientes a un mismo linaje. Tienen nombres y apellidos diferentes, pertenecen a órbitas sociales muy dispares, forman parte de clanes familiares de relumbrón o, simplemente, son anónimos imbricados en la gran masa social.
Pero comparten sentimientos, algo que se escapa a las leyes de la genealogía y va más allá de a quién toque disputar las competiciones o gestionar la institución en cada momento. Porque eso sólo son referencias históricas. Importantes por su contribución, pero referencias al fin y al cabo.
Los referentes, los que dan cuerpo y contenido, son lo que protagonizan los pueblos, sus inquietudes, sus sentimientos, su impulso social, la cadena sin interrupción. Esos son los que hacen la historia y marcan la trayectoria para el futuro.
Eso es lo que se ha visto estos días con la colocación de la primera piedra del nuevo San Mamés…es lo que nos llevó a la final de Valencia… es lo que nos hizo ganar títulos… y así sucesivamente. Y ese sentimiento, esa comunión de intereses, esa pasión a la que se une cada nueva generación por genética emocional, se llama Athletic.
Un sentimiento capaz de desarbolar intereses políticos conyunturales, diferencias sociales, superar la sima de los desencuentros generacionales, y vertebrarse por encima de todo en torno a un bien común. Esa es la verdadera historia, la que traza con línea firme el sentimiento a través del tiempo, vengan las andanadas por donde vengan.
Eso fue lo que se presentó, y no digo representó, el pasado 26 de mayo en un solar todavía yermo de edificaciones pero repleto de ilusiones y sentimientos. Allí, junto al viejo y honorable estadio, al cobijo de la historia, con los ecos todavía recientes del “beti zurekin”, todas las generaciones de Athleticzales, y la órbita institucional del momento, depositaron todo el peso de la tradición y toda la esperanza para el futuro.
El viejo San Mamés tiene ya la semilla de su relevo generacional y el Athletic su proyecto y proyección de futuro.
¡Aupa Athletic!

miércoles, 5 de mayo de 2010

najwa

La verdad es que hay acontecimientos que nos desbordan nada más abordarlos. Todos creemos que tenemos una opinión razonada hasta que la contrastamos con los argumentos contrarios. Y ahí viene el lío. ¿Cómo es posible que todos tengamos razón opinando cosas totalmente distintas? Puede que la amplitud del problema exceda nuestra capacidad para abordarlo y que sea infinitamente mayor que nuestras posibilidades de solucionarlo.
Me estoy refiriendo al caso de Najwa, esa joven adolescente de Pozuelo de Alarcón que ha sido apartada de un centro público de enseñanza por acudir con el “hiyab” a clase, “transgrediendo” así la normativa interna que prohíbe el uso de cualquier tipo de tocado que cubra la cabeza. En este caso un pañuelo.
Es cierto que ella incumple una normativa que seguramente no estaba pensada para este supuesto, pero no es menos cierto que cualquiera puede poner en entredicho la idoneidad o la conveniencia de esa normativa, aplicada al caso concreto. Cual es entonces el problema: la normativa o incumplirla.
Particularmente me inclino por abordar el precepto y su conveniencia, sobre todo cuando trasciende la pura estética del tocado y se adentra, quizá sin desearlo, en las convicciones más profundas de las personas, en sus manifestaciones religiosas. Tratar el problema sin matices puede ser una frivolidad u obedecer a espúrios intereses no confesables abiertamente.
¿Es igual llevar un “hiyab” en clase que adornarse con una gorra de skater?
¿Le harían quitarse la toca a una monja que acuda a clase como alumna, o ese supuesto sí está contemplado en nuestro imaginario cultural?
Estamos hablando de un centro público de enseñanza en el que por encima de cualquier otra consideración debe primar la tolerancia, un centro al que los alumnos van a aprender a convivir con otras personas, con otras ideas y con otras culturas. Eso es aprender.
¿Cuál es en este caso el valor pedagógico de la actitud del centro?
Sí. Ya sé… Luego viene la discusión sobre si la “hiyab” es una manifestación religiosa o simplemente un símbolo de sometimiento al machismo islamista. Palabras mayores, hasta para el propio Consejo Escolar.
Con sinceridad, no me parece apreciar en la actitud de Najwa algo fácilmente reconciliable con el sometimiento. Por contra, considero su valentía personal un valor en sí mismo.
Todas las culturas tenemos cosas malas que pulir, pero deberíamos dejar que las que no nos hacen daño sigan su curso, porque para otros son esenciales. Particularmente me perece muy pretencioso tratar de cambiar algunas singularidades de otras civilizaciones. Prefiero que aprendamos a convivir con respeto.
Algo haremos mal si en un centro se acepta a Najwa y en otro no.
¿O tienen razón los dos?

martes, 16 de marzo de 2010

Que llamen a House

Ahora que está de moda eso de las nuevas carreras universitarias, Bolonia, las becas Erasmus y demás inventos que nos engullen a los “clásicos” y nos arrastran al pleistoceno, alguien debería esmerarse para inventar una nueva disciplina que analice los comportamientos sociales de algo que puede ser una nueva enfermedad con sintomatología muy dispar. Y por lo visto de esta no se salva ni “dios”. En poco más de cuarenta y ocho horas hemos descubierto que la obispo luterana de Hannover, lider espiritual de nada menos que de veinticinco millones de feligreses, se cocía como un mirlo mientras predicaba la abstinencia. Otro destacado individuo de un partido político defensor del orden y las buenas costumbres impidió que un amigo condujera ebrio y se ofreció a llevar él su vehículo. Parece un claro caso de deformación profesional dado que el citado individuo es miembro de la Comisión de Seguridad del Congreso de los Diputados. Podía haber sido una buena acción si no hubiera habido accidente y prueba de alcoholemia de por medio. Por lo visto, habían bebido juntos.
Pero el caso más llamativo de los predicadores de las buenas formas es el del párroco de dos pueblecitos de Toledo llamados Noez y Totanés, que ofrecía sus servicios sexuales a través de la red y se gastaba la tela de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Salud en teléfonos eróticos. Eso sí, por el “sado” no pasaba. Pero era tan amante de las nuevas tecnologías que llegó a instalar en la iglesia unas campanas automáticas, no se sabe como reclamo de qué.
Y todo esto lo ha descubierto en Google una vecina que se topó con la imagen del cura en calzoncillos grises y en pose atlética, metiendo tripa y sacando pecho, y ofreciendo sus favores como “ardiente, cachondo, sexy y fuerte”. Lo que no se ha contado es lo que estaba buscando la vecina en esas páginas de contactos.
Total, que el cura ha desaparecido y con él un lienzo de San Jerónimo, del siglo XVII, que trataba de vender por nueve mil euros. En el pueblo están que trinan.
¡En fin! Para que vamos a hablar del lío que se trae la iglesia irlandesa o la inglesa, cuyos pecados no se circunscriben a las andanzas de un predicador en cualquier pequeño pueblo recóndito. Son algo mucho más epidémico.
Lo dicho, que alguien se ponga manos a la obra para ver si creamos un MIR que diagnostique y cure estas enfermedades, más extendidas ya que la gripe A. Y si no que llamen a House, que siempre acierta.

miércoles, 3 de febrero de 2010

ni hao Sui

http://bit.ly/2w3SJXT

Olga Sáez y Blas Bermúdez
 (reportaje publicado en julio de 2008)

Plaza de Tiananmen, diez de la mañana, víspera del primero de mayo de 2008, año de la rata, año olímpico en China. Mientras se realizan los preparativos para conmemorar el día de los trabajadores en la plaza más grande del mundo, en el país más habitado del planeta, en una de sus esquinas un grupo de diecinueve familias occidentales se preparan para una foto oficial. Nada nuevo si no fuera porque al frente de esa formación posan también diecinueve niñas cantonesas que estrenan familia. Sentadas en sus sillitas de bebé observan todo lo que les rodea. Todo lo que ven es nuevo y diferente. Lo que les espera es otro capítulo de su historia, aunque todavía no son conscientes. Desde ahí partirán a distintos lugares de todo el mundo para salir del horror de la soledad en la que conviven con 1350 millones de ciudadanos y formar parte de un proyecto de vida. Al fondo, un enorme retrato de Mao Zedong observa la escena sin inmutarse. Es la consecuencia de su política de control de natalidad y unas tradiciones culturales que sitúan a las mujeres en un plano netamente inferior al del hombre. Entre tanto, miles de turistas deambulan cautivados por los 440.000 metros cuadrados de asfalto, ajenos a la realidad de los orfanatos. La mayoría sólo pueden tener un hijo y prefieren que sea biológico. Tiananmen (la puerta de la paz espiritual) es la Meca de los chinos, es la primera imagen que ilustra los libros de enseñanza cuando se produce la escolarización.
Para llegar a la foto de Tiananmen han pasado cuatro años y seis meses desde que iniciamos los trámites burocráticos de la adopción y mucho más tiempo desde que tomamos la decisión. Compartimos muchas horas de charla con nuestros hijos Iñaki y Saioa. Entonces, todavía no existía Sui… nuestra pequeña Sui. Hace apenas trece meses que pasó del útero materno a engrosar la lista de las más de mil niñas que son abandonadas diariamente en China; una cifra similar al número de vehículos que se matriculan a diario en Pekín, una urbe de dieciséis millones de habitantes que se transforma a pasos agigantados para vivir la fiebre olímpica, mientras por la trastienda del país evacuan a miles de niñas con destino a unidades familiares de otros países.
Han pasado cuatro años y seis meses en los que la ilusión de aquellos primeros días se había ido marchitando y en muchos casos las circunstancias familiares eran otras. La voluntad seguía siendo firme pero tropezaba a menudo con el desaliento y la desesperación. A veces, incluso, se refugiaba en el olvido, totalmente arrinconada por el vértigo de la vida diaria. Aunque los niños se encargaban periódicamente de preguntar por la chinita: ¿Cuándo va a venir?
Hasta que un buen día, uno de esos que parece destinado a no pasar a la historia de nadie por su condición de rutinario, recibes una llamada de alguien que se llama María. No consigues asociarla a ningún conocido hasta que oyes la palabra adopción. A partir de ese momento se acumulan y entremezclan las sensaciones sin orden ni jerarquía. No sabes exactamente lo que sientes. Es la representante de la Asociación para el Cuidado de la Infancia que se dispone a dar la buena noticia. Nos comunica, no sin cierto alborozo, el nombre de la niña, la edad, el estado de salud, la provincia desde donde vendrá nuestra nueva hija, la cita para conocer sus primeras fotos y la fecha en la que viajaremos a buscarla, si la burocracia no se retrasa. En unos minutos la cabeza vuelve a dar vueltas como una noria en el tiempo repasando los últimos cuatro años, los trámites, las actas notariales, los sicólogos... En algunos casos incluso han llegado los hijos biológicos deseados a alguna de las familias. En pocos minutos los sentimientos salen del letargo para recobrar la ilusión por la llegada. Es el inicio de un viaje para toda la vida.
Un viaje a un país en el que el férreo control de natalidad que impuso la revolución cultural de Mao y que hoy perdura, chocó contra las tradiciones del pueblo chino amante de las grandes familias que continuaran las dinastías. Pero esa continuidad sólo se da a través de los varones que son quienes conservan el apellido y siguen unidos al clan familiar. Esta circunstancia unida a que sólo puedan tener un hijo tiene consecuencias nefastas para las mujeres. Si le añadimos el hecho de que el trabajo en los campos tiene una componente de fortaleza y resistencia que los chinos sólo atribuyen a los hombres, nos da una conclusión dramática que tiene unas víctimas señaladas: las niñas, que no tienen valor. Son el excedente de una sociedad consumista al por menor, en el corto plazo, cuyo horizonte de futuro está totalmente condicionado por el presente. China exporta muchas cosas, pero sobre todo niñas. Son lo único made in china original y auténtico; posiblemente su producto más genuino y al que menos valor dan.
Pero eso se piensa. Es parte de la historia. La llamada de la ACI marca la realidad y sitúa el momento en el que verdaderamente se inicia la cuenta atrás para viajar hacía un destino desconocido en lo geográfico y mucho más desconocido en lo personal. No hay dudas, pero sí temores. ¿Quién será? ¿Cómo será el encuentro? ¿Se adaptará bien? ¿En qué condiciones estará? ¿Serán fiables los informes que han mandado los chinos? ¿Serán verdad todas las cosas malas que cuentan? Y lo más importante: ¿Estará bien de salud?
Esta última es la gran pregunta entre los padres adoptantes que después de años de recopilar papeles, certificados, visados y todo tipo de documentos llegamos a la etapa final que no es sino el principio.
Este largo proceso ha supuesto para nosotros un via crucis emocional. Aunque nos hemos encontrado con padres adoptantes que habían sufrido un auténtico calvario de hasta nueve años de tramites y cambios de países. Muchos más de los que lo confiesan han tenido hijos biológicos en este tiempo. Algunos han renunciado a la adopción y otros no. Por eso, muchos se cuestionan no sin cierta ironía la paradoja de que a ningún padre le hacen un test para valorar su capacidad para tener un hijo salvo que vaya a adoptar. Porque, curiosamente, nosotros íbamos pertrechados con un certificado de idoneidad emitido por los servicios sociales de la Diputación que rubricaba nuestra condición de personas preparadas para ser padres de Sui, a pesar de que ya teníamos dos hijos.
El viaje

Durante la larga espera hasta el momento del viaje, cada familia afronta el proceso de forma diferente. Los hay muy previsores que tienen la cuna en la habitación desde el primer día en que han decidió adoptar, hay niñas que tienen nombre mucho antes incluso haber nacido y haber sido abandonadas y otras llevan un par de años con su plaza reservada en una guardería. Esto, sin contar los casos de padres adoptantes que reinician el proceso en China después de haber fracasado en otros países.
Así, con temores similares, ilusiones contenidas y mucho miedo, diecinueve familias de todo el Estado iniciamos, el 18 de abril de 2008, seguramente el viaje más enigmático de nuestras vidas. Éramos de procedencias muy dispares pero con una causa común cuyo destino estaba en Guangzou. La mayor parte se habían juntado en Madrid para iniciar el periplo en grupo. Era uno de tantos grupos de todo el mundo que tienen historias muy diferentes pero que cada día viaja a China con la misma finalidad: encontrarse con su hija.
Después de casi un día de aviones y aeropuertos, por fin llegamos alrededor de las seis de la tarde hora local a Guangzhou, la capital de Cantón. Una región cada vez más industrializada y próspera que compite con el mismísimo Pekín en cuanto a la renta per cápita, que se sitúa en torno a los 400 euros mensuales. Nos encontrábamos al sur de una China urbana y profunda, de clima tropical, lluvias casi torrenciales y una población bulliciosa que impregnaba más que la humedad ambiental. La primera sensación era de caos, seguida de un calor sofocante y un paisaje de horizonte difuminado por la contaminación pero muy colorido por la flora casi selvática que adornaba todos los espacios verdes. Los aguaceros no impedían a sus habitantes hacer la vida en la calle.
Llegamos sólos. Eramos los últimos del grupo que llevaba desde las diez de la mañana en el Hotel de encuentro. En el aeropuerto nos espera Chen Chang, un joven estudiante de Pekín, de 23 años, que chapurrea málamente el español y no entiende nada de cantonés, como él mismo confiesa. Posteriormente supimos que además del mandarín, que es el idioma oficial de China, con él coexisten otros tres idiomas con caracteres propios y lenguaje diferente, que son el tibetano, el mongol y el manchú, además de miles de dialectos. Y por si esta característica diferencial no es suficiente, el puzzle chino se complementa con cincuenta y cinco étnias diferentes que, por el peligro de extinción que corren, gozan de unos privilegios capados para el resto de la población. Estas étnias no están sujetas a ningún tipo de control de natalidad.
Chen Chang, que se presenta ante nosotros como Antonio, es el encargado de acompañarnos al hotel donde nos encontraremos todos los padres. A lo largo del trayecto nos va explicando que Guangzhou se encuentra en el sur, apenas a ciento cincuenta kilómetros de Hong Kong, y serpenteada por el río Perla. Tiene unos diez millones de habitantes y es la capital de una provincia famosa por su cocina y por tener a las mujeres autóctonas más guapas de toda China. Zona de grandes cultivos, el arroz está presente en todas las comidas del día. Las verduras “al dente” conforman un kaleidoscopio multicolor presente en todas las mesas. Pescados a la brasa, carnes sin grasa, pollos exquisitos y patos a la cantonesa conforman un mapa gastronómico único en el mundo.
Guangzou es también conocida como la ciudad de las flores porque su clima tropical ejerce un efecto invernadero en el que se desarrolla multitud de flora de los colores más variopintos.
Llegamos al hotel después de casi una hora de tráfico caótico, cruces de alto riesgo y encrucijadas sin rumbo, pero ni un solo frenazo. A pesar de esta fotografía apenas hay accidentes. El tráfico obedece a un orden anárquico en el que conviven coches, carros, bicicletas, transporte público y peatones. El que se adelante un centímetro pasa y los demás no protestan. En China, el que confíe en un paso de peatones para cruzar una calle puede hacerse viejo en el intento.

Encuentro

En el hotel se produce el encuentro con los padres. Hay familias de Andalucía, Madrid, Valencia, Canarias, Zaragoza y País Vasco. Inmediatamente la reunión se convierte en un intercambio de fotos, surgen los primeros miedos, preguntas... Nos quedan apenas veinticuatro horas para el encuentro con las niñas que proceden de nueve orfanatos diferentes, de los 49 que existen en Cantón. Sui y otras dos niñas vienen de uno situado a cinco horas de viaje desde Guangzou, cerca de la frontera con Vietnam.
Es sábado, el primer día de los dieciocho que tendremos que estar en China para arreglar todo el papeleo que permita consumar la adopción legalmente. Este tiempo es además una excusa para conocer las costumbres de esta gente tan diferentes culturalmente a nosotros.
El lunes a primera hora de la mañana los nervios y las tensiones afloran. El hall del hotel es un hervidero de comentarios mientras esperamos al autobús que nos conducirá al registro.
Al mismo tiempo, en otros puntos de la provincia, las niñas y sus cuidadoras están también a punto de llegar al registro procedentes de los orfanatos, en algunos casos a varios horas de distancia de la capital.
Chan, la guía de la Asociación para el Cuidado de la Infancia, trata de distendir la situación y a través del micrófono del autobús nos empieza a introducir en su país, aunque apenas le escuchamos. Lleva cinco años trabajando con la ACI y ha visto adoptar en este tiempo a miles de niñas, aunque también precisa que cada vez son menos. “Aunque hay planes de natalidad, se siguen abandonando, pero también existe el aborto”. Chan nos explica que las diferencias entre zonas campesinas y grandes urbes ha sufrido también variaciones. En las zonas rurales existe cierta permisividad y se autorizan hasta dos descendientes, siempre y cuando el primero de ellos sea niña.
Por contra, en control en las ciudades se ha endurecido. Si alguien se casa antes de los 25 años puede incluso ser expulsado de la universidad. Se puede acceder a un segundo descendiente solicitando un permiso especial y nunca antes de que hayan transcurrido siete años desde el primero. A cambio, el aborto no sólo es legal sino casi “obligatorio”.
A pesar de estas diferencias la mayor parte de las niñas abandonadas proceden de las zonas campesinas cuyo poder adquisitivo y nivel de vida es abismalmente inferior al de las ciudades.
Este es el motivo principal del abandono. Las autoridades llegan a multar con hasta el equivalente a 10.000 euros si tuvieran más de un hijo. Esta cantidad para un sueldo medio de 400 euros (aproximadamente 4.000 yuanes) les arruinaría de por vida.
El grupo es de lo más variopinto. Carlos y Susana, una pareja de sevillanos, tienen ya un hijo de siete años y una niña de dos y medio nacida en este periodo de espera. Ahora van a recoger a su nueva hija de 18 meses. Richi y Marta viajan desde Madrid, con su hijo Juan, un niño de 8 años adoptado en Rumanía. Cuando llegó pensaban que nunca tendría una movilidad completa en las piernas pero ahora, después de varias operaciones, hay que seguirle el ritmo. Otra pareja de gaditanos han dejado en casa un hijo de 18 años; otros canarios de La Palma esperan ver cumplido su sueño después de 9 años de trámites primero en sudamerica y ahora en China. Cada pareja tiene una historia diferente que contar.
Antes las entregas se hacían en el hall de los hoteles pero las protestas de el resto de clientes, mayoritariamente ejecutivos de todo el mundo, han hecho que el ritual se traslade a un local denominado el registro. Tampoco es frecuente que se hagan en los orfanatos. Esto último tiene mucho que ver con la distancia a la que se encuentran de las ciudades.
En el registro nos vamos uniendo, en un hall bastante espacioso, a otros grupos de padres que han llegado antes. Las niñas con sus cuidadoras esperan en una sala desde donde irán saliendo una a una y serán entregadas a sus nuevas y únicas familias. La cuidadora dirá el nombre de la niña y los padres enseñarán la documentación que acredita que es la que tienen asignada. Meilan, Jia, Lixian, Sui... el alboroto, los nervios, las niñas, algunas llorando, los padres también...Es uno de los momentos que nadie puede olvidar. Algunas niñas, las más mayores, no quieren despegarse de sus cuidadoras. Muchas han recorrido un camino de varias horas y están aturdidas, otras presentan evidencias de estar en estado de sock, extrañan su habitat. Todas tienen entre un año y cuatro y sobre todo las más mayores se encuentran fuera de lugar. Sui se hace esperar pero aparece en brazos de su cuidadora como un auténtico ciclón. Casi ausente de todo el maremagnun de padres y niñas lloriqueando está entretenida manoseando y mordisqueando una pequeña bolsa de plástico amarilla. No para de moverse. Gatea para acercarse a todo lo que le llama la atención y mueve la cabeza de uno a otro lado para observar desde su mirilla todo el revuelo que existe en la sala. Por fin se tranquiliza un poco con el chupete y podemos acercarnos hasta el director del orfanato para hacerle entrega de los tres mil euros. Tienen que ser nuevos y posteriores a 1996. Esta es una advertencia que la tenemos bien aprendida. Como la de obsequiarles con algún producto típico. La mayoría llevamos turrón y algún pequeño cosmético. Si el director del orfanato rechazara los billetes por viejos, rotos o pintados no se podría legalizar la adopción. A partir del momento en que se hace el donativo la niña estará ya con familia para siempre, aunque es en los días siguientes cuando se debe realizar todos los papeleos.
Al día siguiente volvemos al registro para formalizar los trámites de adopción. Nos entrevistamos con la secretaria del juzgado y el notario a los que también se hacen los correspondientes pagos y regalos. Es este último quien a través de un acta certifica legalmente la adopción. El tercer día de estancia en China la policía nos facilita una un libro de familia chino. Según nos explica Chan, en realidad se trata más de un souvenir que de un documento oficial pero en cualquier caso es obligatorio hacérselo. Mientras, llevamos dos días disfrutando de Sui. Se ha adaptado perfectamente a nosotros desde el primer momento. Pero no todos los casos son así. Aunque la mayoría de las niñas están bien y únicamente presentan signos de cansancio y extraña, hay una niña que no come desde el día de la entrega. Su madre ha venido acompañada por su hermana (médico), y quieren llevar a la niña a un hospital pero optan por esperar a que lleguemos a Pekin. Al finalizar la semana viajamos a Pekin para recoger los visados. La niña sigue sin comer y las demás se van adaptando poco a poco. Su madre no está dispuesta a seguir en Pekin así que después de pasar por un hospital, consigue que le aceleren todos los papeles para viajar a Madrid. Es un caso excepcional. Algunos padres del grupo siguen muy preocupados por el estado ausente de las niñas. No todas mejoran al mismo ritmo.
Una consulta de una pediatra en el hotel de Pekín ofrece un paréntesis de tranquilidad. Pero la revisión de la pediatra no es suficiente para detectar enfermedades más importantes que no son evidentes. De hecho ocurre en un caso de este grupo y puede que en otros. Una de las niñas presenta unas manchas en la piel que pueden dar lugar al desarrollo de una enfermedad en el futuro. Pero eso se le detecta cuando llega a su comunidad autónoma. En otro de los grupos con el que coincidimos en la visita a la muralla nos encontramos a una pareja a la que habían asignado un niño que presentaba evidentes síntomas de deficiencia mental. Tuvieron que afrontar la difícil situación de renunciar a él. Una denuncia de la ACI hizo que a cambio les dieran una niña preciosa y cerraran el orfanato. Pero la huella les quedará para siempre. Hemos conocido más casos de gente que ha renunciado y después de varios años siguen en tratamiento psicológico.
El resto de los días que pasas en China son de adaptación para conocerles, turismo para disfrutar, también para que te conozcan y sobre todo para comprenderles. China es un pueblo muy hospitalario, lleno de contrastes. Es como si dentro de la propia ciudad caminaran a dos velocidades diferentes de desarrollo. Porque en una misma avenida pueden convivir en diferentes carriles coches, trolebuses, bicicletas, carritos destartalados y coches de gran lujo. Sólo un dato. En Pekín circulan a diario más de seis millones de bicicletas.
Después de varios días de turismo y disfrute de Sui volvemos a casa y nos reencontramos con la familia. Ya somos uno más. Ni hao Sui (hola Sui).

P.D.

Sui JiaZhen fue abandonada en la puerta de una sucursal del Banco Agrícola en el condado de Suixi, provincia de Cantón, el 29 de marzo de 2007. Pesaba dos kilos y ochocientos gramos. A pesar de los anuncios oficiales, no fue reclamada por nadie en el periodo legal establecido. Se pasó sus primeros meses de vida en el orfanato. Era casi autosuficiente. Miles de niñas siguen en su situación. Y les sucederán otros miles que aún no han nacido.




El hilo rojo



El expediente de adopción que se va elaborando a lo largo de tiempo de espera es una pequeña radiografía de la familia en todos su aspectos. La primera reunión en la Diputación es únicamente orientativa sobre el país, las características de su burocracia, el tiempo de espera estimado o el coste económico. China se caracteriza por su seriedad en este tema y ese es el motivo fundamental por el que cada año aumentan el número de adopciones en este país. España figura en segundo lugar después de Estados Unidos. Sin embargo, hace sólo cinco años se contaban con los dedos de las manos los niños de origen chino traídos por padres adoptivos españoles. Ahora hay más de dos mil registrados como ciudadanos de pleno derecho, y el número se multiplica cada mes.
El señor Yu Xiaohu representante de la Asociación para el Cuidado de la Infancia en Pekin es el encargado de tramitar en el Centro Chino de Adopción el expediente de cada familia. En él se recoge una carta de manifestaciones, una declaración de bienes, certificados médicos y de renta y por supuesto el informe de los sicólogos del servicio de Infancia de la diputación correspondiente, así como la garantía económica mediante certificado de las empresas. Todos los papeles compulsados ante notario para verificar la autenticidad de las firmas, la falta de antecedentes penales, la solvencia económica y hasta la disponibilidad de sitio para el nuevo miembro del hogar. También en ese expediente se adjuntan fotografías de la familia, la que será su habitación o las aficiones de los otros miembros. Dicen que los chinos tienen una gran creencia en el hilo rojo por lo que en principio la recopilación de todos estos datos tendría una finalidad: buscar la familia más adecuada a cada bebe.
Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, a pesar del tiempo, del lugar, a pesar de las circunstancias. El hilo puede tensarse o enredarse, pero nunca podrá romperse.
Pero las adopciones en China cada vez se prolongan más en el tiempo y si bien es cierto que las autoridades chinas son rigurosas en el proceso y eso resulta una carta de garantía, la avalancha de solicitudes y los propios efectos adversos de la política del hijo único han hecho que aumenten las adopciones nacionales y que la media de edad de las niñas sea mayor.
En esos cuatro años de larga espera las diecinueve familias que tienen una misma fecha de asignación sólo asistirán a dos reuniones maratonianas donde las sicólogos se disponen a preparar a los padres para el momento del encuentro. Recomendaciones sobre regalos para los orfanatos, orientaciones sobre el dinero...informaciones que quedan almacenadas.

historia de una adopción

caminos sinuosos

Todos los caminos en la vida son sinuosos. No hay líneas rectas para avanzar porque los obstáculos surgen estratégicamente. La propia exis...