martes, 4 de noviembre de 2008

nacionalismo unamuniano

Ya sé que es una osadía por mi parte tratar de enmendar al mismísimo Don Miguel. Lo hago desde una actitud humilde y respetuosa con su obra y su pensamiento. Nunca le discutiría nada literario. Pero cuando se trata de sentimientos intervienen factores que no siempre encajan en la cuadrícula de ese territorio casi común que es la razón.
También entiendo que su particular “pelea” con el nacionalismo estaba condicionada a una época y a unas circunstancias vitales que le exigieron posicionamientos diversos y no siempre concurrentes. Con el añadido de que en aquella época hasta los que más viajaban, viajaban poco.
Pero a mi me gustaría aportar mi pequeño grano de arena sobre el famoso aforismo unamuniano de que el nacionalismo se cura viajando. Por razones de trabajo y por vocación e inquietud personal me he recorrido algunos países de varios continentes sin que haya encontrado, salvo raras excepciones, a gente que no amara a su tierra, sus costumbres, su lengua, su forma de ser y de sentir...
Al contrario. Siempre he coincidido con personas que han tratado de enseñarme sus bondades, orgullosos de lo que son, de su historia, por breve que esta sea, sus costumbres... y han tratado de explicarme su orgullo de pertenencia. No es que lo suyo fuera lo mejor, pero era suyo, sus raíces, sus antepasados, la naturaleza de sus tierras, su idioma, sus relaciones de vecindario con otros pueblos, el orgullo de enseñar a sus hijos sus tradiciones… Siempre sin cuestionarse si lo que había fuera de ese territorio sentimental, casi genético, era mejor o peor.
He aprendido, con la curiosidad del que quiere ver, escuchar y entender, todo lo bueno que he podido de esos pueblos. Pero sobre todo he aprendido una cosa, lo orgullosos que se sienten de lo que son.
Lo lamento Don Miguel, pero creo que viajando no se cura el nacionalismo. Al contrario, se convierte en una “enfermedad” crónica, de las que usted posiblemente estaba aquejado y por eso renegaba de ella.
La Real Academia lo define muy bien: “Apego de los naturales de una nación a ella y cuanto le pertenece”.

miércoles, 1 de agosto de 2007

renuncio al tuteo

La mitad de los adolescentes ha fumado porros y casi un 70% se declara bebedor de fin de semana. Los datos, así puestos sobre papel, han alarmado más aún si cabe a padres y también a profesores. No porque los desconocieran sino porque no se los habían puesto delante de las narices de una manera pública. Estas cifras están ligadas a una consecuencia inmediata: Aumento de violencia en las aulas y falta de respeto total a las canas, ya sean de padres, vecinos, desconocidos o profesores. Y si no que tire la primera piedra aquel que no haya recriminado alguna vez a un adolescente por una acción reprobable y haya recibido por respuesta una impertinencia.
Con esto no quiero, ni mucho menos, meter a todos los adolescentes en los mismos parámetros de comportamiento, pero la magnitud del problema ha llegado hasta el Defensor del Pueblo que ha suscrito la idea de Sarkozy de volver al usted en lugar del tuteo que tanto nos costó conseguir a los de mi generación.
Yo hace ya algún tiempo renuncié a ser amigo de mi hijo por encima de ser padre. En contra de lo que siempre había pensado que debiera ser opté por recolocarme en posición de padre y dejar la amistad para otros foros. Entre otras cosas porque me di cuenta de que en este caso no se cumplía la regla de saber es poder. Es decir que cuanta más complicidad establecía con mi hijo más preso de su confianza me sentía. Esto limitaba enormemente mi capacidad como educador y me convertía en el colega cuyos consejos puedes despachar con un “no me rayes”. Me cercenaba casi el derecho a opinar y por supuesto a educar. Esa amistad con mayúscula me llevaba a responsabilizarme, como cualquier colega suyo, hasta de sus propias impertinencias. Desde entonces decidí ejercer de padre con todo lo que eso tiene de concreto y de abstracto.
Luego lo he comentado con otros padres nada sospechosos de ser autoritarios y me han revelado situaciones parecidas. La última, una madre joven de 35 años, se vio prácticamente autorizando a su hija a emborracharse cuando al cumplir los 17 le pidió permiso para tomar sus primeras cervezas. Al principio pensó que era una gran confianza pero pronto se dio cuenta de que lo único que había hecho era liberarle hasta de la responsabilidad de emborracharse. Ni siquiera tenía que estar esperando a que se le pasara la “kurda” para que no le notara en casa. Y hasta es posible que su madre le diera algo que le pudiera reconfortar pues al fin y al cabo ella le había autorizado.
Bien, pues yo prefiero que tenga la mala conciencia que yo tenía a su edad y que al menos guarde las formas. Quiero, evidentemente, saber que se ha emborrachado, pero también quiero ejercer el derecho de padre a recriminárselo, no a compadecerle.
Por eso, esta vez, y sin que sirva de precedente, creo estar de acuerdo con Sarkozy en que quizás tengamos que volver al usted y tutearnos menos. Sólo con el fin de respetaros más, hasta en las diferencias.

miércoles, 30 de mayo de 2007



Puntillismo en la encrucijada o la contorsión del pensamiento

monarcas de sangre roja

Todos los pueblos, en la medida en que vamos conociéndolos, tienen sus propias manías que suelen ser un reflejo de su historia, sus tradiciones y su folklore. En unos son más acentuadas que en otros, y en la mayoría de los casos responden a retratos de “mala leche” acuñados por sus vecinos. Que si unos son tacaños… los otros no saben si suben o bajan la escalera… los de más allá no piensan más que en la chirigota… Pero confieso que a mi lo de los franceses me tiene un poco descolocado.
Hace unos días me puse a hacer zapping y se me repetía la misma imagen prácticamente en todas las cadenas. Según apretaba el botón llegué a dudar de que estuviera sintonizando todo el rato el mismo canal. El nuevo presidente francés, Nicolas Sarkozy, era omnipresente. Lo mismo aparecía con Jacques Chirac, que en un desfile militar, en coche descapotado, en el palacio del Eliseo o preparado con toda la prole para el retrato de familia frente a una legión de fotógrafos.
Pensé en sus antecesores Francois Miterrand o Charles de Gaulle y me vinieron a la cabeza imágenes similares de pompa y boato más propias de monarquías rancias o escaparatistas que de una auténtica república. Es cierto que la república no la inventaron los franceses, pero no es menos cierto que la reinventaron en su versión más moderna.
Siempre he visto esas ceremonias tipo enlaces matrimoniales, sucesiones a la corona, bautizos y demás hitos del calendario aristocrático, de la misma forma que observo un documental de National Geographic sobre Nueva Guinea Papua o una inmersión del Calipso de Cousteau grabando la reproducción de los calamares.
Hay países que aceptan mantener esos linajes para alimentar la devoción del pueblo, y hay otros como los norteamericanos que se mueren de envidia por no tenerlos. Pero de los franceses no me esperaba una cosa así. Lo que vi se parecía más a una ceremonia de coronación que a la toma de posesión de un presidente republicano, de un representante elegido por el pueblo.
El otro día escuché a una persona de talento al que admiro intelectualmente que la coherencia tiene que ser una amalgama entre lo que se piensa y la forma en que uno actúa. Y no puedo estar mas que de acuerdo con él.
En definitiva, creo que tenía razón aquel “loco” inglés, un tal Shakespeare que comparte gloria universal con Cervantes, aunque cada uno en su propio idioma, cuando decía lo del “ser o no ser”. Aunque me quedo con la versión más castiza que dice:
¡Se es o no se es!
¡Los monarcas tienen sangre azul y los republicanos roja!

jueves, 3 de mayo de 2007

expresion y comprension

HAY que ver lo que han cambiado las formas de expresión y comprensión de las nuevas generaciones. Las palabras “comodín” se han propagado exponencialmente entre todas las tribus urbanas hasta el punto de que para hablar entre ellos ya no necesitan siquiera las mil palabras del tal Maurer, ese del método express para aprender idiomas.
¿He dicho mil?… pues quería decir diez.
Estoy seguro de que con diez términos algunos jóvenes de hoy podrían desarrollar todo el contenido de las catilinarias, dejando a Cicerón como un párvulo. Y es que con dos expresiones se lo han dicho casi todo. Las otras ocho las saben por si acaso.
Por no hablar de esos mensajes encriptados que se envían a través de los móviles. Ni siquiera utilizan las palabras. Las vocales han desaparecido. Las “qu” se convierten en “k”, los acentos y las comas no existen, “también” se transforma en “tb” y así sucesivamente. El resultado no es otro que una sopa de letras imposible de descifrar. Y todo ello con apenas media docena de caracteres. Como dice un amigo mío, no sé si son personas de pocas palabras o de dedos gordos.
El problema de utilizar tanta economía de lenguaje, como el de utilizar las calculadoras, es que como te empiecen a explicar las fases de desarrollo para obtener esos resultados, es muy probable que no te enteres de nada. Cuando te das cuenta hablas otro idioma. Es como la versión oral del telegrama elevada al rango de lengua. Y ese sí es un problema.
Creo que en el mundo del periodismo está apareciendo un fenómeno similar impulsado por eso que llaman “gratuitos” y que se parecen más a un folleto de ofertas de cualquier hipermercado
que a un medio de comunicación.
El periodismo se ha caracterizado históricamente por el lenguaje sencillo y práctico. Su esencia ha sido ir siempre al grano. En los años sesenta hubo profesionales que incorporaron algunos aspectos literarios a sus crónicas aportando cierto color a la sobriedad de los textos que
se limitaban a narrar los hechos. A ese movimiento se le denominó el “nuevo periodismo”.
Pues ¡erre que erre! estos “gratuitos” quieren volver a las andadas y los jóvenes “tb”. Las consecuencias de esta nueva tendencia son cada día más evidentes.
El otro día me explicaba una amiga profesora que se las pasaba canutas para ayudar a sus hijos a estudiar. Estaba bregando con el mayor, de diecisiete años, a cuenta de un texto de Garcilaso de la Vega. Trataba de explicarle lo que es una metáfora, cosa que por lo visto está reñida con el lenguaje moderno. Mi amiga quería transmitirle la forma de expresar madurez, canas, experiencia de la vida… en fin, que analizara la riqueza del lenguaje para decir cosas que no están en la literalidad de las palabras
¿Qué te sugiere –le preguntó– cuando alguien dice que una persona tiene “las sienes plateadas”?
Después de pensárselo un buen rato, al chaval le entró repentinamente la inspiración.
¡Ah! –dijo–, ¡que tiene caspa!
Creo que el lenguaje express y la literatura son irreconciliables. Entre los jóvenes y entre los “gratuitos”.

viernes, 30 de marzo de 2007

paginas en blanco

No pretendo desvelar a nadie que las relaciones entre padres e hijos son difíciles. Para que sean fluidas, sensatas, razonables y carentes de cierta dosis de incomprensión exigen unos decodificadores todavía no inventados. Seguramente porque no existen. Cada cual vive su experiencia y desarrolla sobre la marcha su capacidad de improvisación. Y lo curioso es que no se trata de aprender de la experiencia ajena, sino de la propia. Todos los que somos padres hemos sido hijos y no entendíamos a nuestros padres ni sabemos entender a nuestros hijos. Es una curiosa ley de la naturaleza, una especie de maldición generacional que no acabamos de superar.
No trato en ningún caso de dramatizar y mucho menos de meter a todos en el mismo saco. En esto, como en todo, habrá padres que teoricen sobre la excepcionalidad de su caso, sobre la fluida línea de comunicación paterno-filial que tienen establecida. Otra cosa sería si les preguntásemos a sus hijos.
Tengo un hijo adolescente con el que mantengo mis “tiras y aflojas” con más tendencia a la tensión que a la distensión. Hace un tiempo decidí intentar nuevas alternativas para ver si mejoraba la cosa. Le regalé un libro especial con todas las páginas en blanco, salvo la primera en la que incluí una dedicatoria: “Espero que me lo regales tú a mí dentro de un año con todas las historias que me quieras contar. Las que no quieras contar puedes dejar el espacio en blanco, con un pequeño título, para que yo pueda interpretarlas”.
Fueron transcurriendo los meses y nuestras relaciones seguían en la misma línea. Llegué a pensar que se había olvidado del libro o que lo habría utilizado para cualquier otra cosa ajena a lo que yo esperaba. Con el tiempo, yo mismo me olvidé del asunto.
Pero un día de esos rutinario, que nunca pasaría a la historia personal de nadie, llegué a casa y me vi gratamente sorprendido. Sobre la mesilla de mi habitación había un envoltorio de regalo con un adhesivo en el que se podía leer la frase “para aita”. Era evidente que se trataba de un libro. Abrí el envoltorio y automáticamente ese día paso a ser especial para mi. Era “el libro”. Dudé antes de abrirlo y me deleité por unos instantes recordando el día en que se lo había regalado. Puede que el experimento haya funcionado, pensé.
Abrí la tapa y me encontré con la dedicatoria que yo había escrito. Pasé página y sólo había una palabra: “Hola”.
Fui recorriendo una a una, primero lenta y después rápidamente, las ciento veinte páginas. Estaban todas en blanco. Salvo el “Hola” inicial.
¿Vamos a dejar –pensé- tantas páginas vacías en nuestra vida?
Esa misma noche me puse a llenar las páginas con mis pensamientos y mis sentimientos y dejé espacios en blanco con su pequeño título. En unos días se lo volveré a regalar.

sábado, 3 de marzo de 2007

uno de enero

CADA uno de enero de los últimos
años nos depara una nueva sorpresa.
Hace tiempo, cada uno era dueño de sí
mismo, de sus grandes vicios y sus pequeñas
virtudes, y se administraba como
buenamente le parecía. Lo dicho,
cada uno de enero se hacía un propósito
de enmienda. Era como si con la Navidad
llegaran las luces, los regalos, el
convencimiento de dejar de fumar,
adelgazar, hacer vida más sana y…
hasta comenzar a hacer ejercicio, más
comúnmente conocido como deporte.
Y al tiempo que las luces se hacían las
sombras. Se volvía a pecar el día dos
del mismo mes y del mismo año.
Como en la confesión de toda la vida,
esa que se hacía en un lateral sombrío
del interior de la iglesia; una zona de
sombra a la que uno se acercaba casi
furtivo escudriñando todo el templo por
si alguien te veía y te reconocía como
pecador. El rito era en una casetilla en
la que “él” entraba por la puerta principal
y tú sólo tenías derecho a arrodillarte
por un costado y susurrar con voz
compungida. Era un tipo vestido de negro
al que conocías perfectamente, y él
a ti, aunque preferíais los dos un tratamiento
más distante, a través de cortinilla,
y con voz ajena al diálogo normal,
más profunda, más espiritual y temblorosa.
Una celosía separaba las palabras
de inspiración divina de las que expresaban
en toda su crudeza los pecados
terrenales.
Siempre he pensado que era una artimaña
perfectamente estudiada para no
tener que verse las caras a la semana siguiente
para decir lo mismo y escuchar
lo de siempre: Pecado, penitencia y
reincidencia. Igual que cada uno de
enero, pero en versión semanal.
Resulta que en los últimos unos de
enero nos han ido cercenando la posibilidad
de la reincidencia y por lo tanto
del placer de pecar de nuevo. Ya no administramos
nuestros vicios porque se
nos imponen lo que la Administración
considera virtudes. Da igual que me haga
el propósito de dejar de fumar. Ya no
me dejan hacerlo en ningún sitio. Da
igual que piense en hacer régimen para
luego saltármelo, porque me amenazan
con no atenderme en la Seguridad Social
por ser negligente conmigo mismo.
Da igual que me prometa no dar un cachete
a mis hijos aunque se lo merezcan.
Si lo hago acabo en la cárcel.
Ya no tengo opciones para tratar de
mejorar. Todo es “así o asau”.
La verdad es que estaba hace días
pensando en todo este tipo de “chorradas”
mientras tomaba un café en un bar.
Esperaba a un amigo. Me fijé en la máquina
del tabaco. Estaba apagada. Llegó
un hombre al que no conocía y le pidió
al camarero que le encendiera la
maquinita para sacar una cajetilla.
“Otra chorrada que han impuesto
desde el uno de enero” –pensé– “para
que los adolescentes no puedan fumar”.
Mientras hacía esta reflexión comencé
a escuchar una especie de estruendo
acompañado de una multitud de lucecitas
de colores. Era la tolva de la máquina
tragaperras. Se estaba liberando de
un peso importante y arrojaba las monedas
hacia una especie de panza abierta,
mientras un joven adolescente las
iba sacando a puñados para dejarlas sobre
el mostrador, contarlas, cambiarlas
por billetes y largarse. El chaval no pasaría
de los quince años. Esa vez se fue
sin poder comprar tabaco, pero con el
bolsillo lleno.
La máquina tragaperras siguió encendida,
la máquina del tabaco apagada,
y yo perplejo.
¿… …?
¿Uno de enero?

miércoles, 28 de febrero de 2007

Peligro de extincion

HE leído estos días que el periódico
más antiguo de los que se editan en
el mundo va a prescindir de su edición
de papel para convertirse exclusivamente
en un medio digital. A los
responsables de esa decisión les habrá
salido la vena ecológica y estarán
convencidos de que dan un gran
paso hacia la modernidad aplicando
en exclusiva las nuevas tecnologías
para que la gente haga lo mismo que
hace más de cien años: leer las noticias.
Pero ahora sólo a través del ordenador,
sin necesidad de contribuir
a la deforestación de la selva amazónica.
Pues bien, a ellos les parecerá
muy ecológico pero a mi particularmente
me parece una barbaridad. Si
de ecología se trata, ¿qué mejor acción
que declararlo especie protegida
y evitar su extinción? Desde luego
les puedo garantizar una cosa. Se
pueden encontrar miles de diarios
digitales en la red pero, en la vida real,
en la que se palpa, en la que uno
se mancha las manos de tinta, no hay
mayor placer que ojear en papel el
periódico. Y si además es el más antiguo
del mundo eso ya tiene que ser
de orgasmo.
Me parece muy bien que la civilización
avance pero deberíamos
cuestionarnos qué es eso de avanzar.
Porque a este paso todo va a ser virtual
y cibernético. ¿Dejaría usted de
comer un buen pollo a cambio de
una pildorita? Pues no. La pildorita
en cuestión te aportará las mismas
calorías, las mismas proteínas, un
colesterol más sano… ¡Pero qué hay
del placer! Ya se que no alimenta pero
no se puede desdeñar. Desconozco
si las plantas lo experimentan pero
puedo hablar con conocimiento
de causa que sin él no existiría la especie
humana ni las animales.
Me van a contar a mi que es lo
mismo leer el periódico en el ordenador
que desplegarlo en un transporte
público, en el sillón orejero de
casa o en la mesa de cualquier cafetería
mientras se saborea una buena
infusión. ¡Qué! ¿Se van a llevar el
ordenador a esos sitios? ¿o a la playa?
¿o a la tumbona de la terraza?
Pues disfruten ustedes de ese “placer”.
Yo prefiero leerlo, tocarlo, notar
su textura y olor, ojearlo una vez,
y diez minutos después, otra. Y por
la noche, otra. Sin necesidad de dar a
una tecla y que desaparezca. Quiero
llevarlo todo el día. Pasearlo por los
sitios a los que acudo. Doblarlo una
y otra vez hasta que se difuminen algunos
párrafos de tanto sobarlo.
Mientras yo hago todo eso en mi
jornada laboral ¿qué ha hecho usted
con el que ha leído en el ordenador?
¡Pués nada! Porque si quiere releerlo
ya no es el mismo. Se lo han actualizado.
Si quiere buscar algo que había
leído y le había interesado, ya no
existe. Le han puesto otra cosa. Pues
a mi eso más que placer me genera
mala leche.
¿Por qué no les damos un uso racional
a las nuevas tecnologías y las
aprovechamos para hacer campañas
contra la extinción de estas especies
tan tradicionales? Eso sí sería avanzar
sin destruir y aprovechar lo nuevo
para hacer algo que antes no se
podía.
Si quieren salvar la amazonía que
prohíban los pañuelos de papel. Se
utilizan mucho más y no llevan ni
crucigrama.

martes, 16 de enero de 2007

noviembre en sopelan beach

historia de las civilizaciones

La monotonía del sentido común

Estoy un poco despistado ante tanta obviedad. Se ha roto la tregua… se ha roto el proceso de paz….se ha cedido ante la banda… no se ha cedido en nada…se ha vendido al estado de derecho…
Esta es la tonadilla de los cuarenta principales, porque a estos no se les puede llamar gobernantes sino tonadilleros y aspirantes a plaza a través del atajo de operación triunfo. Porque lo que es cantar “cantan de cojones”. Son los encargados de gobernar cargados de razones y descargados de responsabilidad, pero sólo hasta el siguiente rito de las urnas. Se enzarzan en certezas y se arrojan insultos hasta perder la vergüenza. Por supuesto todas sus certezas derivan de la aplicación del sentido común que generalmente agota su recorrido en lo aparente.
Nos haría falta un Sócrates moderno que aplicara la mayéutica a tanta obviedad para dejar con el culo al aire a lo aparente y sumergirnos en lo real. Quizá Saramago haya tenido una buena inspiración cuando afirma que el sentido común es conservador e incluso, a veces, reaccionario.
¡Pues claro que ETA ha puesto una bomba y ha asesinado a dos personas!
¡Y ahorá qué! ¿Esperamos otros diez años para llegar a un escenario similar al del 29 de diciembre?
¿Es que nadie sabe apreciar que detrás de lo obvio hay una nueva situación y un camino avanzado?
¿Es que nadie ve que, a pesar de los pesares, ETA y Batasuna están asumiendo de facto que han metido la pata?
¿Es que no se ve que quieren estar en las instituciones? ¿Es que no se ve que quieren avanzar en el proceso?
¿Es que no se ve que todo el mundo quiere una salida?
¡Pues a buscarla coño!
Aunque quizá sea mejor esperar otros diez años para volver a lo mismo.
Y así sucesivamente.
Es increíble con qué monotonía se repiten la vida y la muerte en el territorio del sentido común.

lunes, 8 de enero de 2007

Batasuna ¿y ahora que?

Todos estamos esperando el comunicado de ETA que nos confirme lo evidente. Pero me pregunto que va a ser de Batasuna a partir de ahora. Está claro que el gran escollo que había que salvar era la fórmula para que se presentaran a las elecciones municipales; si cambiaban de nombre y estatutos u optaban por las agrupaciones electorales locales. Pero ¿piensa alguien que con el actual panorama les van a permitir alguna opción? ¿se van a pasar otros cuatro años de sequía institucional? ¿qué va a hacer ETA sin portavoces en las instituciones?¿les interesa ese mapa de futuro?¿si continúa y se acentúa la persecución policial y judicial qué va a ser de todos sus dirigentes?¿cárcel?¿clandestinidad? En definitiva ¿cómo se arregla esto?

lunes, 30 de octubre de 2006

Mississippi s. XIX d.c.

A estas alturas y después de
dos huracanes en poco más
de treinta días, creo que no es
novedad para nadie que al
gran valedor de occidente se
le ha inundado la trastienda
con un resultado catastrófico.
Porque el Sur es la gran trastienda
de Estados Unidos en
el que conviven unas pocas
joyas blancas con millones
de desconchados pucheros
negros. En el resto del país,
las desigualdades sociales
están más repartidas aunque
siempre inclinadas hacia la
parte más oscura de la población.
Pero el Sur, Louisiana y
Mississippi, son otra cosa.
Es la tierra del KKK, de las
grandes mansiones ajardinadas,
donde a los negros se les
negaba, con artimañas administrativas,
su derecho constitucional
al voto hasta bien
entrada la década de los sesenta;
donde una gran parte
de la población negra vive en
chabolas protegidas por árboles
centenarios. En el Sur
no hay que buscar extras en
África para filmar una película
de esclavos. Casi se podría
hacer a la inversa.
En el Sur se desafían las
teorías del mismísimo Einstein.
El tiempo no transcurre
a la misma velocidad que en
el resto del país. Las desigualdades
económicas son
extremas y van a más; las sociales
se mantienen imperturbables
al paso del tiempo.
Parece un pacto histórico
asumido con resignación por
los negros y mantenido por la
sutileza y el orgullo “aristocrático”
de los blancos.
A nadie ajeno a la amenaza
le ha preocupado todos estos
años la alerta lanzada por los
especialistas sobre la catástrofe
que se avecinaba. Los
diques de contención de las
zonas construidas bajo el nivel
del mar serían incapaces
de soportar el embate de las
aguas. Pero el Sur no es Nueva
York, ni Los Angeles. No
está en la costa Este ni en la
Oeste. Está al Sur, aunque
sea del mismísimo Estados
Unidos, un país tan grande
que tiene cuatro husos horarios
diferentes entre costa y
costa. Donde las catástrofes
se miden por las pérdidas
económicas y después por
las humanas.
Cuando uno toma un vuelo
desde la rica y poderosa California
hacia Nueva Orleáns o
Jackson siempre hay alguien
que pregunta a la llegada
cuánto hay que adelantar el
reloj. La respuesta es siempre
la misma: hay que retrasarlo
un siglo.
Quizá cuando lleguen al
siglo XX o XXI el presidente
Bush sí pueda enviar las ayudas
necesarias. Aunque a lo
mejor están ocupadas en derrocar
el régimen del planeta
Júpiter. Seguro que no queda
tan al sur.

jueves, 3 de agosto de 2006

nuestro "alter ego"

ME ha pedido mi hijo que le
compre varios botes de spray
de colores para decorarse el
pelo de una forma psicodélica.
Sólo duda entre mezclar el azul
con el naranja o el naranja con
el verde fosforito. Tienen una
fiesta en el colegio y por lo
visto quiere llamar la atención.
O quizá no quiera llamar la
atención y por eso quiere ir a
tono con el resto de sus colegas
para no parecer el raro. Nunca
he entendido esa manía de la
gente de no querer ser lo que
se es en determinados
momentos, siempre asociados
a las fiestas o acontecimientos
especiales.
Está claro que la gente se
disfraza porque quiere romper
temporalmente con algo.
Posiblemente la pura rutina.
Pero lo que me parece más
digno de estudio es hacia
dónde dirige cada uno sus
preferencias a la hora de
transformarse. No se si a lo
que les gustaría ser o a lo que
en ningún caso estarían
dispuestos a llegar.
Recuerdo que en mi infancia
las preferencias iban hacia los
trajes de vaqueros, princesas,
centuriones romanos o, a lo
sumo, de bruja piruja.
Después, en la adolescencia,
las chicas se disfrazaban de
chicos y los chicos de corista.
Es cierto que esta tendencia
persiste hoy en día en muchos
adultos y adultas. Hasta ahí
todo me parece normal. Pero es
que los disfraces de ahora,
salvando a la tierna infancia
que siempre opta por los
personajes del último estreno
cinematográfico de la Disney,
buscan la extravagancia de
diseño propio, de autor. En
realidad no se quieren parecer
a nada ni a nadie, salvo a su
propia creación. Se recrean en
su álter ego.
Eso me hace pensar que ni
los sueños son lo que eran.
Parece que ahora nadie quiere
ser carpintero, ni bombero, ni
misionero, ni salvar al mundo,
ni siquiera rescatar princesas.
Todos quieren ser lo que
aparentan y lo que son. Con
diseño propio. Quieren ser de
la tribu pero no indios de base.
El penacho del jefe lo llevan
todos, cada uno en su estilo,
pero todos jefes.
Me gustaría que un
psicólogo me explicara el
intríngulis de estas actitudes; si
es un simple juego inocente,
una actitud lúdica o la versión
Mr. Hyde que cada uno lleva
dentro.
Yo, por si acaso, cuando
observo ciertas actitudes en las
personas de mi entorno
profesional y de amigos, nunca
pienso hasta dónde quieren
llegar, sino de qué se disfrazan
en sus ratos de ocio.
Creo que tengo que estudiar
con más atención la vertiente
psicodélica de mi hijo. Porque
el traje de vaquero no lo quiere
ni ver.

realidades

HASTA que naces a lo que la
sociedad llama el uso de razón,
todo es pecado venial
¡Bendita inconsciencia! Disfrutas
de tu niñez, matas lagartijas
por puro placer, te peleas
con tus amigos, pegas
una pedrada a una farola y…
si te pillan…. tu penitencia se
reduce a unos cuantos azotes
de tu madre, por romper la farola,
y a una bronca de tu padre…
porque te han pillado.
Pero llega un día en el que
haces la comunión. Ahí, se
acabó la amnistía. Todo lo
que era perdón por no tener
todavía la razón en activo se
convierte en penitencia, en
una pendiente lastrada hacia
la senda del infierno. Una
cuesta abajo que, a medida
que pasan los días, es más
cuesta arriba. Y así para toda
la vida. Sólo que antes la razón
la teníamos que empezar
a usar a los siete años y ahora
se le aplica una moratoria que
te permite vivir sin pecar hasta
los nueve o diez. Designios
de la madre iglesia.
Esa es la señal. Empiezas a
pecar sin posibilidad de redención;
a aplicar a la vida lo
que dicta la norma. Tarea tremendamente
difícil.
Después llega la universidad
donde, por lo visto y oído,
la teoría memorizada tampoco
se parece en nada a la
realidad laboral con la que te
das de bruces. Pero no queda
más remedio que improvisar
aplicaciones prácticas que
van reubicando cada pieza en
su molde.
Todas estas etapas de conocimiento
importado van, a su
vez, cimentando en nosotros
un cuerpo de principios de
elaboración propia, con más o
menos contribución ajena,
que abanderamos siempre
que se nos presenta la ocasión.
Teorizamos sobre la libertad
de sexo o religión, sobre
la solidaridad con los pueblos
oprimidos, la insensatez
del racismo o sobre la igualdad
de derechos entre homosexuales
y heterosexuales.
Hasta que un día se le ocurre
a alguien que todos esos principios
deben formar parte de
un cuerpo de Ley. Es decir,
que nuestro vecino homosexual,
ese que nos cae simpático,
estará legalmente casado
y podrá tener hijos. El candor
en el que se refugian los principios
para proclamar el derecho
a lo “imposible” se ve
violentado. Nos mete en una
trampa moral de la que no sabemos
salir. Hemos reivindicado
un derecho genérico que
ahora se cuela en nuestro vecindario.
La realidad se impone
y la teoría se tambalea. Como
la vida misma.
Como dice un amigo mío,
la fe y la esperanza nos salen
gratis a todos y además nos
reconfortan el espíritu. Pero
la caridad… la caridad es otra
cosa. Para aplicarla hay que
mojarse y además cuesta dinero.

lunes, 3 de julio de 2006

la sancion como esperanto

SIEMPRE he reivindicado el derecho que tienen todas las personas a convivir con sus propias contradicciones en tanto en cuanto no resuelvan sus dudas. Pero la vida me ha situado en un punto en el que las certezas son cada vez más escasas y las dudas se extienden como la hiedra. Creo que en el mundo actual escasean los Sócrates modernos frente a los “talibanes” de verdades absolutas. El problema es que cada uno tiene las suyas y muchas veces son irreconciliables con el sentido
común. En definitiva, eso de echar por tierra lo establecido planteando dudas y cuestionando lo institucionalmente asentado es una especie de herejía a la que respondemos con la “solidez” de nuestras convicciones y el efecto perverso que siempre atribuimos a los que gobiernan. El último acontecimiento que me ha llevado a este estado de incertidumbre ha sido la iniciativa de los catalanes de multar a aquellos bañistas que desafiando la bandera roja se sumerjan en aguas del Mediterráneo.
Esta medida ha levantado ampollas entre los puristas de la libertad individual. La respuesta no se ha hecho esperar:
¡Quién es quién para prohibirme bañarme en una playa! ¡Y además me pone una multa!
Esta última parte es la que nos llega al alma, que casi siempre está cerca del bolsillo. Al final, la matemática, los números traducidos a moneda oficial, es la que utilizan las administraciones como lenguaje para llegar al ciudadano, y es el único idioma que algunos ciudadanos entienden. Es una especie de esperanto de la vida moderna. Es un lenguaje de crispación y enfrentamiento que encara a Administración y ciudadanos y a estos con sus congéneres.
El dinero, hasta en sus aspectos más residuales ( no hablamos de macroeconomía) es capaz de deshacer la más sólida relación filosófica y moral que se pueda establecer entre dos personas.
Lo último es el carné de conducir. Puntos... descuentos... restas... y... ¡Zas! ¡Te lo quitan!
No dudo de la importancia de las matemáticas ni de sus bonanzas para la vida moderna, pero creo que la filosofía del comportamiento, la ética de las relaciones entre ciudadanos y las dudas sobre nuestras actitudes viciadas por el egoísmo pueden resituar las cosas. Si hay una señal de curva peligrosa y un límite de velocidad, por qué tengo que rebasarlo; si hay un paso de cebra en rojo por qué tengo que atravesarlo por muy peatón que sea; si hay una bandera roja en una playa por qué tengo que desafiar la opinión de los expertos.
Estoy casi seguro, por aquello de poner en duda todo, de que las administraciones también se equivocan. Pero también estoy casi seguro... por lo de la duda... de que nosotros nos creemos individualmente infalibles. Un poco de filosofía socrática nos vendría estupendamente a ambas
partes.

lunes, 3 de abril de 2006

mascotas

CADA vez hay gente más rara para esto de las mascotas. Conozco a una pareja que se compró nada menos que una Pogona , una especie de lagartija más grande de lo normal que se pasaba el día dormitando hasta que le soltaban unos cuantos grillos vivos en la jaula. Era automático, se despertaba el bicho y se le despertaba la velocidad y el apetito. Emprendía una carrera frenética hasta cepillarse a todos los animalitos. Cuando le variaban el menú y le daban larvas, la comida era menos estresante.
Otro individuo mantenía una especie de acuario pero sin peces. Los habitantes eran tritones, algún cangrejo de río, dos ranas diminutas y una tercera rana albina que la compró del tamaño de las otras
dos hasta que creció más del doble y se convirtió en la asesina del acuario. Atacaba a todo lo que se le ponía delante y acabó con los tritones a mordiscos.
Hombre, haber haber... siempre ha habido gente un tanto especial que le daba por cuidar culebras,
iguanas, tigres y monos, aunque al final se han deshecho de ellos sin pena ni gloria.
Antes, la gente tenía perros, gatos, canarios y jilgueros que sacaban al sol de la mañana, en su pequeña jaula, para volver a meterlos en casa al atardecer... y algunos privilegiados hasta tenían loros a los que enseñaban a decir cosas.
Conocí incluso a un barbero que tenía a la puerta de casa un tordo metido en una jaula y le había enseñado a silbar el himno a San Ignacio de Loyola. Aunque ahora con la gripe aviaria este tipo de animalitos lo tienen más crudo. Particularmente soy bastante clásico para estas cosas. No tengo más que una perrita pequeña que se llama Lukas y no llega a los dos kilogramos de peso. Habíamos
consensuado en casa como llamarle antes de comprarla pero ya no quedaban machos así que se quedó
con el nombre.
Saco a mi mascota a relucir porque no entiendo la facilidad con la que la gente compra, regala, abandona y hasta sacrifica a sus mascotas o, incluso, se dedica a chorizar las de otros. Me han robado dos veces a Lukas. La primera se la llevó una señora de la puerta de un establecimiento en el que yo hacía algunas compras mientras Lukas esperaba en la calle. Afortunadamente un señor vio la maniobra y me dijo dónde vivía la desalmada.
La segunda vez fue mucho más grave. Un gracioso se la llevó de la puerta de un bar de Sopelana en el que yo tomaba algo. Le había caído gracioso el perrito y se lo llevó para regalarselo a su novia. Apareció tres días después en Santutxu cuando la novia en cuestión lo llevó al veterinario diciendo que se lo habían regalado. Evidentemente la perrita llevaba su chip correspondiente y el veterinario le dijo que aquel perro tenía dueños. Una llamada telefónica nos devolvio a la tranquilidad despues de vivir un auténtico drama en casa.
¿Tan difícil de entender para la gente es que están secuestrando a un miembro de una familia?

viernes, 3 de febrero de 2006

deslocalizacion permitida

CUALQUIERA que conozca una dictadura o tenga un mínimo conocimiento de la historia sabe
que los iluminados, en nombre de lo que se les antoja, administran arbitrariamente vidas ajenas,bienes comunes y satanizan ideologías. Los dictadores suelen relacionarse con personajes similares de otros países frenteal rechazo de la comunidad internacional, generalmente algo más sensible con los derechos humanos.
Pero hay un fenómeno nuevo que ha irrumpido en nuestras vidas y que debe estar relacionado con eso de la globalización. Desde el Gobierno federal de la que se considera a sí misma una democracia
modélica se secuestran ciudadanos en cualquier lugar del planeta, se utiliza cualquier país para su traslado y se les recluye, según interese, en unos países u otros. El menú es variado en función de lo que se quiera hacer con el “enemigo”. Si se le quiere torturar se le manda a un país, si se prefiere que desaparezca se le manda a otro y si no se va a llegar al límite de la barbaridad se les manda a Guantánamo.
Es una especie de deslocalización para obtener mano de obra más barata, bien dispuesta, sin escrúpulos y sin límites legales ni humanos. Esta base es la zanahoria que el gobierno federal ha puesto al resto de países para que centren sus miradas en lo que allí sucede y dejen de mirar hacia lo que se cuece de verdad. Esto no son conjeturas, son revelaciones de un ex agente de la CIA que se
dieron a conocer la pasada semana en Estrasburgo.
Paradójicamente el Gobierno federal tampoco acepta que los posibles “excesos” de sus tropas
puedan ser juzgadas por el Tribunal Penal Internacional. Eso sólo es para los criminales y lo suyo es una nueva Cruzada. No sé en qué se diferencian las prácticas de los “dictadores clásicos” de las de los de nuevo cuño, aunque lleven la vitola de demócratas.
En el fondo, en su momento de la historia, todos estaban convencidos de que tenían razón. Pero lo cierto es que después, es la propia historia la que pasa factura.
Y no acabo de entender cual es el papel de la vieja Europa ni por qué permite estos desmanes. Si los ciudadanos secuestrados son realmente criminales, existen unos procedimientos establecidos internacionalmente que pasan por la INTERPOL o por los acuerdos sin que nadie se convierta en juez y parte.
Existen unas leyes de obligado cumplimiento y, sobre todo, una ética del comportamiento que es incluso más antigua que la legislación. Creo que esto de la globalización hay que reordenarlo un poco. Lo que no vale es que unos jueguen en un campo y otros en el campo de todos. Por algo las leyes americanas prohíben expresamente que la CIA actúe dentro del territorio federal.

historia de una adopción

caminos sinuosos

Todos los caminos en la vida son sinuosos. No hay líneas rectas para avanzar porque los obstáculos surgen estratégicamente. La propia exis...