jueves, 17 de mayo de 2018
miércoles, 2 de mayo de 2018
diplomacia florentina
Sabemos
que todas las épocas convulsas de la vida política y social han de llegar a un
punto de sosiego y moderación porque la tensión permanente resulta insoportable
para todos los agentes. El problema es que la propia naturaleza humana nos
lleva a escalar en el conflicto hasta el agotamiento para, simplemente, no
tener más remedio que volver al punto de partida y desbrozar nuevas
posibilidades de alcanzar el mismo fin. El mito de Sísifo se ha convertido así
en la hoja de ruta de la mayor parte de la clase política. Hay que buscar la
confrontación hasta el final aunque el final sea llegar de nuevo al principio.
Algo así
ha pasado en las últimas semanas en el mapa político español en el que se viven
luchas fratricidas en las familias de las derechas e igual de cruentas en las
de las izquierdas. La proximidad ideológica concita más envidia que pasión y
más odio que amor. Pero eso no impide que mantengan una unidad de acción y una
visión centrípeta compartida sobre el conflicto catalán y la aplicación del
155. Y entre tanta intriga palaciega, los súbditos del reino reclaman en las
calles que se les devuelva la dignidad y el futuro que les pertenece.
Por
fortuna hay excepciones que en tiempos de crisis desempolvan los principios de
la interlocución, cooperación y respeto, al viejo estilo de la diplomacia florentina, y optan por
desactivar los conflictos buscando puntos de encuentro que beneficien a todos,
aun manteniendo muchas de las diferencias. En síntesis, la utilización de la
astucia y la inteligencia frente a la “razón” de la fuerza, en la que siempre
gana, evidentemente, el más fuerte.
Desde
que el conflicto catalán entró en un aparente punto de no retorno en las
relaciones entre el Estado y el Parlament, ha habido agentes activos que han desplegado
de forma discreta por toda Europa, y entre las partes en litigio, una suerte de
intermediación diplomática que a tenor de las declaraciones de las últimas
semanas puede tener como resultado un diálogo civilizado y respetuoso que
aporte algunas soluciones políticas asumibles, también en el plano de recuperar
la dignidad y el futuro.
No es
casualidad que los florentinos, los mismos que desplegaron una diplomacia
singular, adoptaran el “David” de Miguel Ángel como símbolo de la ciudad, la
victoria de la astucia frente a la fuerza. Ya sólo falta que los dioses
levanten a Sísifo su castigo de subir y bajar eternamente una piedra de la
montaña y se pueda trazar otra hoja de ruta que nos lleve a algún destino
concreto. Al fin y al cabo las alianzas ya no se hacen para las guerras sino
para conservar la paz.
lunes, 2 de abril de 2018
referentes
Creo que cada
generación aporta muchas cosas al tiempo que le ha tocado vivir. Surgen
movimientos sociales que abanderan causas a veces utópicas pero que despojadas
del lirismo revolucionario y los caireles de la estética, trazan la senda y van desbrozando el camino
que hay que andar.
Particularmente, en
el tiempo que me ha tocado vivir hasta ahora, he tenido dos experiencias que
dejarían impronta en la vida de cualquiera. Me considero, por un lado, hijo pequeño
de aquel mayo del 68 que levantó las alfombras de una sociedad europea
anquilosada, anclada a unas tradiciones clasistas y conservadoras, y aportó
nueva savia social y unos valores que parecían consolidados con los años. La
preocupación por la naturaleza se socializó, el rechazo masivo a las armas como
sistema de resolución de conflictos fue incluso capaz de paralizar guerras. Los
jóvenes rompieron sus cadenas ideológicas y morales y apostaron por un mundo
diferente, mejor. Cayeron muchos tabúes.
Se acuñaron eslóganes que desterraron viejas doctrinas y crearon nuevos
espacios de pensamiento libre, creativo y rompedor. Había nuevos referentes
sociales, intelectuales, personas e ideas. Esas fueron mis clases de catequesis
de la vida.
Parte de esa generación
fue también protagonista de otra fase importante de mi formación. La Transición,
sus prolegómenos y su desarrollo. Fue una segunda etapa con muchos referentes.
Descubrí y viví la política y sus potencialidades para provocar
transformaciones sociales más solidarias, comprometidas, más justas y
democráticas. Procuré quedarme con valores y aportaciones ideológicas pero no
doctrinarias. Me dejaron mucha huella y nuevas formas de ver la vida.
Ahora, llevo varios
años descolocado. Veo abulia social, resignación, mucha desafección con el
compromiso social y los únicos “referentes” que encuentro son tv-charlatanes a gritos, Barbies influencers,
redes sociales del género de las gallináceas, algún intelectual desubicado y
muchos ladrones de dignidad y dinero.
Pero echo cuentas y
me animo un poco. Los jóvenes del mayo francés tienen ahora entre 68 y 70 años,
son jubilados, se han echado a la calle. Han salido de su letargo para pegar,
una vez más, una sacudida a la sociedad y la están zarandeando. Su lucha se contagia
y se abre a las nuevas generaciones. Son los nuevos referentes… los de antes.
Ojalá prenda la mecha del relevo.
jueves, 1 de marzo de 2018
alguien está tocando la puerta
Las huelgas y las
manifestaciones son acciones legítimas que la ley ampara y protege
como un
derecho de los trabajadores para reivindicar mejoras salariales y sociales.
Bien es cierto que se trata de un recurso extremo cuando ya se han agotado
todos los procesos ordinarios de negociación.
Quizá, una de sus
características fundamentales es que se produce por colectivos y siempre, o
casi, obedece a intereses sectoriales. Sus niveles de afección en la población
en general son molestos pero no determinantes para el normal desenvolvimiento
de la vida ciudadana.
Pero hay
movilizaciones que por el espectro social que abarcan marcan un antes y un
después en la vida de todos. Y sí afectan a la vida de todos. El movimiento del
15 M ha sido un primer aldabonazo al sistema y a sus regentes. Una reacción social
colectiva que supera cualquier interés sectorial y pide un cambio de paradigmas
en las reglas de las políticas y los mercados, una democracia distributiva real
y tangible. Las clases medias han empobrecido, los asalariados sobreviven a una
inexorable pérdida del valor de su trabajo, los jóvenes tienen un futuro precarizado
sin fecha de caducidad, y los parados… sólo aspiran a alcanzar las limosnas del
sistema.
Alguien a quien no
se esperaba está tocando ahora a las puertas. Alguien les ha cabreado. Son los
que más o menos se las arreglaban para ir tirando con las rentas de una vida
laboral concluida, después de decenas de años al pie del cañón. Miles de
jubilados y pensionistas han salido de un reposo bien ganado y están ahora
tomando las calles. Sus pensiones, un salvoconducto para el resto de su vida y
un asidero milagroso para el presente de sus hijos y nietos, valen cada vez
menos. Son como un salario mínimo familiar, el último eslabón que apenas sostiene
en muchos casos a una cadena generacional sin apenas recursos y con muchas obligaciones.
Creo sinceramente
que no queda ya ningún otro colectivo social que no esté indignado. Los
gobiernos, el que corresponda en cada momento, no se encuentran con una
manifestación de personal sanitario, más o menos llevadera. Tienen enfrente una
movilización general de enfermos que no soportan más la situación y tienen poco
que perder ante una deriva que les abocará a un estado terminal si no hay un
cambio de rumbo. Un magma social en ebullición.
Salvando el tiempo
y las distancias, a muchos gestores del sistema les vendría bien leer “La
madre”, de Máximo Gorki, para comprender que las personas mayores pueden pasar,
y pasan, de meros espectadores a protagonistas, cuando la situación lo
requiere.
viernes, 2 de febrero de 2018
La utilidad de lo aparentemente inútil
Hay
patologías sociales muy difíciles de erradicar en el corto plazo pero que se
expanden exponencialmente si no las abordamos con medidas estructurales,
transversales y, a veces, hasta de carácter urgente. Los episodios de violencia infantil y
adolescente que vemos en los últimos años en calles y ciudades de todo el mundo
son cada vez más frecuentes. Lo que antes eran hechos aislados son ahora objeto
de estadística y estudio por su número y reiteración. Vemos videos con palizas
grabadas en patios de colegio, agresiones sin causa aparente en plena calle, ataques
xenófobos contra mujeres y hombres casi siempre indefensos, humillaciones y
vejaciones a indigentes que se cobijan del frío en los cajeros automáticos,
bandas de macarras que se citan para pelearse a navajazos porque sí…
Este
último mes nos han tocado de cerca varios sucesos luctuosos que nos han
conmocionado sobremanera. Se ha roto una barrera que hasta ahora no
imaginábamos. Una pelea entre colegiales o navajazos entre bandas es algo que
entra dentro de lo previsible. Pero que niños de catorce años entren en un
domicilio y se ensañen con dos ancianos hasta matarlos a golpes con extrema
crueldad es algo que no habíamos soñado ni en nuestras peores pesadillas.
Ahora la
pregunta general es cómo hemos llegado a esto. Para mí la respuesta ya no tiene
razón de ser. Hemos llegado. El gran interrogante es cómo salimos, cómo hacemos
para que estos hechos no se repitan. Cómo hacemos para que la cadena de valores
que se transmite de generación en generación no quiebre. O para inculcar nuevos
valores donde no han existido o estaban
viciados por unos padres marginales. Es importante la educación, en casa y en
los colegios. Es importante la cobertura y el amparo social a unos principios
de comportamiento y convivencia. Es importante la implicación social con las víctimas
de la desidia y el desarraigo, desafectos de una mínima ética. Adultos y niños.
Quizá el
alcalde tenga razón y su proyecto de hacer de Bilbao una ciudad de valores sea
menos etéreo de lo que creen sus detractores. Costará años, proyectos de
convivencia y esfuerzos personales e institucionales, pero quizá lleguemos a
descubrir como el profesor y filósofo Nuccio
Ordine, “La utilidad de los inútil”.
martes, 2 de enero de 2018
la gran carencia de nuestro tiempo
Empezamos bien el año. El todopoderoso Donald Trump anuncia recortes
en sus aportaciones a la ONU porque no le ríen la gracia de reconocer a
Jerusalen como la capital de Israel. Tiene narices el empecinamiento de este
señor por hurgar en todas las heridas del mundo. Los millones de huidos de
países en guerra siguen deambulando por las fronteras exteriores de Europa como
extras involuntarios de walking dead. No sabemos cuantas temporadas tendrá esta
macabra serie, pero sí sabemos que no es ficción sino drama y vergüenza para
todos. ¿Sabe alguien a estas alturas cuántos son y por dónde andan? ¿Qué ha
sido de ellos? Seguramente no. Estamos a otras cosas. La economía de la zona
euro se recupera, el divorcio de los británicos con el continente pende de los
desacuerdos económicos, la caja española de las pensiones está prácticamente
liquidada, los riesgos de debacle electoral alimentan promesas de incremento
del salario mínimo interprofesional, los catalanes juegan su batalla política
por la economía… En síntesis, todo por la pasta. Hasta los sistemas educativos
se han transformado para encadenar profesionales al servicio de la economía y
las necesidades de los mercados antes que personas críticas, solidarias y con
libertad de pensamiento. Porque esto último sólo lo aporta una formación sólida
en humanidades. Y esa es la gran carencia de nuestro tiempo, el desarrollo
humano, el conocimiento como herramienta de pensamiento que nos permita humanizar
nuestros objetivos, las economías y los mercados más allá del mero afán de
crecimiento. El crecimiento como personas, no como incremento patrimonial.
Anteponer lo crematístico a lo ético es precisamente la gran pandemia de este
siglo, la satisfacción individual por encima del bien colectivo.
Ese concepto de sostenibilidad inventado por el marketing
empresarial está pervertido de origen. No se trata de revertir los excedentes
de nuestros beneficios, lo que nos sobra, sino de compartir lo que tenemos para
construir colectividades sociales más justas e igualitarias. Una formación
humanista en valores, en justicia social, difícilmente nos permitiría convivir
con el drama del Mediterráneo, con los indigentes que habitan los bancos y
puentes de nuestras ciudades, con las carencias de nuestros vecinos en paro,
con los refugiados itinerantes sin rumbo fijo porque se les cierran las puertas
de nuestros hogares por temor al contagio. Nosotros empezamos cada año con las uvas y el cava. ¿Cómo y dónde empiezan
ellos? Igual que lo acabaron. No se sabe.
sábado, 2 de diciembre de 2017
me vuelvo al fútbol
Decididamente
me quedo con el fútbol. Es imprevisible en el juego y en los resultados. Es
dinámico, depresivo, patético y de nuevo magia y euforia. Todo en muy poco
tiempo. Nos revuelve los sentimientos, los estados de ánimo, nos cabrea solos,
con el mundo, con el vecino, con el jugador y con el entrenador, con el
presidente y con el Club… y nos reconcilia con todos a la vez. A veces somos
nosotros mismos y otras no. Todo transcurre en segundos. No hay nada que nos
sumerja más en tan poco tiempo en semejante torbellino de emociones.
He
seguido en los últimos meses, con mucha más atención que los años anteriores, todas
las jugadas del “proces”. Hasta el
punto de que el Athletic me resultaba secundario. He leído cientos de páginas
escritas y opiniones para todos los gustos. Todo era en blanco y negro. Hubo un
momento en el que desenlace me resultaba incierto. Veía movimientos en el
tablero sin que acertara a qué lógica podían obedecer. Mucha actividad de peones
alborozados, convencidos de la victoria de la causa que abanderaban.
Entretanto,
las figuras de los jugadores contrarios se adivinaban en actitud taimada. Pocos
movimientos pero sibilinos. Aparente tranquilidad que ocultaba las erupciones
volcánicas por llegar. La calma previa a la tempestad. Para mí todo era
incertidumbre, interés y dudas. Hasta que un movimiento de la figura del rey
hizo que comenzara una danza guerrera que movilizó toda la caballería y
artillería del monarca.
Ahí
se acabaron todas mis dudas. Una visión general de los contendientes en el
campo de juego arrojaba como resultado previsible una victoria por
aplastamiento. El alborozo de los peones contrarios empezó a zozobrar, la
voluntad de algunos de sus líderes empezó a quebrarse. Donde hubo organización
triunfó el desasosiego y lo que parecía estrategia mutó en desorden. Todo,
todo, todo… era previsible ya. Imposible la sorpresa del gol en el último
minuto.
Decidido.
Me vuelvo al fútbol con todas sus imperfecciones y toda su capacidad de alterar
emociones. Tiene magia, a veces negra y a veces blanca, que permite
intercambiar el rol de los protagonistas, desestabilizar lo previsible y dar
oportunidades al más débil. Cada minuto es un suspiro sin relación con el
siguiente.
Sí,
me vuelvo al fútbol, aunque por el rabillo del ojo sigo mirando a Catalunya.
Nunca se sabe lo que deparará el tiempo de descuento.
jueves, 2 de noviembre de 2017
una propuesta ciudadana
Nada más lejos de mi intención que
decirles a los responsables de las áreas culturales de Bilbao cómo hacer su
trabajo. Pero me aferro a esa nueva y sana moda de la participación ciudadana
en la gestión de las instituciones, aunque la última palabra la tengan estos
organismos. De ahí mi osadía para hacer una propuesta que posiblemente
enriquecería nuestro patrimonio cultural colectivo, socializaría aún más el
mundo del arte, sin tener que pasar por taquilla, y estimularía una dinámica de
calidad y dinamismo en la calle y entre
los ciudadanos, no sólo como reclamo para acceder a los museos sino como
espectáculo público y de ciudad en movimiento.
El Guggenheim alberga innumerables
obras de arte en su interior, programa exposiciones clásicas y vanguardistas y
nos acerca cada temporada grandes tesoros de la historia, de la creación
humana, de la genialidad de los espíritus rebeldes. Pero también existe un
continente majestuoso y soberbio que constituye por sí mismo una obra de arte
de carácter universal, reconocible y reconocido. Un gigante de titanio moldeado
por la necesidad de Bilbao de resurgir del polvo del hierro y la visión de un
genio que supo interpretar el paisaje, el carácter y el espíritu sensible y
aventurero de la villa. Un buque insignia sin el que Bilbao ya no sería lo
mismo. Tampoco el museo sería lo mismo si no estuviera en Bilbao.
Pero el Guggenheim tiene una serie de
satélites que por sí mismos, uno a uno, constituyen todo un universo creativo.
Nadie concibe el museo sin su perro guardián Puppy, amable con los visitantes,
sonriente, primaveral todo el año y posiblemente el photocall más colorido y solicitado
de Bilbao. Nadie escapa al imán de su encanto ni a la tentación de la foto.
Pero si Puppy custodia la entrada no es menos desdeñable la presencia de la
araña Mummy al borde de la ría. Esbelta, protectora, escurridiza y discreta,
refleja también un universo de sensaciones difíciles de trasladar a palabras
pero que reconfortan el espíritu.
Se han cumplido ya 20 años desde el
denominado “milagro”, que no es otra cosa que visión, compromiso, esfuerzo y
trabajo constante. Y en ese vigésimo aniversario hemos tenido la oportunidad de
deleitarnos durante cuatro días con lo que algunos llaman espectáculo y que
para mí es una obra de arte. Una obra de arte que a través de imágenes
dinámicas, armónicas, a veces transgresoras y por momentos fulgurantes, con un
lirismo envolvente y cautivador, ha dotado de vida a un edificio que expresa
mucho pero permanece inerte, varado en la propia ría. El Guggenheim merece
tener en su colección permanente ese universo de color y sonido que le dé, cada
día o cada semana, vida social exterior e interactúe con la ciudad. Esa es mi
propuesta ciudadana.
martes, 29 de agosto de 2017
miércoles, 2 de agosto de 2017
La “justicia” de la duda
Ya sé que no voy a ser políticamente
correcto, ni a favor de la corriente de los nuevos pensamientos que dudan de
todo y de todos. Aunque más que dudar diría que cualquier sospecha dicta
veredicto popular de culpabilidad. Hay cosas que me parecen tremendamente
injustas con algunas personas, con su valía profesional y con sus capacidades.
Hace unos años, la mujer de un
consejero del Gobierno ascendió a un puesto profesional de alta responsabilidad
en el Departamento que él dirigía. Llovieron las críticas por ser la mujer de…
De nada sirvió su titulación, su cualificación profesional reconocida por sus
propios compañeros, su trayectoria y su formación en una especialidad que ha
sido su profesión desde que entró en el mundo laboral y de la ciencia. Era la
mujer de… y hubo quien se encargó de propalar sospechas e infundios que
cuajaron, aunque la evidencia dijese lo contrario. Obvio los nombres pero no
con intención de ocultar sus identidades sino porque estarán hasta las narices
de salir en las tribunas políticas y en “los papeles” sin comerlo ni beberlo.
Hace un par de meses hicieron
director de orquestas de una comunidad al hermano de un conocido político
madrileño. Había hecho toda su carrera musical en Dirección de Orquesta en San
Petesburgo y tenía una trayectoria profesional impecable. Sentí la misma
sensación. Su caso se aireó públicamente sembrando sombras de duda. De sus
capacidades, ni hablar. Pasó de ciudadano anónimo, con su propia vida y
profesión, a ser el hermano de…, que no es otra cosa que sinónimo de sospechoso
de enchufismo.
Ahora pasa lo mismo con una
periodista de ETB que lleva treinta años de trayectoria profesional brillante y
contrastada. Va a ocupar un puesto de responsabilidad que ha ejercido en otras
ocasiones. Pero su marido es consejero del Gobierno y consiguientemente ya está
en las tribunas políticas y en los medios.
Entiendo que toda la caterva de
corruptelas y chanchullos que salpican la política genere zozobra, desconfianza
y hasta cabreo en los ciudadanos. Pero la ira nada tiene que ver con la
justicia ni se puede volver justiciera ante las sospechas. No puede ser que
alguien que ha dedicado toda su vida a formarse profesionalmente no deba
acceder a puestos que ronden la periferia de la actividad de cualquiera de sus
familiares, sólo porque a los ojos de los “dudosos” no es estético. Pues yo
tampoco soy estético, ni me visto a la moda para seguir la corriente. Me visto
como me gusta, como me da la gana, y creo en la valía profesional forjada a
través de años de esfuerzo y sacrificio. Me parece bien que para cualquier
puesto se busquen los méritos profesionales y que acceda el mejor, pero que una
relación de parentesco en ningún caso sea un demérito. Es una cuestión de
justicia hacia esa persona. Lo demás es una actitud carroñera.
lunes, 3 de julio de 2017
el vértigo de avanzar
Es
curioso ver cómo muchas veces a los grandes avances sociales y políticos les
suceden periodos de depresión que resituan las cosas casi en el punto de
origen. Curioso y preocupante porque suponen mucho esfuerzo para tan poco
recorrido. Desandar el camino siempre es desmoralizador y socava hasta la
entereza de los más convencidos.
La
Unión Europea a la que aspirábamos muchos está aquejada de una aluminosis
estructural galopante que amenaza con colapsar lo poco o mucho que habíamos
avanzado en ese espacio común. Se nos ha creado una conciencia de ciudadanía
pero no una nacionalidad. Las cautelas y recelos de los estados, la crisis
económica y sus consecuencias en los derechos sociales, nos abocan a ser eternos
aspirantes a conseguir ser “Los Estados Unidos de Europa”. Nuestras estructuras
son vulnerables a los caprichos de cualquiera de los estados que hacen
tambalearse a todo el sistema. Lo peor de todo es que estamos perdiendo en poco
tiempo mucho de los que habíamos avanzado en décadas con gran esfuerzo y tesón.
La reconstrucción de lo que había se me antoja una quimera.
Algo
parecido está sucediendo en los Estados Unidos de América. Lo poco o mucho que
se había avanzado en derechos sociales en la era Obama está siendo devorado por
la egolatría de un sicópata acaudalado, con prácticas nepotistas, que dirige al
país y al resto del planeta como si jugara al Monopoly con sus amigos. Creo que
nunca una nación tan grande ha tenido un cerebro tan pequeño, aunque ha habido
algunas aproximaciones.
Lo
dicho, cada vez que se avanza da la sensación de que a muchos ciudadanos les da
un ataque de vértigo y eligen a sus representantes para iniciar un regreso a la
situación anterior. Dos pasitos para adelante y dos pasitos para atrás.
Vistos
estos antecedentes en dos de las grandes zonas más poderosas del planeta me
está empezando a dar miedo lo que pueda suceder en el estado más pequeño del
mundo cuyos adeptos se cuentan por miles de millones: El Vaticano. Un estado
gobernado por Jorge Mario Bergoglio, Francisco, que está casi revolucionando
antiguos preceptos de la iglesia y abriendo sus puertas a muchos de los
derechos sociales que antes se negaban y ahora se asumen como parte de la vida
y de la libertad de sus feligreses. No creo que el aire social que está
impulsando este argentino de verbo pausado y conciencia de pueblo guste a
muchos de sus correligionarios. Le deseo muchos años de vida y confío en que no
le suceda otro Trump.
viernes, 2 de junio de 2017
“apartheid” subvencionado
Hay contradicciones sociales que no alcanzo a comprender por mucha ley
que las ampare. El Tribunal Supremo acaba de dictar sentencia a favor de los
colegios de enseñanza segregada y su derecho a recibir subvenciones públicas al
igual que cualquier otro centro de enseñanza concertada cuyo alumnado sea
mixto.
Parto del principio de que, desde mi punto de vista, si volcamos todos
los esfuerzos presupuestarios exclusivamente en la enseñanza pública esta
mejoraría sustancialmente y se reduciría sobremanera la diferencia de
resultados con el sector privado. Y no creo que esto cercenase el derecho de
los padres a elegir libremente el centro. Cada cual opta por lo que considera
mejor. Pero como otras cosas en la vida, se trataría de garantizar unos mínimos
dignos y competitivos para todos, sin que las opciones particulares detraigan
ni un euro del proyecto común y solidario.
No obstante, es una evidencia que hay centros privados concertados, pero
también lo es que en la mayoría de ellos no se separan a los alumnos de las
alumnas, sino todo lo contrario. Son integradores, enriquecedores para la
convivencia e impulsores de un sistema de igualdad y no discriminación que
todavía se resiste en nuestra sociedad.
Por eso no entiendo cómo esa sentencia puede casar con las políticas de
fomento de la igualdad que se realizan desde las administraciones, hasta el
punto de crearse hasta un ministerio para este fin.
Viví una experiencia similar en mis primeros años de juventud. Aunque en
el mismo centro, los chicos no compartíamos aulas con las chicas. El resultado
de este “apartheid” consentido y ahora subvencionado era que lo que pasaba en
las aulas se reproducía en la calle. Apenas convivíamos unos con otras. Afortunadamente
duró poco y se impuso la cordura.
No entiendo qué tipo de sociedad reflejan estos colegios ni qué valores
morales interiorizarán sus alumnos. Lo que se aprende y se vive en cualquier
centro de enseñanza debe servir como ejemplo de comportamiento en una sociedad
liberada de ciertos tics ultraconservadores y reaccionarios. Creo que es nocivo
para los propios alumnos y, por supuesto, para toda la sociedad porque aumenta
el sexismo y los estereotipos. Y esa no es la sociedad en la que viven, o al
menos en la que vivimos los demás.
Confío en que los recursos que se han anunciado ante el Tribunal
Constitucional restituyan el sentido común en nuestro sistema de enseñanza. Al
fin y al cabo, la Constitución consagra la no discriminación “por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o
cualquier otra condición”. Por el bien de los alumnos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
historia de una adopción
caminos sinuosos
Todos los caminos en la vida son sinuosos. No hay líneas rectas para avanzar porque los obstáculos surgen estratégicamente. La propia exis...
-
Sabemos que todas las épocas convulsas de la vida política y social han de llegar a un punto de sosiego y moderación porque la tensión p...
-
ESTO de los sistemas de enseñanza me trae a mal traer desde hace bastante tiempo. Soy de esos antiguos privilegiados que pasaron por parvul...
-
La verdad es que hay acontecimientos que nos desbordan nada más abordarlos. Todos creemos que tenemos una opinión razonada hasta que la cont...





