jueves, 1 de octubre de 2015

Parábola para mis hijos...
y los nuestros

Toda la elaboración y plasmación de las grandes teorías de pensamiento, las corrientes filosóficas, las religiones, monoteístas o no, responden al pensamiento exclusivo y “profundo” de unos pocos. Pero no tienen capacidad de socialización por sí mismas hasta que alguien con virtudes sintéticas las acaba sustanciando en un ejemplo práctico, una metáfora ilustrativa o una parábola, como en el evangelio. No es fácil llegar al corazón cuando es el cerebro el que ocupa todo el espacio. Y no hablemos de llegar al alma, esa entelequia escurridiza e intermitente que todo el mundo tiene pero nadie conoce. Es cuestión de fe.
Por origen y cultura tengo a las sagradas escrituras como el gran sonsonete de mi infancia y juventud. Metáforas que daban sentido a casi todo lo escuchado y recitado a lo largo de los casi treinta minutos de la liturgia.
Después, por formación profesional he aprendido a apreciar el valor y la permeabilidad que tiene entre la gente esta forma de explicar las cosas. El ejemplo, la parábola, la alegoría, la moraleja... me da igual el nombre.
Hace tiempo que aterrizo en casa muy tarde después de trabajar. Nuestros hijos están recogidos, se han hecho la cena y esperan a dar- nos las buenas noches para meterse a la cama. Creo que hasta ahí todo roza la normalidad más anormal que nos toca vivir: Con- ciliación divino tesoro, dónde estas?
Pero, algo se te cruza entre los pies, te mira fijamente y percibes que algo le pasa. Es Lukas, que apenas pesa dos kilos, es peluda y mimosa, siempre complaciente y compañera. Te mira y casi suplica, te acercas a su rincón y comienza a dar vueltas sobre sí misma. No tiene comida ni bebida, se han olvidado de ella y por su propia naturaleza no es capaz de satisfacer estas necesidades básicas. Le llenas los dos recipientes y has colmado su felicidad. No sé si mi perra piensa, por tanto ni siquiera sé si es inteligente o no, pero tengo claro cuándo sufre. Mi perra no es mi mascota, es parte de mi familia.
Todos tenemos en la vida circunstancias que nos rodean y a las que apenas atendemos, aunque sean necesidades vitales, dramas de los que los protagonistas no pueden salir sin ayuda. Mi familia es amplia y va mucho más allá de los idiomas, de las fronteras, de las ambiciones, de las guerras y de los tratados internacionales.

Una familia no la decide la legislación vigente. Shakespeare acuñó la duda metafísica del “ser o no ser”. Yo avanzo de forma más castiza que “se es o no se es”: allá cada cual con su cada quién. Como dijo el obispo de Solsona, todos los mayores que tengan du- das, que piensen y consulten con sus hijos, porque estamos decidiendo el futuro, y ése es de ellos.

sábado, 1 de agosto de 2015

Conceptos integradores

No es extraño que hasta la mitología griega tenga un dios consagrado a la fiesta cuya misión consistía en dar punto final a la preocupación y liberarle a uno de su ser normal mediante el vino, la danza y la música. Para algunos, el dios Dioniso provocaba la locura y el éxtasis. Evidentemente esto es mitología y no hace falta llegar a ese extremo, pero sí circundar su periferia, disfrutar y exaltar los valores lúdicos tan imprescindibles en un mundo acelerado y gozar de ese momento colectivo de expresión popular.
Estamos en un periodo estival moteado de festejos por toda la geografía vasca. Una carrera de relevos en la que unos pueblos pasan el testigo a otros y así sucesivamente hasta el equinoccio de otoño en el que el tiempo se va templando, las almas se sosiegan y la mesura y el orden se van adueñando de nuestro tiempo. Porque no todo es eterno, ni debe serlo. Pero no es bueno adelantar acontecimientos. No vamos a dar por cerrada la fiesta antes de que comience. Como dice una famosa locución latina “Carpe diem, tempus fugit”.
Este mes nos toca Bilbao. Una Aste Nagusia que migró de la periferia, de los barrios circundantes, hasta concentrar a todos en el centro de la Villa como una explosión de júbilo colectivo. La suma de esfuerzos, la unión de voluntades, la perseverancia y el ansia de compartir para crecer, crearon una Aste Nagusia que se reinventó hace más de cuarenta años. Ha sufrido tensiones y distensiones, ha llegado a ser símbolo de regeneración social, de integración y participación de movimientos populares e intereses colectivos. Se ha consolidado, ha mejorado y ha aportado mucho al acervo de la Villa.

Hoy sería bueno retrotraernos en el tiempo para dar un sentido homenaje a sus orígenes y responder con justa equidad a lo que hemos recibido, por todo lo que nos ha aportado. El propio alcalde, Juan Mari Aburto, recoge entre sus grandes preocupaciones y sus compromisos, dos conceptos integradores a los que hay que dotar de cuerpo normativo y cariño exquisito hasta que sean permeables a toda la ciudad: los barrios y la accesibilidad. Sí, esas radiales de Bilbao que alimentan y alientan a diario el centro, dan vida, hacen que la city palpite modernidad, negocio, arte y vanguardia.
Pero esas radiales, esos barrios que tienen vida propia, a veces son sólo donantes anónimos. No hay duda de que se atenderán sus necesidades básicas, pero después hay otras no menos importantes.
“Primum vivere deinde philosophari”. Necesitan una doble vía de accesibilidad. El centro no puede ser el becerro de oro al que todos vayan a admirar, debe irradiar todos esos conceptos de modernidad, fiesta y negocio hacia la periferia hasta fundirse en un todo donde Bilbao sea la ciudad y no el centro. Donde no haya ídolos paganos a los que seguir sino una ciudad compacta, amalgamada y homologada en cada uno de sus rincones y de sus habitantes. En ningún caso critico lo que hay, que es mucho y bueno. Simplemente reivindico lo que nos falta, que también es mucho y necesario.
No tengo dudas de que ése es el propósito del alcalde. Conozco su capacidad y su perseverancia para convertir sus propósitos en realidades. Sé que atenderá primero el “vivere” y luego el “philosophari” porque ambas cuestiones forman también parte de su forma de ser y sentir.

Las fiestas son una buena oportunidad para atender a los barrios y a su necesidad legítima de compartir protagonismo, y a un concepto abierto y circular de la accesibilidad. Quizá haya momentos en la vida en los que tengamos que anteponer el “philosophari” al “vivere”. Es una transgresión temporal e inocente de conceptos que puede ser el principio de algo diferente y justo.

miércoles, 1 de julio de 2015

No es país para “viejos”


Percibo desde hace años un proceso de mutación social que está transformando la cadena de responsabilidades. Nuestros antepasados daban por sentadas muchas cosas sin que nadie se cuestionara el porqué. Simplemente los padres se encargaban de los abuelos en una sucesión natural de responsabilidades que formaban parte intrínseca de su cultura. Era una ley de vida en cuya génesis y desarrollo no había intervenido ningún legislador. Obedecía a un instinto de supervivencia como especie.
El norte era el norte y el sur era el sur. El pan era pan y el vino era vino. Sin matices alambicados. Y así sucede aún en lo que algunos llaman las sociedades más “primitivas”, que es lo mismo que decir sociedades en las que el dinero y la “civilización” todavía no han fagocitado la cadena de apoyo intergeneracional.
Ahora las cosas no están tan claras. Está de moda lo transversal. Algo que abarca todo pero sin que nadie sepa dónde empieza, dónde acaba ni por donde transcurre. El dinero, la formación, la solvencia del individuo para llegar a ser autosuficiente y su capacidad de independencia han hecho con una ley natural lo mismo que Wert con la ley de Educación. Poner todo patas arriba. Es el triunfo del egoísmo. Hacemos nuestra memoria más selectiva para romper vínculos emocionales que nos hipotecarían nuestra proyección de futuro. Los que antes eran nuestro apoyo ahora son un lastre. Al fin y al cabo, para esa pagamos impuestos. Nos preocupamos de que sea el paternalismo institucional quien se ocupe de los que nos “roban” el tiempo y la libertad. Nos olvidamos de quiénes fueron y nos quedamos con lo que son. Ni sombra de lo que fueron. Pero siguen siendo ellos.
Afortunadamente hay muchas excepciones que dignifican la condición humana. Que no han abandonado ese “primitivismo” protector y responsable para sucumbir a la peor peste de cualquier civilización que es la de desentenderse de su mayores. Pero cada vez son menos.
Alabo la tarea que desempeñan las instituciones. Atienden lo material, las necesidades biológicas básicas. La ciencia avanza y aporta comodidades. Pero la ciencia no ha inventado ni inventará ningún sustitutivo del cariño familiar. Está claro que los oráculos no auguran buenos tiempos para las personas mayores. Aunque la ciencia siga empeñada en aumentar la esperanza de vida.
 

lunes, 1 de junio de 2015

Temerarios con calor humano

Tengo cierta debilidad por escribir sobre las atrocidades que cometemos como sociedad con otros grupos sociales y etnias diferentes a nosotros. El Mediterraneo, la xenofobia, la “aporofobia”, la explotación infantil, la violación de derechos humanos o las guerras inútiles, porque todas lo son.
No soy el único, pero casi todos predicamos ante un espejo social que refleja lo que escribimos pero lo proyecta frio, al revés y carente de calor humano. Por lo visto la injusticia repetida tantas veces genera hastío y hasta incomodidad hasta pasar a un estadio de indiferencia. A ningún ser humano le gusta que le digan las verdades a la cara aunque siempre nos empeñemos en afirmar lo contrario.
El nuevo Papa por lo visto es el único que tiene cierto predicamento sobre la conciencia del poder cuando dice con voz pausada y cara afligida algunas verdades que muchos repetimos a diario sin que conmuevan a nadie. Debe ser la relación de “poder a poder”.
El resultado es que la mayoría experimentamos una indignación pasiva momentánea y volvemos a la rutina de nuestro entorno inmediato. La rutina nos da seguridad. Es el parásito que el sistema ha generado en nosotros para primar lo práctico sobre lo emocional, sin sobresaltos ni aventuras temerarias. Cada uno en su escala social, porque esto es una sociedad estratificada por encima de la cota cero, y mucho más homogénea por debajo, en las catacumbas.
Pero hay que ser justo. No todos somos así. Hoy no quiero escribir sobre injusticas sino todo lo contrario. Hay gente valiente, temeraria, que sí desprende calor humano, que cruza a diario las fronteras de su mundo para adentrarse en los pozos sociales y ayudar a subir a todo el que puede. Están entre nosotros y no llaman la atención ni son famosos ni tienen poder. Tienen corazón, voluntad, conciencia social y coraje. Son los voluntarios anónimos, las ONGs, ciudadanos y ciudadanas en solitario o agrupados que se rebelan ante el parásito del sistema, que miran en vertical para construir un mundo más horizontal por encima de esa cota cero. Vaya desde aquí mi reconocimiento a todos ellos.
Como decía “Gabo”, Gabriel García Márquez, “un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, para ayudarle a levantarse”.
Entre tanto, el resto a lo suyo.

viernes, 1 de mayo de 2015

Mediterráneo, “Mare Nostrum”

Es difícil de explicar lo que está sucediendo en el Mediterraneo, pero mucho más comprender que se tolere. El “Mare Nostrum”, esa confluencia de mundos, “bazar” de intercambio comercial y cultural entre los pueblos, nexo de unión de civilizaciones y creencias, se ha transformado en un cementerio de sueños e ilusiones, en una fosa colectiva alimentada por los turoperadores de la muerte.
Decenas de miles de árabes y subsaharianos, mujeres, hombres y niños, se aferran todos los días a cualquier cosa que flote para abrazar la ilusión de llegar a las costas de Europa, sin saber muy bien a qué pero siendo muy conscientes de lo que huyen. Aunque luego el tesoro sea de oropel.
Las mismas aguas que Homero hizo surcar a Ulises, en las que se narra la épica de su salida y retorno a Ítaca, las que navegaron sumerios, asirios, hititas, griegos, fenicios, romanos y egipcios, las que sirvieron de travesía para forjar la interculturalidad y el intercambio de civilizaciones, se han convertido por nuestra desidia, y para nuestra vergüenza colectiva, en un corredor de la muerte.
Sabemos por los testimonios de los escasos supervivientes que en la última oleada detectada han sido más de ochocientos los muertos. Ha cundido cierta sensación de alarma entre los gobiernos europeos y los estrategas se han puesto manos a la obra y han ideado un plan quirúrgico. La conclusión es que hay que destruir todo lo que flota en las costas de África para que nadie se “embarque” en esas travesías tan peligrosas.
Y lo peor de todo es que ni siquiera saben qué hacer con los pocos que ya están dentro. Las imágenes me resultan patéticas. Veo personas estabuladas “atendidas” por personal con mascarilla y buzos blancos.
Veo rostros temerosos con ojos inertes imposibles de escudriñar, bloqueados por una experiencia infernal. Ahora muchos conviven con nosotros. Y algunos les quieren limitar hasta sus posibilidades de subsistencia.

Todo esto pasa en el Mediterráneo, donde muchos de nosotros veraneamos. Una cuna de civilizaciones que hemos reconvertido en el Guantánamo de Europa. Lo que allí sucede es mejor no saberlo, no atiende a leyes ni a razones económicas ni humanitarias.

miércoles, 4 de febrero de 2015

el año del ilusionismo


TODOS los procesos electorales son como una carta a los reyes magos, pero al revés. Son ellos quienes nos ofrecen tantas cosas buenas y bonitas que nos reactivan la candidez infantil, nos perturban la rutina y nos hacen soñar que todo no es un sueño. Este año 2015 va a ser como el gordo de Navidad porque todo está muy repartido. Va a haber listas de cosas buenas para hacer en todos los ayuntamientos, comunidades autónomas incluidas Cataluña y Andalucía y hasta vamos a tener elecciones generales. Nadie se va a quedar sin sus correspondientes “regalos”. Y además ni siquiera vamos a tener que ir nosotros a recoger caramelos a la cabalgata. Van a venir ellos a nuestros pueblos y barrios, a nuestros buzones, a nuestras casas, y hasta utilizaran todas las nuevas tecnologías de la comunicación. Además de los medios tradicionales a los que se les paga por anunciar todo lo bueno que está por llegar.
Es una sensación abrumadora. El mundo cambia. Son quince días en los que el paro tiene solución, la economía va a crecer de forma exponencial, saldrán viviendas como setas, para todos y a precios asequibles; los jóvenes y sus capacidades encararán su futuro con dignidad… Hasta las familias entrarán en fase happy y los ancianos serán tratados como sabios venerables. Me atrevería a decir que hasta el enanito gruñón de Blancanieves lucirá la más afable de sus sonrisas. Y todo esto, sucesivamente a lo largo de todo el año.
Pero claro, luego hay que saber con qué lista de regalos te quedas. Porque las ofertas son muy diferentes y no concurrentes. Están los prometedores clásicos, a los que ya conoces y sabes perfectamente el porcentaje de gatillazos que tienen de anteriores contiendas; están los agresivos y extremistas que quieren romper lo que hay y alumbrar un nuevo mundo en el que seamos casi todos clónicos ideológicamente, sin matices; están los minoritarios que llevan treinta años con la misma cantinela y tienen un auditorio cada vez más diezmado porque siempre han sido los mismos, y están los emergentes, que se han puesto de moda y funcionan por simpatía.
Curiosamente todos son reyes magos. Y ahí está la trampa. Los magos no hacen magia ni milagros, hacen ilusionismo que no es otra cosa que el arte de producir efectos que hacen parecer realidad lo imposible. Yo por si acaso me quedo con mis juguetes viejos. Y si puedo pedir algo… que cumplan lo que ya había prometido.

jueves, 1 de enero de 2015

las voces del desarraigo


SÉ que la juventud es un bien a proteger y un patrimonio común con el que nos jugamos nuestra propia supervivencia como sociedad. Porque sin ellos no hay futuro y sin futuro no pintamos nada aquí. Hay una gran preocupación por el empleo de nuestros jóvenes, por el retraso inevitable que ello conlleva a la hora de materializar sus proyectos de vida, por la incertidumbre que acecha su porvenir y, en consecuencia, por la sostenibilidad del propio sistema.

Recuerdo hace muchos años en un viaje de trabajo a Argentina, entonces el país más inflacionista del mundo, que una de las cosas que más me llamó la atención fue la convivencia perversa entre la pobreza extrema y unos ciudadanos con un nivel cultural y educativo muy elevado. El grado de frustración y desapego que impregnaba la convivencia, a pesar del nivel de formación o quizá por eso, estaba generando un magma social muy próximo a la erupción. Muchos de sus ciudadanos hablaban de la situación del país en tercera persona, desde la distancia y la desafección. Eran las voces del desarraigo, de la impotencia, del distanciamiento con el lugar y la situación en la que estaban condenados a vivir. Un divorcio entre pueblo y poder, fuera político o económico.

Llevo tiempo percibiendo una sensación similar entre nuestros jóvenes y los no tan jóvenes. Nuestra cohesión lleva camino de convertirse en una desconexión. Hay mucha formación y poca ocupación. El presente nos ciega el futuro y la distancia es cada vez mayor. Estamos en un presente continuo que no avanza, y lo que no avanza no prospera, languidece y se va marchitando.

O ligamos el presente y el futuro a los jóvenes, a sus proyectos de vida, a su empleo y a su desarrollo integral como personas o nos iremos consumiendo como sociedad hasta parecer una broma de lo que podíamos haber sido.

sábado, 1 de noviembre de 2014

tiempos de aflicción política y económica


Estamos viviendo unos tiempos de aflicción política y económica que no pronostican sino el preludio de una nueva concepción de entender la res publica. Una nueva concepción que está adquiriendo cuerpo entre los ciudadanos y cuyos cimientos están enraizados en la desconfianza, la desesperación y el hartazgo por los comportamientos de algunos facinerosos, crueles y desconsiderados con la ciudadanía. Algo similar está ocurriendo con las entidades bancarias en las que depositábamos nuestros pequeños ahorros, abríamos la cartilla de nuestros hijos y acudíamos religiosamente cada mes para ponerla al día y tener por escrito el montante de nuestro pequeño tesoro.
En los primeros depositábamos nuestra confianza para gobernar, y en los segundos nuestros ahorros para que los gobernaran.  Salvo los descreídos a perpetuidad, esos listillos que abundan en todas las comunidades, nadie dudaba de que nuestros votos y nuestros dineros estaban a buen recaudo.
Nuestros propósitos de mejora social,  unos ahorros con vocación de estabilizar nuestro futuro, unas aspiraciones de mejora laboral, y la esperanza de dejar un mundo mejor que el que habíamos heredado, se han ido al traste. Hemos pasado de ser la generación que se alimentó de la capacidad de trabajo y sufrimiento de nuestros padres, la que emergió como clase media acomodada, a ser la generación de los sueños rotos. La soberbia o la inconsciencia de pensar que todo era trigo no ha hecho sino desestabilizar el futuro de nuestros hijos.
No pienso que todos los políticos o los banqueros sean de la misma calaña, pero los que han sido, han sido tan poderosos en su alevosía que han acabado por hundir a un país y arrastrar los sueños de sus millones de ciudadanos a un pozo de incertidumbres sin fondo.
Mantengo la confianza en que este proceso de desinfección política, de saneamiento de las cloacas del poder corrupto, lleve a todos los responsables primero, a la cárcel, que es su hábitat natural, y en segundo lugar, al vertedero de la historia, que es donde se depositan los detritus de la sociedad.
Parecía que en el cargo iba la decencia.
Pues va a ser que no. Hay que comprobar primero la decencia y decidir después si se les concede la confianza del cargo. Que hay muchos que se la merecen porque actúan con decencia, aunque esa faceta la oculte y la contamine el comportamiento de los sinvergüenzas.

Solidarios con concertina


ME cuesta pensar que muchos colectivos sean excluyentes con otros por cuestiones de nacionalidad, credo, o color de la piel; que les quieran anular con esas tapaderas puramente aleatorios su condición de personas, sus necesidades básicas de subsistencia o la escolarización y la sanidad de los niños, simplemente porque “no son los nuestros”. De otra manera no se entiende esa actitud cainita de los grupos ultras que están proliferando en todo Europa cuya única misión es romper los pequeños lazos de solidaridad que hemos establecido, frente a las grandes desigualdades que alimentamos y toleramos en el resto del mundo.
Si los magrebíes, africanos o asiáticos están lejos, no les preocupan. Y si están cerca se ocupan de que se vayan a base de negarles el pan y la sal. Eso sí, todo disfrazado de solidaridad selectiva, todo sólo para los de casa, poniendo a este concepto y valor universal unas concertinas como las de las vallas de Ceuta y Melilla.
Pero esas cuchillas de nombre tan sonoro sólo sirven para atrincherar conciencias, no para frenar las necesidades ni paliar los efectos del egoísmo exacerbado, del barro moral en el que nos está sumiendo esta crisis. Son grupos ultras que hacen el trabajo sucio a los ideólogos del bienestar selectivo, los mercaderes de los mercados financieros, del selecto grupo de los adinerados, pudientes y poderosos clanes que creen en las clases sociales y las quieren proteger como una gran reserva espiritual y económica, frente a la miseria moral y la hambruna del resto de los mortales. Gente de fe y esperanza, que arrinconan la caridad porque cuesta dinero.
Estos movimientos que ahora crean bancos de alimentos sólo para la población autóctona, los pobres nacionales, son los mismos que antes rociaban de gasolina y quemaban a los mendigos, a los sin techo “nuestros”, a los que se veían obligados a dormir en los cajeros automáticos de las entidades bancarias.
Todos en la vida atravesamos encrucijadas y a veces no tenemos opción de elegir destino. Si alguna vez me toca ser emigrante o mendigo, de esos que llaman “los nuestros”, por favor que alguien me libre de la solidaridad de estos cretinos. Que me ayude una ONG de Bangladés que me trate como a un ser humano.

historia de una adopción

caminos sinuosos

Todos los caminos en la vida son sinuosos. No hay líneas rectas para avanzar porque los obstáculos surgen estratégicamente. La propia exis...