Algunos pensábamos que el mundo había dado un pequeño paso adelante con
la elección en Estados Unidos de un presidente demócrata negro. Ocho años de
mandato con algunos avances y muchas promesas incumplidas. Incluso se le
concedió un premio Nobel prematuro porque le compraron la piel antes de que
cazara al oso. Pero bueno… algún avance sí que ha habido. Nos quedaba la
esperanza de que el giro copernicano que se parecía barruntar entre el
electorado norteamericano llevaría a una mujer a la Casa Blanca. Dos hitos que,
de consumarse, hubieran desterrado prejuicios machistas y racistas muy
arraigados en una sociedad con vitola de conservadora. Porque, no nos
engañemos, nos importa más quién Gobierna los Estados Unidos que la presidencia
del Consejo de Europa.
Pero no ha sido así. Los únicos que han acertado contra todo pronóstico
han sido los guionistas de los Simpson. Hace ya años que hicieron a Donald
Trump presidente de los EE.UU. en algunos capítulos más memorables. Ahora me da
miedo pensar en esa visión premonitoria. Tengo que recuperar esos capítulos
para ver cómo discurre la trama y recordar a qué dedicaba el personaje sus
ocurrencias. Como se parezcan algo a lo que ha anunciado que va a hacer sólo
nos queda pensar en “la que se avecina”.
Porque ese personaje rubicundo con laca, impostado, ignorante y faltón
ya se ha cargado de un decretazo la reforma sanitaria de Obama; ha dado la
orden de construir otro muro de la vergüenza en toda la frontera con Méjico y amenaza
con retirar fondos federales a las ciudades y pueblos que sean permisivos con
los inmigrantes sin papeles. Por no hablar de la que está liando con los
tratados internacionales de comercio que tienen los Estados Unidos con medio
mundo mientras se mofa de las medidas contra el cambio climático. Y creo que
todavía no ha hablado mucho de intervención en conflictos bélicos, aunque el
traslado de la embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén algo apunta.
Me estoy empezando a dar miedo a mi mismo recordando todas estas cosas,
pero ya es tarde para desistir. Me vienen a la cabeza sus declaraciones de los
últimos meses contra todo y contra todos y no soy capaz de destilar nada bueno.
Cuando no menosprecia a las mujeres, por poner algo suave, se mete con los
homosexuales, desprecia a los inmigrantes de países árabes, llama delincuentes
a los mejicanos… en fin. Estados Unidos: intolerancia año 0.
Si esta es la que se avecina, “aquí no hay quien viva”.
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